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Ismael Pérez Vigil: De León a León

 

Rerum Novarum a Magnífica Humanitas.

Magnifica Humanitas, la recién promulgada encíclica del Papa León XIV, es mucho más que un análisis y una advertencia sobre la Inteligencia Artificial (IA) y el desarrollo tecnológico actual; para empezar, es una pieza de una secuela iniciada por otro León −el Papa León XIII− con la encíclica Rerum Novarum, que despliega su historia a lo largo de ciento treinta y cinco años y la conforman, por lo menos, quince encíclicas −dieciocho para mí− y algunos documentos fundamentales del Concilio Vaticano II, todos esos documentos juntos conforman la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), que es el verdadero sustrato de la encíclica de León XIV.

El impacto que ha causado la encíclica no se puede ignorar y es difícil referirse a ella sin caer en lugares comunes y repeticiones; por eso, alejándome de la pretensión de ser original, mi intento será dar a conocer y divulgar su historia −a partir de León XIII− y hacer una síntesis, destacando y resumiendo sus hitos fundamentales, hasta llegar a León XIV y su Magnifica Humanitas.

Papa León XIV

El inicio.

Aparte de las enseñanzas de Jesucristo y sus sucesores inmediatos y a lo largo de los primeros años del cristianismo −la era patrística− y durante la era medieval hasta el siglo XIX, en la Iglesia Católica (Iglesia, de ahora en adelante) siempre ha habido una preocupación por los pobres, los más desamparados, los menos favorecidos por la riqueza y el desarrollo; pero lo que podríamos llamar la era moderna de lo que hoy conocemos como la DSI se inició en 1891 con la publicación de la mencionada Rerum Novarum, de León XIII. Dada su importancia, me referiré brevemente al ambiente político y social que le tocó vivir a este poco conocido Papa.

Los treinta últimos años del siglo XIX fueron muy convulsos para Europa, Italia y el papado. A principios de los años 70 en Europa, fue derrotado Napoleón III, proclamada la Tercera República en Francia y unificada Alemania, cuando se proclamó el Segundo Reich con Guillermo I como emperador, y emergía el país como potencia europea. En 1870, bajo Víctor Manuel II se unificó Italia, en medio de grandes desigualdades regionales entre norte y sur, con predominio de economía agrícola sobre el sector industrial, muy débilmente desarrollado en comparación con otros países europeos; se proclamó a Roma como capital, lo que atrajo innumerables emigrantes en busca de oportunidades. El Papa Pío IX, en conflicto intransigente con el nuevo régimen, al que no reconoció, debilitando así la autoridad del reino y entorpeciendo la integración social; el Papa se encerró en el Vaticano, considerándose “prisionero”, durante los últimos ocho años de su vida y prohibió a los católicos participar en política, situación de conflicto que duró hasta los acuerdos de Letrán (1929) con Mussolini. Ese fue el ambiente político y social que recibió al nuevo Papa, León XIII, que merece destacar algunos de sus rasgos biográficos más característicos y los de su pontificado.

León XIII (1878-1903)

Vicente Joaquín Pecci, para la época un anciano de 68 años, asumió el papado en 1878 con el nombre de León XIII, en lo que se esperaba fuera un corto período de transición −dada su delicada salud−, que sin embargo se prolongó por veinticinco años. Falleció con 93 años. Fue uno de los períodos papales más largos de la historia. Como cardenal en Perugia se dio a conocer por un par de cartas pastorales, dirigidas a sus feligreses entre 1877 y 1878, poco antes de ser elegido Papa, en las cuales se mostró partidario de la armonía con la cultura moderna y al mismo tiempo inflexible en cuanto al tema del poder temporal del papado, pues pensaba que esa fuerza temporal era imprescindible para que la Iglesia ejerciera con entera libertad su función espiritual, pues pensaba que la influencia de la Iglesia no debía ser solo en materia espiritual, sino, también en la vida social. Excepto en Italia, en donde inexplicablemente mantuvo la política de su antecesor, de que los católicos no podían elegir ni ser elegidos, en los demás países instó a los católicos a integrarse políticamente en los sistemas y regímenes de sus respectivos países, incluso en aquellos que no concordaran con los ideales cristianos, para influir en ellos desde adentro, apoyándose en el “pueblo soberano” como decían la mayoría de las constituciones de esa época. Y de la nuestra.

