Su corazón nos aguantó tanto dolor. La muerte de su hijo Víctor Hugo Quero en una cárcel venezolana fue un hecho que lo rebasó absolutamente todo. Una clara demostración del carácter deleznable de este régimen oprobioso. Durante meses ella lo buscó infructuosamente, siendo engañada una y otra vez. Con gran ahínco se levantaba, tratando de conseguir alguna pista que le diera aliento a su esperanza. Pasaban los meses con la misma velocidad con la que crecía el vil engaño. No había respuestas para aquella madre que sufría por la desaparición de un verdadero inocente. Los funcionarios se encargaban de enviarla a cualquier dirección de algún penal con la firme intención de quitársela de encima, en ese perverso manejo de la treta como recurso para imponer la misma narrativa en todos los centros penitenciarios. Su marcha fue un rosario de penas, la multiplicación de la tristeza como eslabón de una cadena que desnuda en cuerpo y alma a una dictadura capaz de horadar la dignidad de la persona humana. Fue tanto chocar con las piedras hasta que el silencio criminal tuvo que destrabar la lengua para indicar que Víctor Hugo Quero había muerto desde hace meses. Doña Carmen Teresa Navas tomó unas flores para ir hasta el sitio donde la felonía lo sembró con la complicidad del anonimato. Una dama de ochenta y un años que recibió el mazazo de la irracionalidad. Con mucha dificultad llegó hasta el cementerio con sus ojos llorosos de tanto viaje por el padecimiento. Así como estos inocentes han sembrado tantos ciudadanos que tuvieron la desgracia de caer en sus garras. Sepultaron la justicia del país para imponer sus ensangrentadas ejecutorias del mal.
Los organismos internacionales deben tomar cartas en el asunto. Que paguen los responsables por este hecho que debe terminar de sensibilizar a esa parte del mundo que sigue haciéndose el ciego ante lo que ocurre en Venezuela.
Esta dictadura sigue enlutando hogares. ¿Hasta cuándo tanta desgracia? Es hora de que salgan del poder para que la decencia vuelva a Miraflores.
Ella es la madre de una Venezuela que lloró por su honda pena. Sus lágrimas convocaron a miles que cruzaron la hondonada para llevar su dolor en los hombros de la patria. Debe haber justicia para que la cárcel sea el destino de los verdaderos culpables; todavía existe mucho inocente secuestrado en las mazmorras del crimen.

@alecambero

