La República de China avanza en la cadena del litio en América Latina, mientras persisten riesgos ambientales y sociales. Los especialistas ven clave avanzar hacia el cambio de las matrices productivas y salir de este extractivismo tan depredador. Una planta de procesamiento en una mina de litio en el salar de Atacama, en el desierto de Atacama, Chile.
China absorbe el litio de América Latina, que carga con los costos y riesgos del extractivismo.
El avance de China en la cadena del litio está reforzando el papel predominantemente extractivo de América Latina y ampliando los riesgos socioambientales asociados a esta industria estratégica, según un informe del Colectivo sobre Financiamiento e Inversiones Chinas, Derechos Humanos y Ambiente (CICDHA).
Este patrón profundiza una relación asimétrica y mantiene abierta la discusión sobre la corresponsabilidad en la mitigación de impactos ambientales, el uso del agua y los conflictos con comunidades locales, señala el reporte ‘La presencia de China en el sector del litio en América Latina y el Caribe’.
El CICDHA es un espacio de articulación de organizaciones de la sociedad civil en América Latina que busca incidir en mecanismos efectivos de garantías de derechos humanos, transparencia, participación y sostenibilidad ambiental en relación a proyectos que cuentan con inversiones y/o financiamiento de actores chinos.
Estamos en el último tramo de la cadena de valor que es solo la extracción, ni siquiera el refinamiento, dijo a Bloomberg Línea en la presentación del informe Lucio Cuenca, director del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA), que hace parte del Colectivo.
Entonces, creo que lamentablemente allí hay un tremendo desafío para seguir bregando en función de avanzar hacia el cambio de las matrices productivas de nuestros países y salir de este extractivismo tan depredador.
En este sentido, planteó la necesidad de desarrollar estrategias multinivel que pongan el foco en los derechos humanos y en la justicia ambiental, climática y de la naturaleza.
Vanina Corral, de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), consideró que América Latina enfrenta un riesgo estructural, que es quedar relegada de forma permanente a este rol de proveedor de minerales críticos, entre ellos el cobre, el litio y el cobalto.
Y esto implica que la región continúe abasteciendo de minerales a las cadenas globales con todos los impactos que ello conlleva, pero sin acceso garantizado a procesos reales de transferencia tecnológica, sin participación significativa en las cadenas de valor de mayor valor agregado y sin que se respeten de manera efectiva los estándares ambientales, sociales y derechos humanos asumidos en los compromisos internacionales, dijo Corral.
Marco Gandarillas, investigador sénior en Latinoamérica Sustentable (LAS), dijo en la presentación del reporte que el litio se ha convertido en un elemento clave de las relaciones entre América Latina y China.
Se trata de un mineral estratégico del siglo XXI debido a su rol en la transición energética, siendo fundamental para la electromovilidad, el almacenamiento de energía y el desarrollo de energías renovables.
Más del 60% de la demanda mundial está vinculada a esas aplicaciones.
Según cifras compartidas en su presentación, China actualmente controla cerca del 65% del refinamiento global y lidera la producción de baterías y vehículos eléctricos.
En los últimos 25 años, la minería ha representado aproximadamente el 40% de la inversión china en la región, con una creciente concentración en el sector del litio.
En 2024, América Latina exportó más de US$3.000 millones en carbonato de litio, de los cuales un 80% fue absorbido por China.
En Chile, el mayor mercado regional del litio, el 77% de las exportaciones del llamado oro blanco se dirigieron al gigante asiático, de acuerdo con Latinoamérica Sustentable (LAS).
América Latina, aunque es un gran reservorio de recursos minerales, de litio, en su relación con China se inserta en una cadena donde hay un predominio de ese país, pero en una posición subordinada, como proveedor de recursos en una fase aún muy extractiva todavía, manifestó Marco Gandarillas.
La presencia de mineras de China se fortalece
En el marco del reporte se identificaron alrededor de 60 proyectos mineros de empresas chinas en la región, concentrados principalmente en la fase extractiva, pero con una participación cada vez mayor en otros eslabones de la cadena global del litio.
En conjunto, estos elementos nos muestran que el liderazgo de China no se limita a un eslabón específico cuando hablamos de la cadena de litio, sino que abarca de manera integrada toda la cadena de valor y eso explica su expansión hacia América Latina, apuntó Gandarillas.
La investigación se basa en un seguimiento de proyectos con participación de compañías chinas y en el acompañamiento a comunidades y territorios.
En cuanto a la presencia empresarial, el estudio se centra en 20 proyectos de litio de compañías chinas en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y México.
Estos proyectos abarcan distintos eslabones, desde la extracción hasta el procesamiento, el ensamblaje de baterías y la producción de vehículos eléctricos, incluyendo buses movidos por energías limpias.
La participación de estas empresas se da a través de concesiones, fusiones y adquisiciones -principalmente la compra de activos de compañías mineras-, joint ventures y acuerdos tecnológicos.
De acuerdo con el reporte, Argentina concentra la mayor cantidad de proyectos de minería de litio en fase extractiva.
A su vez, Brasil destaca en ensamblaje de baterías y vehículos eléctricos.
Y Bolivia presenta acuerdos para el desarrollo de proyectos de extracción directa de litio. Aunque no han iniciado, ya que son proyectos que están en este momento en la etapa de explotación, sí han tenido una serie de controversias sobre los asuntos ambientales y sociales.
Según el reporte, empresas chinas como Tianqi Lithium y Ganfeng Lithium, que destacan en el procesamiento, han avanzado hacia la explotación primaria.
