Las lágrimas acamparon en la derrota mirando la legítima celebración española en la final del Mundial de Futbol 2026. Lionel Messi observaba a sus parciales con la inmensa tristeza de no haber coronado con éxito su último baile. Este revés no será óbice para impedir su podio entre los más grandes del balompié. Toda su trayectoria está llena de lauros que lo han convertido en una figura legendaria de la cual se hablará por generaciones. La magia de su zurda es la magnanimidad de la poesía, un ser con la capacidad electrizante de hacer que el balón responda a sus designios de una manera asombrosa. En ese embrujo estratosférico están sus extraordinarias estadísticas que lo colocan en el cenit de la eternidad deportiva. Su carrera tiene capítulos imborrables que se guardan en la memoria como un testimonio de lo que significa una historia que seguramente, al cruzar el umbral, inspirará a las nuevas generaciones. Con mucha dignidad caminó entre los victoriosos jugadores españoles para recibir la medalla de plata; un guerrero como él no bajó su cabeza; por el contrario, avanzó llevando el peso de una nación que en ese mismo instante estaba invadida por la tristeza. Las tribunas del MetLife de Nueva Jersey lo aplaudieron sin distinciones de nacionalidades. Treinta y nueve años compitiendo al mejor nivel; hoy no se pudo realizar la pretendida hazaña. La Roja logró un funcionamiento tan extraordinario que desactivó todos los planes; el juego asociado no carburó; esta vez el contrario fue muy superior y tenemos que aceptarlo.
El fútbol se hizo distinto desde que Lionel Messi apareció en aquel inolvidable Barcelona. Paralelamente, fue encontrando caminos en la selección albiceleste desde juvenil hasta este mundial. Los títulos llenaron sus espacios en una suerte de marcha triunfal por los distintos escenarios y situaciones.
Esa lánguida mirada llena de lágrimas nos recordó la escena cuando el técnico José Néstor Pekerman lo dejó en el banco en el Mundial del año 2006. Atónitos quedaron todos en el estadio Olímpico de Berlín cuando la joven promesa observaba el horizonte con la misma tristeza de estos veinte años después. La curvatura deportiva lo exaltó de manera providencial hasta el punto de acompañar su crecimiento deportivo.
Los que amamos este deporte queremos seguir viéndolo en un campo de juego. Su grandeza tendrá siempre un lugar preponderante entre los elegidos.
@alecambero

