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Luis Alonso Hernández: Carmen Navas, el dolor de una madre y el maquiavelismo del régimen

 

La maldad existe y el régimen venezolano ha demostrado sistemáticamente niveles de crueldad que lo convierten en la representación misma del demonio. Burlarse de una madre que busca desesperadamente a su hijo, negarle que está privado de libertad y ocultarle que llevaba meses muerto, no tiene perdón de Dios ni de ningún venezolano con dignidad.

El caso de Víctor Quero Navas y de su madre, la señora Carmen Navas, debe llamarnos seriamente a la reflexión sobre la manera en que el gobierno ilegítimo de Venezuela ha manejado los derechos humanos. El viacrucis que vivió esta madre quedará grabado en la memoria histórica como uno de los episodios más abominables protagonizados por una estructura de poder que tanto daño le ha hecho al país y que ahora pretende lavarse el rostro para hacer creer que todo marcha bien.

Esta dantesca realidad debe alertar a las reservas morales de Venezuela para exigir que se determinen responsabilidades penales y administrativas contra todos aquellos funcionarios que, por acción u omisión, participaron en esta tragedia. La ineptitud institucional, sumada al maquiavelismo de quienes privan de libertad a ciudadanos inocentes, terminó causando la muerte de un joven venezolano que jamás tuvo acceso al debido proceso, ni contacto con su familia o abogados.

La defensa de los derechos humanos no puede depender de la ideología política ni de la conveniencia del poder. Cuando un Estado desaparece personas, oculta información a sus familiares y normaliza el abuso institucional, deja de cumplir su deber fundamental de proteger la vida y se convierte en una estructura de persecución. El caso de Víctor Quero Navas no es un hecho aislado; es la evidencia dolorosa de un sistema que ha degradado la justicia, pisoteado garantías constitucionales y deshumanizado al ciudadano hasta extremos intolerables.

Venezuela necesita reencontrarse con los principios democráticos, con la verdad y con el valor sagrado de la vida humana. Ningún proyecto político puede sostenerse sobre el sufrimiento de madres que peregrinan entre cárceles, morgues y tribunales buscando respuestas. La reconstrucción moral del país pasa necesariamente por la justicia, el respeto a la dignidad humana y el compromiso firme de que hechos tan oscuros jamás vuelvan a repetirse en nuestra historia.

 

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