La reciente visita del encargado de Negocios americano a dos centros hospitalarios de Caracas, para comprobar la llegada de los suministros médicos enviados desde los Estados Unidos, añade un elemento para visibilizar el lastimoso cuadro de la salud en Venezuela. Sirve, además, para recordarnos que estamos ante un problema que requiere no solo un esfuerzo circunstancial por parte del gobierno, y sí, al contrario, la urgencia de abordarlo como un problema nacional de primer orden. Sirve, por último, para el desmontaje de la equivocada tesis que sostiene que la Casa Blanca solo tiene interés en extraer de su incursión en Venezuela un provento petrolero.
La preocupación por hacer algo útil para el país encuentra muchas vertientes. Una de ellas es, sin duda, la de la salud. Más allá de los diagnósticos y de las estadísticas, no suficientemente conocidos por la mayoría, está la constatación diaria del deterioro generalizado de la salud, del estado de la asistencia médica, del abandono de las instalaciones, de los costos vinculados al cuidado de la salud, de las deficiencias en medicamentos y equipos, de la pérdida de profesionales en el sector.
Según recientes estudios de Encovi y de la Encuesta Nacional de Hospitales (ENH) el sistema de salud venezolano se encuentra en una fase crítica de descapitalización operativa. La combinación de deserción profesional, desinversión en infraestructura, ausencia de datos oficiales y una gobernanza desestructurada, estiman los investigadores, ha creado una brecha de atención que afecta a millones de personas con necesidades de salud. El sistema de salud venezolano opera bajo una centralización asfixiante que ha erosionado la capacidad de respuesta regional. Según el ENH, el desabastecimiento de insumos básicos en emergencias ronda el 37%, mientras que en quirófanos la cifra asciende a 74%. El 68% de los hospitales públicos reporta fallas persistentes en el suministro de agua y 40% presenta interrupciones eléctricas semanales que afectan unidades de cuidados intensivos.
En el campo de la salud pública, más que en muchos otros, se impone el compromiso y la acción conjunta de los gobiernos y de la ciudadanía. Respondiendo a esta urgencia, más de una institución ha expresado su voluntad de ser parte de la solución. El camino para hacerlo pasa obviamente por el análisis, la evaluación de la magnitud de la tarea, la formulación de objetivos, la definición de programas, la búsqueda de los medios para sostener su viabilidad. La iniciativa discutida en el seno del IESA encaja en esta línea de acción. Su propósito es animar acercamientos para discutir las necesidades del sector salud, cuyo financiamiento, como se ha comprobado ya, no podrá ser logrado por apoyos o contribuciones coyunturales, sino por la recuperación de una economía vigorosa que permita sostener presupuestos adecuados para atender con dignidad que las necesidades del sector.
Con el objetivo de construir una agenda técnica mínima, priorizada y fiscalmente realista, el IESA propone impulsar un proceso de discusión multisectorial sobre las necesidades para el funcionamiento del sector salud en Venezuela. La propuesta parte de la premisa de que la conversación sobre salud debe ir más allá del diagnóstico general y organizarse en torno a mecanismos modernos de deliberación, evidencia comparable, reglas claras de participación y productos concretos para la toma de decisiones. El resultado esperado es una hoja de ruta técnica de corto, mediano y largo plazo que permita ordenar prioridades y servir como insumo para autoridades, equipos de gestión, organizaciones de la sociedad civil, el sector académico y los entes de cooperación internacional.
La situación del sector salud en Venezuela exige una discusión estructurada que combine perspectiva de salud pública, análisis institucional y viabilidad financiera. La persistencia de brechas en acceso al sistema de salud, infraestructura, talento humano, abastecimiento, información sanitaria y capacidad resolutiva obliga a construir acuerdos mínimos sobre todos estos aspectos. Urge formular recomendaciones, definir programas, detectar vacíos o deficiencias y qué puede hacer la sociedad para cubrirlos, todo dentro de un plan consensuado, creíble y sostenible.
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