Imagino que los izquierdistas rabiosos deben haber quedado con ojos “desorbitados” al ver la recepción que dio China al presidente Trump. No recuerdo en mi larga vida, haber visto, nada igual. Además de diplomática, la recepción, fue una evidente muestra de afecto hacia el presidente y por supuesto, al país que representa. No piensen, menos crean, que fue un acto diplomático más; no se tanto de China, como otras personas, sin embargo, sobre este tema me atrevo a explicar lo que pasó y el significado, más allá de lo formal, de la bienvenida.
Los interesados en el tema, deben recordar la histórica visita a China del presidente Nixon, narrada “in extenso” por el gran Henry Kissinger. (Sin duda un extraordinario Secretario de Estado) Estamos hablando de 1970, todavía vivo el presidente Mao. Había lanzado la consigna: “Qué 100 flores se abran, que compitan 100 escuelas ideológicas”. Lo que se proponía: una trampa terrible, para conocer a sus enemigos en el campo de la cultura. Antes propuso “El Gran Salto adelante”, más bien un salto atrás, ocasionando de las hambrunas más terribles en la historia de la humanidad con una mortandad impresionante. En medio de la crisis que vivía el país, se reiniciaron las relaciones diplomáticas. Hay una única diferencia: Taiwan, Taipei o Formosa, como la quieran llamar. Nunca está, ni estará en discusión, mucho menos negociación. Es de la República China, no hay discusión sobre eso y punto. En todo lo demás hay flexibilidad, sin cambiar en nada su cara sonriente.
En 1976, en mayo, de lo que hace ahora 50 años, fuimos invitados a visitar China, quien escribe, Adolfo L. Herrera E. y nuestra hija mayor, Marianella. He narrado extensamente este hecho.[1] No obstante, retomo el tema, por el interés que despierta. En una ciudad al norte de Pekín, llamada Harbin, (no recuerdo si se escribe así) una zona de producción petrolera, a donde fuimos invitados por venir de un país petrolero. Vimos y nos enteramos de cuestiones sorprendentes. Lo primero, no se veía una torre de petróleo, menos balancines por ninguna parte. Explicaron: están escondidos para evitar un ataque aéreo. ¿Ataque aéreo? Nos extrañó eso y más, cuando informaron que iríamos a una tienda, una zapatería. Aceptamos sin vacilar, ellos dirigían la visita. Junto a un mostrador destaparon un enorme hueco escondido detrás; parecía parte del mostrador: fuimos invitados a entrar. Nos asomamos, vimos una escalera, una especie de sótano. Bajamos, caminamos. Era un túnel, bastante amplio y alto. Adolfo cuya estatura era de 1.95 metros de alto, podía caminar, sin bajar la cabeza. De inmediato nos mostraron: una ciudad subterránea. Vimos escuelas, hospitales, calles, super mercados, de todo lo que se puede una imaginar. Cruzaban los túneles personas en bicicletas. No salíamos del asombro. Como ocurría siempre, al final nos invitaban a tomar te y conversar sobre lo visto. Estaba asustada, era obvio que se preparaban para la guerra atómica. Compulsivamente pregunté: “¿Para cuándo esperan el ataque de los Estados Unidos?” Intercambiaron miradas, de inmediato contestaron: “No esperamos un bombardeo atómico de las Estados Unidos sino de la Unión Soviética; nos preparamos para enfrentarlos”. No se pueden imaginar los lectores, ¿o, sí? nuestra sorpresa ante la afirmación contundente. Conocían las intenciones de los soviéticos, de sus líderes: acabar con la revolución China, invadirlos y someterlos. Fue la visión de los chinos. Impactados por esa información, no dijimos nada. Posteriormente, nos entrevistamos con un alto personaje del gobierno y del Partido Comunista Chino: confirmó el hecho. ¿Por qué los chinos veían como amigos a los norteamericanos y enemigos a los soviéticos? Preguntamos, insistimos, queríamos saber. La respuesta resultó impactante: “Vemos a los norte-americanos como amigos. Cuando Japón invadió China, durante la Segunda Guerra Mundial; el presidente Mao todavía seguía en la “Larga Marcha”, al ocurrir la invasión japonesa la situación se volvió difícil. Es en ese momento que, los norteamericanos lanzaron 2 bombas atómicas: en Hiroshima y Nagasaki, obligando a Japón a rendirse. Se salieron de China.” Continuó: “Nos hicieron un gran favor. Nunca olvidamos eso. Somos agradecidos”. Cada vez que pueden demuestran su amistad por los Estados Unidos. Acaban de dar un gran golpe propagandístico: no hay duda. Se trata de las dos super potencias que gobiernan el mundo: China y USA. Ni Rusia, tampoco la Unión Europea, son consideradas como super potencia.
Sorprende a muchos la conducta de los chinos. He insistido: ellos se interesan por occidente, mientras desde occidente no hay el mismo interés por ellos. Grave error. He observado entre mucha gente, discriminación hacia los chinos. ¿Auspiciada por la prohibición de entrada a nuestro país a comienzos del siglo pasado? Los chinos son gigantes en todos los sentidos: en población, en cultura, en política, como científicos, investigadores y tecnócratas, entre otras posibilidades. También capaces de instrumentar terribles torturas y violencia. La competencia entre ellos, atroz: cada puesto, cargo, becas, trabajo o posición, se disputa entre millones de seres, destacarse requiere de la máxima excelencia. Mao prohibió creer en Confucio y Menco, grandes maestros de lo espiritual y lo moral. Ahora, el dinero es su Dios. Con capacidad e inteligencia volverán, a buscar la dimensión espiritual que las locuras de “Mao” (genio y malvado) contribuyó con la posibilidad de transformarlos en una gran nación como lo merecen, fue un líder, asesino, pedófilo y cruel. ¿Cómo hacer con los seres humanos? Contradictorios, incongruentes, sabios, inteligentes, buenos y malos, también. ¡Dios nos ayude a comprender y aceptar! ¡También nos ampare de esos genios del mal! Agradecidos, al menos son, no olvidan los gestos en su favor.

[1] De Regreso de la Revolución, de mi autoría. Caracas. 2015.

