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Papel Literario del 10 de mayo de 2026, por Nelson Rivera

 

Amigos lectores:

I. Difícilmente un lector que se interese por temas de filosofía, pensamiento, teología, relativos al lenguaje, los conceptos, la teoría poética, el tiempo, el arte, la verdad, la técnica y la condición humana, entre muchos otros, no se encontrará con el pensamiento, las referencias, el reconocimiento o las frases de Martin Heidegger (1889-1976), en cada cruce de sus idas y venidas. Esto habla de la irradiación, la influencia, lo inevitable del enorme campo que ocupa su pensamiento. Además, Heidegger no termina en sus libros: sus amoríos con Hannah Arendt, su adhesión espiritual y oportunista al nazismo, las temporadas que pasó escribiendo en una cabaña de madera en la Selva Negra, su encuentro con Paul Celan en 1967, entre un extenso temario, también han sido el detonante de más libros, investigaciones y especulaciones. Heidegger es un inagotable en continua expansión.

II. A tal punto, que es causa de un fenómeno: el citar espurio de Heidegger. Lo citan también quienes no lo han leído o no lo entienden. Heidegger ocupa un sillón estelar entre los citables por todo o por nada: está en la misma categoría donde DerridaFoucaultBenjaminAgamben y otros pensadores, han sido dispuestos para maquillar o barnizar artículos, ensayos, poemas y relatos. En la específica inflación de la cita cosmética que es signo de nuestro tiempo, Heidegger resulta magnético.

III. Me contenté cuando María Ramírez Delgado, con su generosidad y eficacia netas, me propuso coordinar un dossier, considerando que se cumplen 50 años del fallecimiento de Martin Heidegger (1889-1976). Mi alegría se acrecentó cuando leí los textos: predomina el esfuerzo por hacer comprensible lo que es materia compleja y sensible. Los convocados por ella, todos especialistas, facilitan. En la mayoría hay una amabilidad de fondo que, como lector y editor, aprecio especialmente. A lo largo de los años, en varias oportunidades intenté leer a Heidegger. Y siempre, más bien pronto, saltaba del bote que ya hacía aguas.

IV. Doce textos conforman el dossier. En orden de aparición, de la página 1 a la 9:

María Ramírez Delgado: Un bosque llamado Heidegger. 50 años después.

Alberto Rosales: Heidegger en Venezuela. Recuerdos de cinco décadas.

Carolina Guerero: Heidegger y el vértigo de ser libres.

Corina Yoris-Villasana: La tiranía del algoritmo y “La pregunta por la técnica”.

Carlos Villarino: Heidegger y la metafísica.

Luis Marciales: Una novela de formación llamada Ser y tiempo.

Miguel Cabrera-Machado: El Círculo de Viena y el rechazo a Heidegger.

María Eugenia Cisneros Araujo: Entre la existencia y la muerte: el Dasein.

Francisco Andrade: Martin Heidegger. Hölderlin y el Dasein como cercanía.

-Dianyra Valero Molina: Poesía en Heidegger. Lo que llama la palabra.

Marta de la Vega Visbal: Serpiente iridiscente vita: Nietzsche y Heidegger.

Nelson Tepedino: Los oscuros aforismos de los Cuadernos Negros.

Digo que este dossier luce destinado a constituirse en una fuente de consulta.

V. En la página 10 Salvador Suniaga recuerda al químico, investigador y profesor de filosofía Alfredo Vallota (Argentina, 1942; Caracas, 2024), que incursionó en los territorios de la filosofía, luego de que un incendio acabase con el laboratorio donde se desempeñaba en la Universidad de Oriente: “De modo que realizó una maestría en filosofía en la USB. Se especializó en SpinozaLeibniz y particularmente en Descartes. Su método preferido para filosofar era el método Jericó, inspirado en Ortega & Gasset, quien también lo aplicaba: le daba vueltas a un problema una y otra vez, hasta llegar al meollo del asunto. Como una espiral que se acerca cada vez más al centro de la verdad. Se le recuerda como un profesor riguroso. Muy cuidadoso de las palabras”.

VI. Llegamos así a la página de las columnas, esta semana con una novedad, que aprecio especialmente: la incorporación de Maye Primera, periodista, narradora, autora de una impecable biografía de Diógenes Escalante, profesional que se ha desempeñado en medios como Univisión, Telemundo y El País, y cuyo trabajo ha sido reconocido con una veintena de premios, entre ellos, el Robert F. Kennedy, el Premio Rey de España y el Premio Ortega y Gasset.

VII. Miopías se llama la columna de Maye Primera. La entrega de hoy se llama Gente del agua: “Mis ojos miopes no lograban ver nada del recorrido pero el lanchero indígena sí era capaz de reconocer los bajos, las piedras y los troncos en el río oscuro. Me dormí sobre una nevera que Comiquito llevaba a reparar y en la mañana me despertó la noticia de que nos habíamos quedado sin gasolina y llegaríamos a El Volcán con la corriente, cuando el Orinoco nos expulsara hacia allá”.

Anakarina Fajardo D’Alpaos escribe Susuki para habitar lo adverso en su columna Materia de sueños: “En el método Suzuki, la respiración y el centro de gravedad son pilares del actor que procura aprehender cómo un cuerpo preparado puede hallar mecanismos para fortalecer la supervivencia natural, apoyándose en la sinergia del colectivo”.

Por su parte, en su columna Siete leguasFanuel Hanán Díaz dice en Niños en tránsito: “La infancia no aparece como un recurso para suavizar la experiencia, sino como un lugar desde el cual se revela su complejidad. Los niños no explican la migración: la habitan. Y, al hacerlo, muestran sus fisuras: el desconcierto, la adaptación, el intento de encontrar nuevas reglas en un entorno que no siempre las ofrece”.

Las tres columnas vienen en la página 11.

VIII. Van mis buenos deseos para todos.

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Nelson Rivera.

 

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