Se ha anunciado la renovación del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), un paso crucial en el proceso de reinstitucionalización y rescate del estado de derecho en nuestra patria. Desde que el TSJ fue controlado por la delincuencia organizada que asaltó el poder en Venezuela, ha funcionado como una oficina jurídica del PSUV, legitimando las violaciones de los derechos constitucionales de la sociedad venezolana.
El TSJ ha validado expropiaciones, legalizado robos de elecciones y aprobado leyes anticonstitucionales, violando todos los procedimientos establecidos para favorecer a los jerarcas que manejan el poder. Por ello, es fundamental que estemos alertas y que hagamos una campaña de vigilancia rigurosa para asegurar que los nuevos nombramientos en el TSJ sean realizados por profesionales que cumplan con los requisitos establecidos en la Constitución y en la Ley Orgánica del TSJ.
Las universidades, la academia de Ciencias Jurídicas, la Conferencia Episcopal, los medios de comunicación, los colegios de abogados y toda la ciudadanía democrática deben declararse en emergencia y crear un comité de vigilancia. Además, es necesario incidir en la escogencia o designación de los magistrados. Esto podría lograrse si los postulantes son evaluados en base a sus méritos académicos y personales, permitiendo que se realice una preselección ante la opinión pública. Dejar en manos de las fracciones políticas de una Asamblea Nacional con un déficit de legitimidad sería un gran error.
Es vital activar un mecanismo de control ciudadano para garantizar que el TSJ esté integrado por verdaderos juristas con los méritos exigidos, asegurando así la independencia del poder judicial. Debemos ser vigilantes de este proceso, ejercer presión y defender la Constitución. Los juristas que aspiren a formar parte del TSJ deben tener clara conciencia de nuestras expectativas, realizar una preselección y apoyarnos en los mejores.
El poder judicial es un pilar fundamental de cualquier sistema democrático. Su autonomía e independencia son esenciales para garantizar el cumplimiento de la ley y el respeto al orden constitucional. Un poder judicial que actúa sin presiones externas es capaz de proteger los derechos fundamentales de los ciudadanos y asegurar que todos, sin excepción, estén sujetos a la misma ley.
Numerosos pensadores han enfatizado la importancia de una sana administración de justicia. Veamos algunas afirmaciones relevantes:
1. Montesquieu, en “El espíritu de las leyes”, establece que “hay un poder que limita al poder”, resaltando la necesidad de un poder judicial que actúe como contrapeso frente a los otros poderes del Estado.
2. Alexander Hamilton, uno de los padres fundadores de Estados Unidos, afirmó que “la independencia del poder judicial es el mejor guardián de la libertad”, subrayando su función protectora en el mantenimiento de un orden democrático.
3. Simón Bolívar, nuestro Libertador, dejó claro su pensamiento sobre la justicia: “La justicia es la reina de las virtudes republicanas, y con ella se sostiene la libertad”. Bolívar entendía que un sistema judicial fuerte y justo es esencial para construir una república sólida y libre.
La transición hacia una democracia plena en Venezuela requiere un poder judicial que no solo sea autónomo e independiente, sino que también esté integrado por los mejores juristas del país. Esto implica:
– Selección basada en méritos: Los miembros del poder judicial deben ser seleccionados en función de su conocimiento, experiencia y compromiso con la justicia, no por lealtades políticas o intereses particulares.
– Transparencia y rendición de cuentas: Es crucial que el proceso de selección y las decisiones del poder judicial sean transparentes y estén sujetos a la rendición de cuentas ante la sociedad civil.
– Protección de derechos: Un poder judicial independiente es capaz de proteger los derechos de los ciudadanos, garantizar el debido proceso y actuar como defensor de la Constitución.
La construcción de un poder judicial autónomo e independiente es indispensable para la consolidación de la democracia en Venezuela. Solo a través de un sistema judicial fuerte podremos garantizar el respeto a la ley y los derechos de todos los ciudadanos. Es un deber cívico exigir un poder judicial que actúe con integridad y justicia, asegurando así la transición hacia una democracia plena.