Esa invitación constante a los católicos a participar se basaba en su convencimiento de que la autonomía y libertad de la Iglesia dependía más de la vitalidad y fuerza de los católicos, que de la actividad directa en política y llevó al surgimiento de partidos y movimientos sociales de inspiración católica: Acción Católica, Democracia Cristiana y otras. Para León XIII, como ya dije, la misión de la Iglesia no era solo la salvación de las almas, sino también involucrarse en la vida social. León XIII, según algunos de sus biógrafos, estaba convencido de que los creyentes y no creyentes debían unirse, obviamente en gobiernos conservadores, para cerrar el paso a los más radicales, sin entrar en disputas religiosas o confesionales, aceptando la pluralidad y sobre todo preocupándose especialmente por los obreros, cuya presencia, pensaba, rejuvenecería a la Iglesia.

León XIII, de carácter frío, muy metódico y trabajador, fue especialmente prolífico en materia de encíclicas y documentos, con un total de ochenta y seis encíclicas de muy variados temas, pues uno de sus objetivos fue también centralizar en el Vaticano la prédica y difusión de la doctrina y la moral; pero, de todas esas encíclicas, la que sin duda fue su obra más importante y la más conocida, que abrió a la Iglesia las puertas a la promulgación de su doctrina social, fue la Rerum Novarum, que adelantó el siglo XX a lo que era la Iglesia del siglo XIX, una Iglesia prácticamente al margen de la vida social.

Rerum Novarum

Fruto de la interacción de este Papa −con calificados intelectuales de organizaciones políticas, sociales, de universidades y sindicatos− fue esta encíclica, promulgada en 1891. No contenía en realidad propuestas novedosas o que no fueran materia corriente de los grupos cristianos involucrados en las actividades políticas y sindicales; pero fue importante que el Papa lo dijera y fue el primer documento oficial de la Iglesia dedicado a evaluar el impacto social del desarrollo económico de la época, la industrialización; y por supuesto, su impacto sobre la clase obrera. La encíclica condenaba por igual al socialismo y al liberalismo, preservando la propiedad como derecho natural, pero, subordinándola al bien común y resaltando su papel en lo que después se llamó su “función social”; reconoce el papel del Estado, como promotor del bien común y la prosperidad pública y privada, pero despojándolo del absolutismo social del Estado liberal; condena la lucha de clases, pero también las inhumanas condiciones laborales y reconoce el derecho del trabajador a un salario justo, a sindicalizarse y organizarse en defensa de sus intereses.

Secuela de encíclicas sociales

Entre la Rerum Novarum de León XIII y la Magnifica Humanitas de León XIV, los Papas de la Iglesia Católica promulgaron 13 encíclicas más, dedicadas al tema social, que constituyen la base y desarrollo de la DSI. Estas encíclicas, después de la Rerum Novarum y antes de Magnifica Humanitas, resumidas, ordenadas por año de publicación y el Papa que las promulgó, fueron:

1.  Cuadragesimo Anno (1931). Pío XI.  Conmemora los cuarenta años de la Rerum Novarum, analiza el orden social y económico en medio de la crisis del capitalismo liberal y de los totalitarismos. Profundiza en la justicia social, pronunciando por primera vez en un documento papal ese concepto; critica la concentración del poder económico y propone un orden social más justo, orientado al bien común y presentando una solución cristiana, como modelo alternativo; profundiza los principios de la Rerum Novarum y en el concepto de subsidiariedad, pilar de la DSI.

2. Divini Redemptoris (1937). Pío XI. Se dirige contra el comunismo ateo y sus efectos sociales y políticos. Rechaza la ideología comunista por negar a Dios y por su impacto en la libertad humana, la familia y la sociedad.

3. Mit Brennender Sorge (1937). Pío XI. Primer documento oficial de la Iglesia no escrito en latín, sino en alemán, denunciando el nacionalsocialismo y su choque con la fe cristiana, que fue leído en todas las iglesias alemanas el 21 de marzo de 1937. Critica el racismo, el culto al Estado y la subordinación de la persona a la ideología totalitaria.

