Hace algunos años, formaba parte de una tertulia entre un grupo de opinadores. En un momento de ella, dos de los contertulios, dirigentes regionales de un partido político nacional, que organizaba un acto “de masas” en un populoso barrio al sur de Valencia, se apartaron momentáneamente del grupo y comentaban que debía ser en una calle estrecha, para que sea más alargada la aglomeración de los que asistan, y no se distinga en las fotos dónde termina, en vez de en una avenida, donde será más corta y se distinguirá lo escuálido de la concurrencia. La misma estrategia se puede observar en la concentración que el pasado viernes 1 de mayo puso punto final a la tan cacareada por el chavismo “Peregrinación Nacional por una Venezuela sin sanciones y en paz”: la imagen muestra una angosta vía entre dos rampas en algún tramo de la Autopista Francisco Fajardo de Caracas.
Y uno no sabe si lo de las “sanciones” son las que aplica el régimen a quien se atreve a disentir de sus métodos y su desastre administrativo, y “en paz” no es una reminiscencia de aquella “Paz y Trabajo” de cuando el General Gómez, donde los venezolanos entendían que “paz” era “paz en los cementerios” para los muertos por torturas en “La Rotunda”, el “Castillo” de Puerto Cabello o “La Pastora” en Maracaibo, ahora los tenebrosos “El Helicoide”, “Tocorón” o “El Rodeo”.
Ese mismo viernes fue el “Día del Trabajador”. Los trabajadores (públicos y privados) esperaban un salario mínimo cónsono con el deterioro de nuestra moneda y la consecuente dolarización de nuestro mercado, el hambre generalizada y la disminución de la calidad de vida de los venezolanos que no disfrutan de las mieles del poder. Pero, ayuna de una real solución para ese deterioro, y para distraer la atención de los angustiados trabajadores, la persona encargada por Trump del gobierno organizó la susodicha “Peregrinación Nacional por una Venezuela sin sanciones y en paz” y, como colofón, en un acto realizado en la Autopista Francisco Fajardo, anunció un ligero aumento del “Ingreso Mínimo Integral” a 240 dólares mensuales. “El incremento más importante de los últimos años”, según dijo. Y no sé por qué le parecía a uno que estaba poco convencida de la “importancia” del incremento, y por eso le sonaba eso de “importante” tan poco convincente.
El tal “Ingreso Mínimo Integral” de 240 dólares mensuales es en realidad una trampa, pues el salario base en bolívares se mantiene congelado desde marzo de 2022 en 130 bolívares; por lo que el ingreso real de los trabajadores y pensionados depende mayoritariamente de bonos y asignaciones del sistema Patria (como el Bono de Guerra Económica y el Cestaticket), que no se computan para prestaciones sociales, utilidades, vacaciones ni indemnizaciones.
Los trabajadores no tenían nada que celebrar y sí mucho que esperar en su día, y sufren cada día la angustia de sobrevivir con tan menguados ingresos, mientras infames notoriedades que pasaron por algún importante cargo público se pasean impunes por los bulevares de las ciudades europeas y frecuentan caros restaurantes y lujosos casinos como el de Montecarlo, yendo de un sitio a otro en lujosos autos deportivos u ostentosas limousines entre esos sitios de ocio y sus confortables viviendas en las más exclusivas zonas de las capitales de América y Europa.
Y no falta quien se burla del pueblo que pide salarios justos y elecciones ya: “¿para qué quieren elecciones si después no van a aceptar los resultados?”. Con cinismo y mazo dando, como acostumbra.

