Controlar su actividad se usa desde hace tiempo para epilepsias y algunos dolores de cabeza. La investigación busca tratar desde ahí también otras muchas patologías muy diversas. Imágenes médicas del cerebro en varias pantallas de ordenador.
Quizá se haya encontrado en algún momento publicaciones en redes sociales que hablan de un nervio cuya estimulación podría resolver todos sus problemas de salud física y mental. Su nombre parece contradecir todo ese potencial que llena reels en Instagram, infografías en Facebook, libros de divulgación y artículos científicos. ¿Cómo va a ser vago ese nervio que parece milagroso? ¿Y cuánto de verdad hay en todo eso que se le atribuye?
Empecemos por su nombre. Ese adjetivo con el que se conoce al décimo par craneal (hay doce en total) no se refiere a una supuesta ociosidad: vagus significa en latín errante o vagabundo y nombra a este nervio por ser el más extenso de los pares craneales, explica Jaime Gonçalves Sánchez, doctor por la Universidad de Salamanca con una tesis sobre su estimulación. Esa extensión se entiende mejor con la enumeración de algunos de los órganos que inerva: epiglotis, laringe, faringe, esófago, tráquea, pulmones, corazón, órganos gastrointestinales hasta el colon ascendente, señala el experto, que añade que todo esto hace que participe en procesos tan dispares como la regulación de la función cardíaca, la fonación o la digestión.
El nervio vago es el principal nervio del sistema nervioso parasimpático, una de las grandes divisiones del sistema nervioso autónomo, apunta Judith Navarro, neuróloga coordinadora del grupo de investigación Estimulación del nervio vago en enfermedades autoinmunes del Hospital Clínic de Barcelona. Nace de una parte de nuestro cuerpo que se llama troncoencéfalo, que está en la zona que une el cerebro con la médula espinal. Desde ahí viaja dando ramas más pequeñas que se encargan de mover las cuerdas vocales, de la movilidad del esófago, estómago y una gran parte del intestino; llega a los pulmones, da ramas que regulan la frecuencia cardiaca, etcétera. Pero no solo envía información: también es un camino por el que llegan al troncoencéfalo las sensaciones de nuestro cuerpo (tener el estómago lleno, por ejemplo) para ajustar su funcionamiento. Podemos pensar en el nervio vago como una carretera de doble sentido, que trae información de los órganos y de células de la inmunidad y lleva órdenes automáticas del cerebro hacia el cuerpo, señala.
La extensión de esa carretera, las múltiples salidas con las que cuenta, el hecho de que pase por tantos órganos y ese doble sentido convierten al nervio vago en una parte de nuestro cuerpo muy estudiada. Hay investigaciones que desentrañan y analizan su papel en la digestión, en la función cardíaca, en diversas enfermedades neurológicas, en el estrés… Lo más novedoso en los últimos años es que se puede considerar la participación del nervio vago en la modulación de la inflamación sistémica. Eso puede tener interés para enfermedades autoinmunes inflamatorias como la artritis reumatoide o la enfermedad inflamatoria intestinal, explica Javier Camiña, vocal de la Sociedad Española de Neurología (SEN).
La gran promesa de la neuromodulación
El nervio vago, conocido también como neumogástrico (por su conexión con pulmones y estómago), toca e influye en tantas funciones del organismo que conseguir controlar su actividad abre las puertas al tratamiento de muchas enfermedades que a priori no tienen nada que ver entre sí, indica Gonçalves, que es también profesor asociado en la Universidad de Salamanca. Sin embargo, hay que ser cautos, ya que para muchas de esas patologías todavía no hay terapias aprobadas a nivel clínico que estén basadas en la modulación de la actividad del nervio vago, aclara.
Entre las técnicas que sí están aprobadas se encuentra la modulación, a través de una estimulación eléctrica, para tratar epilepsia refractaria o farmacorresistente (para los no candidatos a otras cirugías). Es algo que se utiliza desde hace muchos años. También en casos de depresión farmacorresistente se está aplicando ese tipo de modulación con buenos resultados. En ambas situaciones es una terapia coadyuvante, es decir, que no suele sustituir el uso de fármacos. ¿En qué consiste? Se trata de la estimulación eléctrica intermitente del nervio vago izquierdo. Para ello, es necesaria una pequeña cirugía sencilla mediante la que se implanta un neuroestimulador o marcapasos neurológico en un bolsillo subcutáneo en la zona clavicular del paciente y un electrodo de estimulación en el nervio vago cervical izquierdo.
Hay otras formas de modulación también aprobadas y menos invasivas, a través de dispositivos transcutáneos que se colocan, normalmente, en la oreja. En Europa hay dispositivos de estimulación no invasiva de nervio vago aprobados para el tratamiento de algunos dolores de cabeza (migraña y cefalea en racimos). Con ellos se busca mandar estímulos al troncoencéfalo para que de aquí viajen a otras zonas del cerebro relacionadas con el dolor, explica Judith Navarro.
Volviendo a la idea de la carretera de doble sentido, la experta menciona que, en los últimos años, especialmente tras la covid-19, hay mucho interés en estimular de forma no invasiva el nervio vago en otra dirección: en vez de hacia el cerebro, desde él. La idea es lograr modular estados proinflamatorios, comunes en los casos de fatiga postvírica que han ido en aumento tras la pandemia. Hay ya estudios con resultados positivos en enfermedades autoinmunes, donde el cuerpo se ataca a sí mismo, como por ejemplo el lupus, aunque hoy en día no se puede aconsejar el uso de estimulación no invasiva de nervio vago de manera generalizada, expone Navarro.