4. Mater et magistra (1961). San Juan XXIII. Aborda la cuestión social en una etapa de industrialización, desarrollo y desigualdad global. Amplía la doctrina social a escala internacional y trata acerca del salario, la agricultura, la propiedad y la cooperación entre naciones.

5. Pacem in Terris (1963). San Juan XIII. Aunque es una encíclica sobre la paz, tiene una fuerte dimensión política y social, pues fórmula derechos y deberes humanos, pide un orden internacional justo y llama a la paz fundada en la verdad, la justicia, el amor y la libertad.

6. Populorum Progressio (1967) San Pablo VI. Trata el desarrollo de los pueblos y las desigualdades entre naciones. Sostiene que el desarrollo debe ser integral y solidario, no solo económico, y vincula pobreza, justicia y cooperación internacional. Después de la Rerum Novarum, esta es probablemente la encíclica papal más influyente del siglo XX, a la cual dedicaré unos párrafos más adelante.

7. Octogésima Adveniens (1971). San Pablo VI. Aborda urbanización, desigualdad, ideologías y compromiso político cristiano. Llama a los cristianos a discernir problemas sociales concretos y a actuar con responsabilidad en la vida pública.

8. Laborem Exercens (1981). San Juan Pablo II. Se centra en el trabajo humano. Afirma la primacía del trabajo sobre el capital y la dignidad del trabajador como sujeto, no como instrumento.

9. Sollicitudo Rei Socialis (1987). San Juan Pablo II. Revisa la situación del desarrollo y el subdesarrollo. Critica las estructuras de pecado, la desigualdad internacional y pide solidaridad entre los pueblos.

10. Centesimus Annus (1991). San Juan Pablo II. Conmemora los cien años de la Rerum Novarum. Reflexiona sobre el capitalismo, el comunismo ya caído y la economía de mercado, subrayando la dignidad de la persona y el bien común.

11. Cáritas in Veritate (2009). Benedicto XVI. Trata del desarrollo humano, la economía y la globalización. Vincula caridad y verdad, critica el economicismo y propone una economía al servicio de la persona y de los pueblos.

12. Laudato Si’ (2015). Francisco. Es una encíclica social y ecológica sobre la “casa común”, que denuncia el deterioro ambiental, la cultura del descarte y la relación entre crisis ecológica y pobreza.

13. Fratelli Tutti (2020). Francisco. Tiene una dimensión política, social y económica muy fuerte. Rechaza el individualismo, propone fraternidad universal, diálogo, amistad social y una política orientada al bien común.

Otras Encíclicas

Hay otras encíclicas que, si bien no trataron directamente el tema social y económico, se las incluye como parte de la DSI porque lo que trata está, evidentemente, relacionado con el tema social, la justicia, los derechos humanos; etcétera; estas encíclicas son:

1. Summi Pontificatus (1939). Pío XII. Se publica al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Defiende la unidad del género humano, la dignidad de la persona y la paz frente a los totalitarismos y la guerra.

2. Evangelii Gaudium (2013). Francisco. Primera encíclica de este Papa, llama a transformar la Iglesia en una que salga al encuentro de los pobres, promoviendo la participación activa de los laicos, que combinen espiritualidad con compromiso social; critica la autocomplacencia y la “tiranía del mercado”, la especulación, la desigualdad, que excluyen a los pobres; concluye instando a evitar polarizaciones y se centra en la misión común de anunciar el Evangelio.

3. Dilexit Nos (2024). Francisco. Aunque es más espiritual que económica y social, también tiene implicaciones sociales al poner el amor de Cristo como base de una humanidad compartida. Presenta el corazón de Jesús como centro de la vida cristiana y fuente de renovación interior y social.

Conclusión

En la próxima entrega me referiré a algunas de las encíclicas enumeradas, los documentos del Concilio Vaticano II, fundamentales para la DSI −que también resumiré−, y concluiré con Magnifica Humanitas de León XIV. Quienes tengan interés en consultar las encíclicas y documentos citados, les recomiendo este vínculo: Enciclicas Papales

Politólogo

 

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