Es posible que la designación de Dinorah Figuera como interlocutora de la Casa Blanca ante el interinato de Delcy Rodríguez haya sorprendido a más de uno, pero en política nada es descartable cuando se intenta avanzar hacia acuerdos concretos que beneficien a las partes en pugna. Es un giro en la estrategia estadounidense para avanzar en el proceso de transición democrática que se inició a partir del 3 de enero del presente año con la extracción de Maduro.
Es evidente que el pragmatismo estadounidense pretende avanzar en la hoja de ruta que se planteó con las tres fases (estabilización-recuperación-transición) al colocar en la escena pública a una figura moderada, sin liderazgo popular, pero que presidió la Asamblea Nacional electa en 2015, la cual es la última instancia reconocida legítimamente por la comunidad internacional. Ella, además, le permitió a los Estados Unidos conducir formalmente su política exterior y el manejo de activos en el extranjero.
La misión que viene a cumplir Figuera, después de 8 años de exilio, es garantizar un CNE creíble con la designación de nuevos rectores electorales. Esto se traduce en la necesidad de promover un proceso electoral transparente y competitivo, lo que va a requerir voluntad política y tiempo. Por ahora, la interlocutora de Washington coordina encuentros de alto nivel en Caracas con el encargado de negocios de Estados Unidos, John Barret, y Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional oficialista.
La nueva estrategia estadounidense, desde nuestra óptica, tiene dos lecturas clave: 1) Mostrar a las fuerzas opositoras, liderada por María Corina Machado, la necesidad de avanzar en un diálogo claro y transparente con el régimen bajo una figura no controversial y de bajo perfil político y 2) Advertir al ala radical del chavismo hasta donde es capaz de atreverse la administración de Trump para que se concrete un proceso de reinstitucionalización del país.
Hasta ahora estamos en pleno desarrollo de los acontecimientos donde la incertidumbre sigue marcando las agujas del reloj. El liderazgo de Maria Corina es indiscutible, pero tiene muchos detractores que tratan de frenar su protagonismo en las negociaciones. Ante ese cuadro es evidente que la Casa Blanca hará todo lo que sea necesario para avanzar en su hoja de ruta.
En un primer momento, para sorpresa de muchos, la estabilidad política la logró al dejar a Delcy como encargada de la Presidencia. Ahora, con miras a acelerar la recuperación económica y evitar el malestar general, necesita estimular a los grandes inversionistas foráneos con seguridad jurídica plena. Por ende, debe aligerar reformas legales y para ello requiere de figuras que sean digeribles para el entendimiento y negociación. Dinorah Figuera es una de ellas, aunque no goce de liderazgo social. Por supuesto, estará de la mano con María Corina.
En fin, los gringos han decidido dar un giro a su estrategia y apostar a un proceso de diálogo político enfocado en lograr cambios de mayor alcance con una iinterlocutora, sustentada en el reconocimiento de la Asamblea Nacional del 2015 para destrabar el conflicto político y dar pasos significativos a la relegitimación de los poderes públicos. Así de pragmática es la política y debemos recordar que todo proceso transicional no logra sus frutos de la noche a la mañana, aunque resulte deseado por los ciudadanos.

