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George Gershwin y la ciudad como música, por Emilio Figueredo

 

Hay compositores que pertenecen a una tradición. Y hay otros —muy pocos— que crean un lenguaje. George Gershwin fue uno de ellos.

Su música no distingue entre lo clásico y lo popular porque, sencillamente, no lo necesita. En ella conviven el jazz, la ciudad moderna y la tradición europea sin conflicto, como si siempre hubiesen formado parte de un mismo mundo.

Se cuenta que, consciente de sus limitaciones técnicas, Gershwin acudió a Igor Stravinsky para pedirle lecciones de composición. Stravinsky, después de escucharle, le respondió que no tenía nada que enseñarle. No era una cortesía: era el reconocimiento de que Gershwin ya había encontrado algo que no se aprende —una voz propia.

Este recorrido reúne dos de sus grandes obras orquestales y algunas de sus canciones más perdurables. No para demostrar nada, sino para recordar que, a veces, la música simplemente encuentra su forma y permanece.

Rhapsody in Blue – Berstein.

 

The man I love – Billie Holiday.

 

Embraceable You – Ella Fitzgerald.

 

Fascinating Rhythm – Dianne Reeves.

 

An american in Paris – Bernstein.

 

Summertime – Janis Joplin.

 

Someone to Watch over me – Chet Baker.

 

But not for me – Chet Baker.

 

They can’t take that away from me – Ella Ftgerald Louis Armstrong.

 

Emilio Figueredo

Emilio Figueredo – Analitica.com

 

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