pancarta sol

Las consecuencias del desbloqueo estrecho de Ormuz y el problema de la inflación subyacente

 

Ciudadanos iraníes pasan junto a una gran valla publicitaria con la imagen del difunto líder supremo iraní, el ayatolá Ruhollah Khomeini, y del líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, en una calle de Teherán.

 La desescalada añade vigor a la economía pero no resuelve el problema de inflación subyacente.

El acuerdo de alto el fuego entre EE UU e Irán que prevé la liberación del cuello de botella de Ormuz, aporta un respiro a la economía mundial al tiempo que relaja el clima de incertidumbre que ha pesado sobre el consumo y la inversión. Son todavía muchas las incógnitas que rodean el memorando de entendimiento, por su provisionalidad y por estar sujeto a la buena voluntad de todos los actores relevantes en una región conocida por su inestabilidad. Sin embargo, el espectro de una crisis energética duradera parece haberse alejado.

La economía española parte de una dinámica favorable ante la mejora del contexto internacional, pero tiene deberes pendientes. El más inmediato es la inflación: la perspectiva de una normalización del tráfico marítimo por el Golfo ha aliviado los precios energéticos, pero la inflación todavía tardará unos meses en volver a la senda anterior a estallido de la guerra, ya que el shock de precios seguirá propagándose a través del tejido productivo. Además, la retirada de las rebajas fiscales sobre los combustibles supondrá un incremento de la tasa de inflación de entre ocho y nueve décimas porcentuales. Y, sobre todo, España arrastra un problema de inflación subyacente —descontando los componentes que son la energía y los alimentos frescos—que entraña una pérdida de competitividad frente a los socios de la zona euro.

El otro desafío es estructural. De momento el crecimiento prosigue, o incluso da señales de aceleración. Algunos indicadores de coyuntura, como las ventas de grandes empresas o la afiliación, apuntan a un avance vigoroso de la actividad en el segundo trimestre (el consumo de las familias, sin embargo, muestra una cierta atonía, probablemente por la pérdida de poder adquisitivo que conlleva las subidas de los carburantes y sus efectos en cascada en otros precios).

Estas buenas sensaciones pueden obedecer a causas transitorias —y por tanto reversibles, lo cual prefigura una desaceleración en el tercer trimestre— como el adelanto de los pedidos realizados por las empresas ante el riesgo de escasez de suministros provocado por el conflicto en Oriente Próximo. De manera similar, el repunte de las altas a la Seguridad Social puede ser puntual, por estar reflejando la regularización de personas inmigrantes que ya estaban trabajando en la economía informal.

Si el ciclo expansivo resiste es también por factores de fondo, cuya permanencia, no obstante, depende del acierto de la política económica. Destacan el tirón de la construcción y del turismo. Menos visible, pero más significativo, es la revolución silenciosa de los sectores de servicios no turísticos, sin los cuales no se puede explicar la capacidad de la economía española para capear las calamidades que se han ido sucediendo en el último lustro. Estos sectores han ganado cuota de exportación, arrojando el año pasado un saldo exterior del 2,5% del PIB, casi el doble que antes de la pandemia. Este resultado, que no tiene parangón entre las grandes economías europeas, se debe principalmente al auge de las actividades ligadas a las plataformas digitales, que engloban los servicios de tecnología, consultoría empresarial, finanzas y logística.

Sin embargo, los servicios de mayor valor añadido, como los de propiedad intelectual, muestran un déficit que delata la brecha de productividad que arrastra la economía española. Por otra parte, la irrupción de la IA puede alterar la ventaja competitiva de los servicios digitales españoles: mucho va a depender del esfuerzo de inversión, de mejoras de gestión empresarial y de capacitación que realicen las empresas del sector.

Con todo, el acuerdo en Oriente Medio disipa la amenaza de un shock energético prolongado y alienta las perspectivas de crecimiento en el corto plazo. Pero no resuelve el riesgo de pérdida de competitividad de los sectores más pujantes, como los servicios digitales. Para consolidar los avances, será necesario abordar la cronificación de la inflación subyacente y el débil comportamiento de la productividad.

Raymond Torres – El País de España

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
Tradución »