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Víctor Rodríguez Cedeño: La traición y el final de un proceso en Venezuela

 

El proceso revolucionario iniciado por Chávez en 1999, expresión más pura del autoritarismo y de la barbarie política, comienza su fase terminal en medio de traiciones y ajustes de cuentas. Un chavismo sin Chávez dio paso a un madurismo aún más corrupto e ineficiente y tras la captura de su líder, cabeza de una estructura criminal transnacional, surge bajo tutelaje consentido un rodrigato, que lejos de significar un cambio, aunque se aleje por conveniencia y en apariencia de los postulados revolucionarios, resulta una simple renovación o reacomodo, tan ineficaz y corrupto como sus predecesores.

El grupo bajo tutelaje consentido, dirigido por los hermanos Rodríguez-Gómez, es parte de la estructura de poder criminal que dominó al país los últimos 25 años. El mismo que cometió crímenes de lesa humanidad y participó en los más graves actos de corrupción jamás vistos en Venezuela y más allá. A pesar de mostrar una falsa fortaleza, el interinato es cada vez más débil. No solo como grupo dependiente de un poder externo, sino internamente, como un grupo que ha traicionado los postulados de la revolución, como lo gritan los llamados chavistas originarios como Elías Jaua, Mario Silva y Freddy Bernal, entre otros marginales.

La entrega al imperialismo, muestra de la traición más pura a sus postulados, es la mejor evidencia del final del proceso. Sobrevivir es la consigna. Solo aliándose al enemigo de una vez podrán correr unos meses para organizar la salida de la mejor manera que, en todos los casos, no excluirá la rendición de cuentas ante la justicia y la cárcel que merecen.

La traición entre ellos y el pase de facturas ordenadas por Washington es la regla de hoy. La detención de algunos empresarios vinculados al clan Maduro-Flores, la separación de Tarek William Saab, el supuesto maltrato a Tareck el Aissami, la extradición del testaferro de Maduro y principal testigo en el proceso de Brooklyn, Alex Saab; la destitución de Padrino y el marginamiento de Cabello evidencian que la supervivencia prevalece y que los que se coloquen en la acera del frente o los que no interesen al proceso de cambio serán removidos, perseguidos y desterrados.

Sin embargo, el futuro del rodrigato es incierto. Saben que tienen los días contados. Por ahora cumplen instrucciones y se traicionan entre sí, hasta que se (auto) desmantele el aparato criminal y se abra paso a la transición que los venezolanos esperamos se inicie cuanto antes, con la organización de un proceso electoral que garantice la estabilidad y la seguridad en el país.

Lo importante es que el nefasto periodo que se inició con el golpista Hugo Chávez, padre y principal responsable de la destrucción del país, está llegando a su final. Un proceso que nunca tuvo una guía ideológica, aunque se aproximaran al marxismo en sus inicios, construido más bien sobre una organización criminal que se enriqueció; como nunca antes un grupo delictivo transnacional lo había logrado

En medio de este esperado final, los chavistas originarios se sienten traicionados, los pocos pesuvistas que quedan también, los que se enriquecieron y pensaron en la eternidad del proceso también sufren de la traición sin compasión.

El fin llega, pero no es suficiente pues la justicia y la cárcel esperan a quienes cometieron crímenes horribles como los que hemos visto y seguimos viendo bajo el interinato.

 

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