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Pedro R. García: Para; Todas las Madres

 

En homenajes hoy día de las Madres, debo comenzar por recordar a mi Madre, Maria del Pilar García, a mi Abuela Madre, Vicenta García, a mi Bisabuela Madre Felicidad García, a mi tía Madre Juanita Adrianza, y a la Madre de mis hijos Ligia Olvido García compañera fiel, leal. Entregada sin pausas, quien temprano se marchó de este espacio donde no es posible la convivencia de los de su extrema sensibilidad, y hoy junto a sus hijos mis más preciadas heredades agregaron a mi entorno otras madres mis Yernas hijas, y sus madres a quienes he hecho parte de mi razón de vida a mis hermanas madres a quienes profeso infinito amor, mis amigas, madres a mis amores, madres a todas eyas mi entregada gratitud a Dios y a la vida por dármelas…

Madres

Hoy en la celebración de este día una fecha propicia para comentarlo: Si en algo consiste la felicidad es haberle arrancado a la vida el beneficio de esa hora buena especialmente esa primera etapa y haber tenido su amor el de la madre, al recordarlo debemos hacerlo con satisfacción, a fin de que, si realmente fuimos niños en la niñez, maduros en la madurez y seremos viejos en la vejez, no acumulemos deudas con la vida, no arrastremos ese sentimiento de que la vida nos debe algo. Aprovechemos la evocación para dar una ojeada adelante con confianza, con alegría y con esperanza, con el sentimiento de haber agotado las etapas anteriores y haberles extraído Y extraerle su “tiempo bueno”. Todo esto no sin trabajo, dolor, ansiedad, y mucha incertidumbre; con la pena de algunas vidas rotas o truncadas, y en mi caso de la todavía reciente su partida a su morada definitiva de mi mi amada Esposa, tan cerca de nosotros en estos años y preparándonos interiormente para todas esas complejidades que la vida indefectiblemente nos reserva. Mientras tanto ha operado en mi un descanso agotador. Un semi-insomnio a veces incomodo que conduce a una especie de astenia diurna. Esa visible oscuridad, que William Clark Styron, Jr. Donde retrataba su propia experiencia de como aportaban a la enfermedad una reputación intelectual. Un espacio semionírico. Una experiencia alucinatoria y descarnada, como si vagara en un tríptico de El Bosco, atormentado por las monstruosas criaturas que describió Rafael Alberti en aquel poema alucinógeno: barrigas, narices, lagartos, lombrices, delfines volantes, orejas rodantes, ojos boquiabiertos, escobas perdidas, barcas aturdidas, vómitos, heridas, muertos. Y entonces he decidido confiarme a mi propia experiencia. Conocerla mejor. Analizarla. Trasladarla a un memorándum, describir como un actuario el círculo vicioso del insomnio. Sueños aterradores. Agitación. Desolación. Un hundimiento energético. Una contradicción: se sufre de nada. Así como con estoicismo eyas sufrieron mucho, pero jamás se les quebró su espíritu, se mantuvieron serenas, amorosas, optimistas, sin quejas ni de la vida ni de nada. Yo no he encontrado reposo, ni en la política, ni en la poesía, ni en la música. Fiodor Dostoievski, en cambio, me propuso de nuevo sumergirme en un espacio imaginario que ha suplantando la realidad de las pesadiyas. El tiempo no cura las cosas. Eyas se mitigan con nuevos estímulos. Algunos son tan eficaces como enamorarse, según (Michel de Montaigne). Otros pueden encontrarse viajando entre las páginas de El Jugador y asistiendo a la revelación de Crimen y Castigo. Los novelistas rusos curan. Pero nunca le había sentido miedo a esa experiencia tan cotidiana y rutinaria de meterse en la cama solo. Preferiría un sudario a las trampas esponjosas de unas sábanas traicioneras. Eyas no volverán a estar en su estructura corpórea. Se merecían el sueño eterno. Clément Rosset fue uno de los filósofos más preclaros y coherentes de nuestro tiempo. Quizá porque había resistido durante medio siglo en teorizar la yuxtaposición de lo real y su doble, entendiendo el primer concepto como aqueyo que se nos presenta desprovisto de fines o de contenidos. No conduce a ninguna parte duplicar esa realidad, mucho menos cuando lo hacemos para escapar de la finitud, para conjurar el dolor, para regatear la desgracia y para escapar del Huerto del Señor. “Nada más frágil que la facultad humana de admitir la realidad, de aceptar sin reservas la imperiosa prerrogativa de lo real”, así lo explicaba Rosset en el escritorio espartano de su despacho. Podría deducirse de semejante principio un pesimismo enfermizo, pero Rosset se diferencia del maestro Cioran en que la aceptación de lo real conduce a celebrar la existencia como escenario único de la alegría. Alegría, claro, en la oscuridad. De hecho, el filósofo francés, amigo de Althusser y ayegado de Lacan, reconocía que una de las claves del camino vital puede encontrarse en el Don Giovanni de Mozart como paradoja de un “drama jocoso”. Influye que Rosset sea un melómano enciclopédico. Conocía en profundidad la música de Faya, amaba la jota y le entusiasmaba el folclore. Mi esposa su padre asturianos hijo de la España republicana, sus hermanas nacieron al sur de Venezuela donde él había encontrado su propio refugio. Mi Madre en la serranía de Falcón, ayí acero su humano temple, crística en la misericordia, Paulina en la rígida observación de la norma. (En la ciudad de la Victoria rindió su existencia física, quien con afecto la adopto, ayí culmino su ciclo, Ligia cerca de mí), convencida de destronar tanta visión distorsionada de la condición humana. “No existe ni el yo ni el individuo. Solo existe el yo social”, proclamaba Rosset con la media sonrisa de quien entendió la ironía como una manera de sobrevivir en la tierra, todo lo he encontrado el yo esencial en el yo cristico.

Con mi inacabado amor por eyas su hijo y su esposo por siempre, de ustedes su suegro, su hermano su primo su amigo y lo único que puedo brindarles en su día es la ofrenda de mi afecto                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      de mi amistad y mi amor eterno.

Con mi amor por siempre.

Caracas, 10 de mayo de 2026

 

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