Por último, si hacemos caso a publicaciones que se pueden ver en redes sociales sobre este nervio, podría ser activado sin ningún tipo de dispositivo, usando técnicas como la respiración, masajes o echándose agua fría en la cara. ¿Qué hay de verdad en esto? El nervio vago es un componente muy importante del sistema nervioso parasimpático, cuya función es la relajación, en oposición al sistema simpático, que presenta efectos contrarios de activación. Por eso se dice en redes sociales que algunas de estas actividades pueden activar o estimular el vago. Probablemente, en la mayoría de los casos específicos, simplemente se refieran a alcanzar un estado de relajación. No tiene nada que ver con una estimulación eléctrica y terapéutica dirigida al propio nervio. Son conceptos diferentes y que no deben confundirse, alerta Gonçalves.
Eso no significa que la relación entre aspectos como el ritmo cardiovascular o la respiración y el nervio vago no se estén estudiando. Sabemos cuántos latidos por minuto cambia la velocidad del corazón de una persona sana al activarse el nervio vago, apunta Judith Navarro. Sin embargo, no se sabe qué efectos a largo plazo podría tener realizar sesiones de activación del nervio vago mediante la respiración. Se publicó un artículo en 2025 en el que un equipo de investigadores medía diferentes datos sobre cómo funciona el nervio vago antes y después de estimularlo con un aparato comercial o con respiración profunda, encontrando cambios parecidos en las dos situaciones. Pero no sabemos qué pasaría si esas personas lo hicieran cada día en su casa durante semanas, asegura.
¿Y lo del agua fría en la cara? Lo que se activa, explica Navarro, es otro nervio que, a su vez, activa el vago y hace que bajen los latidos del corazón. Sin embargo, se trata de un reflejo inmediato, no algo que se pueda hacer de forma continuada durante horas. En un momento de estrés agudo en el que tu sistema simpático esté muy activado, podría tener algo de sentido utilizar este método, pero no si buscamos efectos a largo plazo, elabora.
En cuanto a la posibilidad de masajes, alerta de su peligrosidad, sobre todo si se hacen en el cuello. Se trata de una maniobra que hacemos en los hospitales junto con los cardiólogos en algunos pacientes con síncopes (desmayos) en los que creemos que puede haber un problema de aumento de sensibilidad de receptores de presión en el cuello, pero puede hacer que los latidos se pongan peligrosamente lentos. Fuera de esta prueba, que deben hacer solo profesionales médicos, no recomienda intentarlo en ningún caso.
No es raro que este nervio, que toca tantas funciones y que tiene tanto potencial, se haya puesto de moda. Javier Camiña, de la SEN, relaciona esta popularidad con un momento en el que en medicina hay diversas tendencias hacia la integración de terapias que afecten a distintos niveles. Si además se puede hacer de forma no invasiva o no farmacológica, el interés es mayor. Para Gonçalves, tiene que ver con la gran cantidad de potenciales aplicaciones que podría tener su modulación. Dentro de esas potenciales aplicaciones hay temas que están muy de moda, como la salud mental, el estrés o el eje intestino-cerebro, en los que puede participar el nervio vago. Sin embargo, muchos medios o redes sociales caen en una simplificación que puede llevar a usar términos incorrectos o que carecen de la suficiente evidencia científica, señala. El grado de verdad en las promesas del nervio se verá en los próximos años.
También afecta que vivimos en un modelo de sociedad basado en un estado de constante huida o lucha, añade Navarro. No hay leones hambrientos en las calles, pero hay trabajos con horarios imposibles, exigencias externas y autoexigencias de ser a la vez el mejor profesional, mejor pareja, mejor amigo, mejor hijo y mejor padre o madre. En frente de este estado prosimpático, la búsqueda de activar el vago parece una respuesta lógica, reflexiona. De momento, los neurólogos saben que es una herramienta potente en epilepsia y en algunos dolores de cabeza. Ojalá sigan saliendo estudios con los que podamos aprender a activarlo para luchar contra otras enfermedades y sea una herramienta más, incluida en guías oficiales y disponible para quien la necesite, concluye.
¿Neuroestimulación o neuromodulación?
Ambos términos se pueden usar como sinónimos, pero se va imponiendo el uso de neuromodulación frente al más tradicional, neuroestimulación. Al hacer neuromodulación o neuroestimulación, puede interesar no activar, sino inhibir la actividad de la región diana u otras relacionadas (dependiendo de la técnica y su objetivo o la enfermedad que se quiere tratar). Por eso suele gustar más decir (neuro) modulación que estimulación, porque esta puede ser excitatoria o inhibitoria y la palabra estimulación la solemos asociar más a activación, explica el doctor Jaime Gonçalves Sánchez, especialista en nervio vago. Aun así, hay muchas técnicas que inhiben la actividad de la diana y se siguen llamando estimulación. Realmente estamos regulando o modulando la función, no siempre es activar o lo que entiende cualquier persona por estimular. El término estimulación del nervio vago es el que se acuñó inicialmente cuando se describió la técnica para epilepsia y no va a cambiarse. Pero cuando se usa o investiga para otras patologías, puede cambiar mucho la forma de estimular con respecto a la originalmente descrita (en cuanto a qué efecto se persigue, parámetros eléctricos, localización anatómica y dirección de la estimulación, etc.), expone.
Ana Bulnes – El País de España


