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Froilán Barrios: Mundial de futbol, política y vida cotidiana

 

No cabe duda de que el futbol es el más universal de los deportes, esto lo podemos corroborar cuando observamos la composición de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), esta registra oficialmente 193 Estados miembros, además de estos estados la organización cuenta con otras 2 entidades con un estatus especial.

Por otra parte, la FIFA cuenta con 211 asociaciones nacionales afiliadas distribuidas en seis confederaciones continentales. Esta cifra es superior a la cantidad de estados soberanos reconocidos por la ONU, ya que la FIFA permite la participación independiente de territorios y naciones constitutivas.

Si nos referimos al impacto en la población mundial las cifras oficiales de la Encuesta de la FIFA superan los 270 millones de jugadores organizados. Además, se calcula que existen hasta 1.000 millones de personas que lo practican con regularidad o de manera casual. En cuanto a su base de seguidores, el fútbol se mantiene como el deporte rey, con más de 3.500 a 4.000 millones de aficionados de los 8.000 millones habitantes del planeta.

Como veremos la copa mundial 2026 tal como ha sucedido con las anteriores producirá un efecto de atención mayúsculo, incluso para mi superior al causado por las Olimpiadas, agregando que por primera vez participarán selecciones de 48 países, las cuales jugarán en 3 países diferentes en el continente americano: México, EE. UU., Canadá.

En otras ocasiones por su prestancia planetaria ha conllevado a que gobiernos autoritarios y dictatoriales hayan intentado manipular, utilizar e influir históricamente en la Copa Mundial de Fútbol, como una herramienta de propaganda para legitimarse y mantenerse en el poder, y de esta manera explotarlo políticamente.

Los casos más notorios los registra la historia, inicialmente con Benito Mussolini en 1934 con la celebración de la II da. Copa del mundo, al aprovechar el dictador fascista el torneo para proyectar fervor nacionalista y exhibir la supuesta superioridad de su régimen, luego en Argentina 1978 durante la Junta Militar de la dictadura de Jorge Rafael Videla, quien usó el campeonato mundial como una enorme vitrina de propaganda internacional, para ocultar ante la opinión pública extranjera las sistemáticas violaciones a los derechos humanos y las desapariciones forzadas, lo que ocasionó la formalización de una campaña de boicot al evento.

Más recientemente en Rusia 2018 con el dictador Vladímir Putin, este utilizó el acontecimiento para impulsar el orgullo nacional y proyectar al exterior la imagen de una potencia moderna y amigable, intentar suavizar tensiones geopolíticas previas, originadas por la invasión rusa y el asalto a Crimea territorio de Ucrania en 2014, y finalmente en Catar 2022 ante la pretensión de esta monarquía del golfo pérsico de lavarse el rostro a través del deporte, con el objetivo de ganar influencia global y desviar las críticas sobre los derechos laborales y civiles en el país.

Es evidente que esta ocasión en el contexto de un mundo lastrado por las cruentas guerras de Rusia contra Ucrania, las del Medio Oriente y el impacto devastador sobre las condiciones de vida de miles de millones de personas en todo el planeta, el evento significará un alivio temporal ante la tragedia universal de los conflictos bélicos que generan profundas heridas en la humanidad.

Aun así, el futbol resume el fervor de multitudes de todos los continentes, específicamente para América Latina es una tradición cultural y una alegría disfrutarlo, para los estadounidenses una novedad de acercarse al deporte más universal del planeta. Para los venezolanos es la sensación de la tarea nacional incumplida a lograr en la próxima cita, cuyo recorrido nos ha determinado apoyar a otras camisetas hasta que la Vinotinto también haga el grado de mundialista

Luego de transcurridas las seis semanas de fragor futbolero, con el desenlace de la partida final la selección triunfadora festejará, y el mundo volverá a su trágica realidad, como reza el epitafio de la canción del laureado poeta catalán Joan Manuel Serrat: Se acabó, el sol nos dice que llegó el final, por una noche se olvidó que cada uno es cada cual. Vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta.

Movimiento Laborista

 

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