Por su parte, CATL y BYD, grandes demandantes del litio para baterías y vehículos eléctricos, están invirtiendo en proyectos de extracción, refinación y fabricación de baterías.
Asimismo, otras empresas como Zijin Mining Group, Tsingshan Group, CITIC Guoan y Hanaq Group están diversificando su portafolio hacia la minería del litio, buscando una integración horizontal en minerales críticos para la transición energética.
Empresas contratistas, como China National Machinery Industry Co. (SINOMACH) y China CAMC Engineering, se están adjudicando contratos para construir plantas de procesamiento del litio.
Gandarillas destacó que, en el caso de las compañías privadas chinas, existe la particularidad de que cuentan con un fuerte respaldo estatal.
Explicó que su expansión internacional y la adquisición de activos fuera de China no responden únicamente a estrategias empresariales, sino que están alineadas con los objetivos de política exterior y económica del propio Estado chino.
Desafíos sociales y ambientales
Al analizar 10 proyectos chinos en detalle, los autores del reporte evidencian riesgos significativos en materia social, medioambiental y de gobernanza.
Gandarillas describió que todos estos proyectos presentan riesgos para comunidades indígenas y locales. Ocho de estos proyectos de litio chinos muestran riesgos de sobreexplotación hídrica.
En igual proporción se identifican cuestionamientos por estudios ambientales incompletos en varios casos.
También se evidenciaron seis proyectos con problemas de falta de transparencia y de acceso a información básica. Y cinco presentan riesgos de contaminación ambiental.
En general, explican, los proyectos analizados muestran una continuidad con patrones ya observados en otras iniciativas mineras a cielo abierto, como las de cobre y otros minerales, reproduciendo dinámicas similares.
No son casos aislados, sino tendencias estructurales de un comportamiento todavía desajustado de los compromisos de las empresas, las directrices chinas y la realidad de los proyectos en los territorios, argumentó Marco Gandarillas, de Latinoamérica Sustentable (LAS).
En la muestra, se identificaron algunos impactos ambientales de carácter potencialmente irreversible, según Gandarillas.
Se está intensificando una presión sobre los ecosistemas que no proviene únicamente de las inversiones chinas. Hemos analizado el caso de China, pero también hay inversiones de Estados Unidos, de Europa y de otros orígenes, anotó. Es una presión demasiado fuerte y que conlleva también grandes problemas no solo ambientales y sociales a nivel local, sino también democráticos.
En ese sentido, señaló que se está observando la interrupción de acuerdos que, en algunos casos, resultan poco transparentes, firmados con distintos países sin pasar por adecuados niveles de escrutinio y control público.
¿Cambio de narrativa?
Otro de los hallazgos relevantes del informe es que en la región se observa una proliferación de directrices ambientales y sociales mineras chinas.
Ante la ausencia de leyes mandatarias y de carácter vinculantes, estas directrices ambientales reflejarían una asimilación en las instituciones chinas de la responsabilidad sobre los impactos negativos de la actividad minera, según Marco Gandarillas.
Especialmente, una preocupación por la incorporación de conceptos como debida diligencia; el consentimiento libre, previo e informado; y mecanismos de rendición de cuentas.
Se destacan instrumentos como las directrices para la responsabilidad social en inversiones chinas en el extranjero (2017) y las directrices de debida diligencia en la cadena de valor minera (2022).
Asimismo, la Cámara de Minerales, Metales y Productos Químicos de China impulsa estándares para más de 5.000 empresas que operan fuera del país.
En 2023, fue establecido el primer mecanismo de mediación y consulta para la industria minera China que opera fuera del país.
Entonces, estamos viendo cada vez más a empresas chinas asumiendo una narrativa que incluye las demandas y los problemas que muchos de los proyectos mineros chinos tienen en la región, remató Gandarillas.
En definitiva, la transición energética la promovida por China plantea para América Latina un escenario complejo donde conviven oportunidades de inversión, de acceso a tecnologías, entre otros, pero con el riesgo estructural de profundizar un modelo de desarrollo extractivista basado en la vulneración de derechos colectivos y de generar daños irreversibles para ecosistemas estratégicos, dijo Vanina Corral.
Recomendaciones
Como parte del reporte, María Elena Rodríguez, del BRICS Policy Center, compartió una serie de recomendaciones para los actores chinos.
En primer lugar, los autores sugieren establecer zonas de no exploración de litio en áreas ecológicamente sensibles o sin consentimiento de las comunidades.
También se propone fortalecer los estándares ambientales, sociales y de gobernanza en toda la cadena del litio, con reglas vinculantes para toda la cadena de valor, debida diligencia, mayor control de riesgos y tolerancia cero a violaciones de derechos humanos contra los defensores ambientales.
Además, se plantea elevar la exigencia de los estudios de impacto ambiental y social para el financiamiento, mejorar la transparencia en créditos, permisos y monitoreo, y asegurar el cumplimiento efectivo de las directrices chinas ya existentes.
China ha emitido directrices que regulan y orientan conductas ambientales y sociales de sus inversiones en el extranjero, indicó Rodríguez. (..) Esas prácticas son poco conocidas, poco respetadas y tal vez la recomendación fundamental es que se haga una publicidad amplia sobre esas esas directrices chinas.
Por último, en el informe se recomienda crear mecanismos de queja y reparación para comunidades afectadas a lo largo de toda la cadena de valor.
Daniel Salazar Castellanos – Bloomberg Línea.

