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Paola Bautista de Alemán: Para la democracia, demócratas unidos

 

Entre pragmatismo, transición y democracia, propone debatir cómo convertir la unidad en una herramienta efectiva para abrir espacios de libertad y acercar al país a elecciones realmente libres.

omenzaré esta breve reflexión con tres premisas que pueden guiar al lector. No sin antes advertir que son ideas abiertas a la reflexión y al desarrollo de los acontecimientos. No pretendo tener la verdad sobre ningún asunto y mi intención es contribuir al necesario debate que nos convoca a todos.

Primero, nuestro proceso político es inédito y complejo. En ese sentido, las experiencias de transición del siglo XX son una referencia necesaria, pero insuficiente para comprender las dinámicas actuales y orientar eficazmente al liderazgo político. Este momento exige mayor esfuerzo de comprensión, creatividad y disposición para el trabajo común.

Segundo, el tres de enero cambió el tablero político y las dinámicas de poder. Estados Unidos empleó la fuerza que los venezolanos no quisimos o no pudimos ejercer. Se llevaron a Maduro y abrieron una relación de tutelaje con el país.

“We are going to rule the country”, dijo el presidente de Trump horas después de la Operación Resolución Absoluta. Ese tutelaje aplica a todos, a Delcy Rodríguez y a nosotros. Por eso, la pregunta que nos debemos hacer es cómo vamos a gestionar esta dura, pero innegable realidad.

Hay distintas visiones sobre este particular. Compartiré la mía, sin ánimo de comprometer a nadie. Opino que debemos construir una relación de cooperación que permita alinear la agenda de quienes se llevaron a Maduro con la de quienes queremos democracia para el país. Hacia allá debemos orientar nuestros esfuerzos.

Tercero, el gobierno interino de Delcy Rodríguez es capaz de cambiar su comportamiento bajo estímulos de fuerza. Todo parece indicar que, quienes quedaron en el poder después del 3 de enero, no quieren democracia para Venezuela y su obediencia irrestricta a la administración Trump busca crear condiciones que le permitan mantenerse allí.

Sin embargo, en esa carrera de supervivencia, también han demostrado que son capaces de flexibilizar espacios y ceder todo, menos el poder central. Estos meses hemos aprendido que la presión de Estados Unidos es capaz de modificar parcialmente su comportamiento. Por eso, me parece que nos debemos preguntar: ¿Cómo podemos aprovechar esa dinámica para avanzar hacia el destino deseado?

Establecidas las tres premisas iniciales para esta reflexión -proceso complejo, nuevo tablero político y sistema capaz de flexibilizarse- compartiré su idea central: la unidad de los sectores democráticos debe ser para avanzar hacia la democracia. 

Sin duda, la unidad de los sectores democráticos es un asunto relevante, bien valorado por los venezolanos y por la comunidad internacional. De hecho, no en pocas oportunidades se ha señalado a la dispersión de nuestras fuerzas como la culpable de nuestros naufragios.

Voy un paso más allá. Tal como se perfilan las cosas en nuestro país, el proceso de cambio político exigirá una unidad electoral de los sectores democráticos durante un largo período. Todo indica que el chavismo seguirá siendo una fuerza política activa y que continuará compitiendo. Por eso, será nuestro deber organizarnos y trabajar para impedir que vuelva a ganar una elección.

Junto a esa realidad, hay otra que la complementa y que resulta clave en este momento: la necesidad de abrir el sistema que se busca reformar. Si la autocracia no muestra señales reales, verificables y sostenidas de flexibilización, volveremos a chocar una y otra vez con el mismo muro de terror que enfrentamos el 28 de julio de 2024, ahora reforzado por la presencia de quienes tutelan el proceso.

Por eso, quiero -y debo- decir lo siguiente: en el momento político actual,la unidad de los demócratas es condición necesaria, pero insuficiente para avanzar hacia la libertadNecesitamos construir una unidad que sea capaz de abonar a la flexibilización de quienes tienen el poder. 

Debemos ser audaces y flexibles. Resilientes. Corresponde impulsar y liderar una unidad política que permita a Estados Unidos configurar escenarios que logren la flexibilización del gobierno interino de Delcy Rodríguez y, de esa manera, para avanzar hacia la democracia. Por eso, la unidad de los demócratas será útil – o no – a nuestros fines en la medida en la que se alinee con quienes nos tutelan y disuada a quienes se aferran al poder.

Soy consciente del malestar que puede generar esta reflexión y, muy especialmente, la idea anterior. A mí también me inquieta y me preocupa. Nos corresponderá procesar este momento en nuestra historia. Y quizás un primer paso en esa dirección sea precisar, desde ahora, que el principal responsable de esta tesitura es el chavismo-madurismo.

También advierto que esta incomodidad compartida puede ser una señal de que estamos frente al camino correcto. Ninguna transición es sencilla y ningún proceso de cambio profundo ocurre sin tensiones, renuncias y malestares. Últimamente, me repito a modo de jaculatoria republicana aquella conocida frase del Don Patricio Aylwin: “No tuvimos la transición que quisimos, sino la que pudimos”.

Por eso, reitero la idea central de este breve artículo y agrego una consideración adicional: No son tiempos de inmovilismo, sino de creatividad y audacia política. Este proceso exige una coalición práctica y confiable. Urge claridad estratégica: ¿Qué es lo que conviene? Lo que nos lleve a elecciones justas, libres y transparentes. ¿Qué es lo que no conviene? Lo que nos aleje de ese objetivo.

En ese camino, seguramente corresponderá tomar decisiones que no nos gusten. Quizás, llegamos al esperado momento de “tragar sapos”. Muy probablemente no tendremos la transición que soñamos, sino la que podamos. Por eso, quizás nuestra labor como demócratas es aceptar el menú que proponen quienes nos tutelan, agriárselo a los Rodríguez y edulcolárselo a los venezolanos.

Hoy más que nunca, el destino está en nuestras manos.

 

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