(En memoria de Carlos Rangel, ensayista venezolano).
Hemos vuelto a refugiarnos en la lectura del libro “Del buen salvaje al buen revolución”, escrito por el ensayista venezolano Carlos Rangel y publicado en mayo de 1976 por Monte Ávila Editores. En esa obra el autor desmonta la cultura mitológica que se ha sembrado sobre la identidad y la cultura política de Latinoamérica para justificar su rezagado desarrollo como región.
El autor reflexiona en torno a esa andanada de relatos inducidos por grupos populistas que buscan victimizarnos, argumentando que el subdesarrollo regional se debe a la colonización europea. Con estético lenguaje, lleno de metáforas, dice que nos vamos a encontrar con una arraigada narrativa ideológica “para intentar excusar o enmascarar el fracaso relativo de Latinoamérica, hija del Buen Salvaje, esposa del Buen Revolucionario, madre predestinada del Hombre Nuevo”.
De acuerdo a Rangel el “Buen Salvaje” es el mito que simboliza al indígena y al hombre primitivo americano como seres puros originales en el paraíso terrenal, quienes fueron corrompidos por la colonización europea. En cambio, el “Buen revolucionario es la evolución de ese mito en nuestros tiempos, representado por el “hombre nuevo”, de estirpe justiciera, que no es evaluado por sus resultados o su contribución a la prosperidad del pueblo, sino por su pureza ideológica y su aparente lucha contra el imperialismo capitalista. Esa falsa narrativa responde a un plan de los grupos populistas para manipular al pueblo y aferrarse al poder.
Es una mitología revolucionaria que trae pobreza, mesianismo y autoritarismo. Sus adláteres nos han hecho creer que el “Buen Salvaje” es una mezcla de orgullo y vergüenza. La predica falsa se resume en: Aunque somos descendientes de los conquistadores y del pueblo conquistado, seremos herederos de Túpac Amaru, descendiente de los Incas quien el siglo XVIII sublevó a los indios contra el Virrey del Perú. “De esta manera el Buen Salvaje se transforma en el Buen Revolucionario, el redentor, aquél por quien el Nuevo Mundo debe dar a luz al Hombre Nuevo que esta Tierra Prometida lleva en su vientre; Che.
No obstante, Rangel crítica ese falso discurso que se cuela en nuestro tejido social. “Esa sociedad ‘revolucionaria’ no ha encontrado el camino. Ni con la descolonizacion ni más tarde ha logrado ser una comunidad moderna, dinámica, racional. Habiendo rechazado y destruido las estructuras del Imperio español, no supo darse otras que fueran estables y más o menos humanas. La historia del siglo XX prolonga la contradicción original de Latinoamérica. Sigue rebotando entre las falsas revoluciones y las dictaduras anárquicas, entre la corrupción y la miseria, entre la miseria y el nacionalismo exacerbado”.
El libro explaya, además que esa idea romántica del Buen Salvaje al Buen Revolucionario le ha hecho mucho daño a la forma de pensar de nuestros pueblos para avanzar a nuevos senderos de desarrollo. Se ha intentado echarle la culpa al mercado de los males que vivimos, mientras las naciones se empobrecen diariamente y los ciudadanos pierden la libertad en manos de regímenes totalitarios. El pasado 3 de mayo, la obra arribó a cincuenta años que salió a la luz pública en español. El momento que vive Venezuela y toda América Latina es crucial para releer este vigente ensayo de un venezolano que fue satanizado en su tiempo por discípulos de Marx, Lenin y Fidel, quienes desde el poder han sembrado miseria a buena parte de la humanidad.

