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Italo Zapata: La destrucción programada de Venezuela

 

​No tenemos la mejor salud gratuita; Tenemos un secuestro del derecho a vivir.

​La propaganda oficial intentó vendernos una potencia médica, pero la realidad nos despertó con un golpe seco: el sistema de salud en Venezuela no es gratuito, es un sacrificio humano. No es el resultado de la simple incapacidad; es una arquitectura del dolor diseñada para el control. Al sistema no le interesa una población sana; le urge una población enferma, exhausta y, por ende, dependiente.

El templo del terror

​El hospital, que debería ser el refugio de la vida, se ha transformado en un corredor de angustia. Hoy, un familiar enfermo es una sentencia a la ruina. Cruzar la puerta de un hospital en ruinas, donde las paredes gritan abandono y los insumos son inexistentes, es el primer paso de un viacrucis terrorífico. En Venezuela, enfermarse no es un proceso natural, es un decreto de deterioro.

​La perversión del contacto

​La destrucción es tan meticulosa que ha creado su propio mercado negro de la compasión. Mientras el sistema te niega la quimioterapia o el examen vital en la farmacia pública, te ofrece la solución a través de un contacto.

​Ese intermediario —pieza del mismo engranaje que saqueó el hospital— te exige dinero, favores o lealtad a cambio de una medicina que ya te pertenecía. Lo más cruel es ver a familias destrozadas agradeciendo al secuestrador por devolverles una pastilla. Te roban la dignidad para venderte la esperanza por partes.

​La Gran Estafa de la Gratuidad

​Un sistema que te obliga a comprar desde la inyectadora hasta el cirujano no es gratuito. Es la forma más cara y despiadada de control social.

​Te enferman para debilitarte.

​Te empobrecen para someterte.

​Te obligan a agradecer las migajas de lo que ellos mismos te robaron.

​Rompamos el Silencio.

​No permitamos que sigan maquillando la tragedia. Nuestra salud no es su prioridad; es su herramienta de manipulación. La reconstrucción de nuestra nación empieza por recuperar la dignidad de nuestros enfermos y el respeto sagrado a la vida.

​¿Cuál ha sido tu experiencia en el hospital? Cuéntanos tu verdad. No más silencio. —

El Poder Ciudadano es la gente.

 

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