Venezuela llega a mayo de 2026 en un estado de fragilidad extrema. Mientras en las esferas del poder se celebra un crecimiento proyectado del PIB del 4% y la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anuncia ajustes de ingresos por el orden de los 240 dólares mensuales, en la mesa del ciudadano común la realidad es otra. Desde Poder Ciudadano, analizamos las tres dimensiones de una crisis que no admite más maquillajes retóricos.
1. Economía de espejismos y el salario de hambre
El reciente ajuste al “Ingreso Mínimo Integral” es una medida opaca que profundiza la precariedad. Al basarse mayoritariamente en bonos sin incidencia salarial, deja a los jubilados con pensiones de apenas 70 dólares y pulveriza las prestaciones de los trabajadores. Con una canasta básica que ya supera los 670 dólares, no estamos ante una recuperación, sino ante una desigualdad institucionalizada que condena a la mayoría a la supervivencia diaria.
2. El rostro social de la crisis y el limbo político
La situación es humanitaria. Los servicios básicos —agua, luz y salud— siguen en colapso fuera de las burbujas de la capital. La “paz” que se pregona es una paz vigilada, donde la falta de legitimidad institucional y el control sobre los procesos democráticos ahuyentan la inversión que genera empleos dignos. Venezuela no necesita una normalización cosmética; necesita una reforma profunda que devuelva la confianza al país y detenga el flujo migratorio que desangra nuestras familias.
3. Hacia una seguridad alimentaria real y un sistema nacional.
La alimentación no puede seguir siendo una herramienta de coacción política. Proponemos elevar el modelo de gestión local a una Estrategia Nacional de Soberanía Ciudadana basada en tres pilares:
Circuito de Proximidad: Transformar los mercados municipales y entes como INMERCA en nodos logísticos eficientes. Conectar directamente al productor del campo con la parroquia, eliminando las mafias y los peajes de intermediación que encarecen el plato de comida.
Descentralización de la Red de Suministros:
Empoderar a los millones de venezolanos que hoy gravitan en los Consejos Comunales, reorientándolos hacia una gestión técnica y plural. En binomio con las Juntas Parroquiales electas, estos ciudadanos serán los gestores de sus propias soluciones de abastecimiento, libres de chantajes partidistas.
Protección Nutricional Técnica:
Transformar el Programa de Alimentación Escolar (PAE) y los comedores populares de todo el país en centros de salud alimentaria con estándares profesionales, abastecidos por la producción local para reactivar las economías regionales.
Conclusión
Venezuela no necesita más bonos de sobrevivencia; necesita salarios dignos, servicios eficientes y un sistema de alimentación que no dependa de un carnet. El análisis de hoy es contundente: el modelo actual está agotado. Solo a través de la reconstrucción de la institucionalidad desde la base local hacia el alcance nacional, podremos transformar esta crisis en una verdadera oportunidad de libertad y prosperidad.
¡El poder ciudadano es la gente!
Dirección Ejecutiva Nacional.

