Esta historia me fue referida por un hacker desde Macedonia del Norte, basada en el informe que Mr. Ratcliffe, Director de la CIA, rindió a Marcos Rubio y a Donald Trump acerca de uno de los búnkeres que usaba la élite que nos gobernó con mano de hierro hasta el 3 de enero.
“Consta en el informe que luego del brindis y el gran almuerzo que la propia Delcy le preparó a Mr. Ratcliffe, jefe de la CIA, conversaron responsablemente en Miraflores acerca de todo ese petróleo que está en el subsuelo venezolano y que, según “distraído” comentario de Mr. Ratcliffe, pertenece a los Estados unidos al igual que Groenlandia, Canadá Dinamarca, México, Colombia y otros países de América. Mr. Ratcliffe confirmó que tenía razón Donald, que Delcy es una gran mujer como MM y que es una excelente cocinera y que hace todo lo que le pedimos. Como no quería perder tiempo y con la barriga llena y el corazón contento por las delicias culinarias de Delcy fue a inspeccionar los búnkeres y casas de seguridad que habían estado sirviendo de protección a la élite gobernante.
Pues bien, parece ser que en el tercer sótano de uno de esos refugios descubrieron una extraña sala cuyo acceso estaba disimulado por un retrato grande de Saibaba del tamaño de la puerta. Aquello sugería que tras esa puerta ocurrirían hechos que debían ser ocultos de la contraloría social y de las leyes, tanto como los acuerdos secretos amparados en la Ley Antibloqueo. Algo muy secreto había estado pasando ahí ajeno al mundo cristiano, quizá reñido con la Constitución y las leyes. Por esta causa debió cumplirse con protocolos de seguridad estrictos para garantizar la integridad de los colonos. Superada esta etapa se procedió a examinar el objetivo.
Mr. Ratcliffe confirmó que no se encontraron armas de fuego ni de destrucción masiva ni que había indicios de enriquecimiento de algún material radiactivo. Tampoco encontraron sustancias adictivas. Lo que sí encontraron fue gran caos de papeles dispersos por toda la sala. Había muchos ejemplares de la Constitución Bolivariana regados por el piso, muy rotos como si sobre ellos se hubiesen desatado la furia de todos los infiernos, como si a alguien le incomodara mucho la Constitución y el Estado de Derecho y de Justicia que ella consagra. A todos faltaban hojas que les habían sido arrancadas y estaban esparcidas por todas partes. Particularmente había muchas hojas sueltas donde está el artículo 91 de la Constitución. Y no era el único texto que había corrido esa suerte, también había ejemplares de la LOH y de la LOT arrasados por la misma oscuridad que se había ensañado con la Constitución. Se encontraron muchas actas de la elección del 28 de julio sobre las cuales se había vertido una pintura roja rojita.
En contraste con ese ambiente de rabia destructora, en el centro de la sala sobresalía el busto de Saibaba montado sobre una mesa y rodeado de textos y documentos, pero eso sí, en perfecto estado y alumbrados con velas. Quien quiera que fuera el usuario de este incomprensible recinto parecía tener puesta toda su fé en Saibaba y en impíos textos que mucha tristeza han causado a los trabajadores y a todos los venezolanos. Ahí estaban alumbrados La Ley Antibloqueo que permitió al Ejecutivo realizar acuerdos desconocidos sin aprobación de la Asamblea, el inexistente Instructivo Onapre junto al Memorandum 2792, como si sobre ellos descansara la estabilidad del poder y el hambre que se ejerce sobre el Pueblo Trabajador. Como encaletados debajo de la mesa se hallaron unos cuantos lingoticos de oro quien sabe con qué misterioso proposito. Hasta la servilleta aquella que responsablemente leyó Elvis y que dio al traste con la soberanía popular estaba en esa colección de horror alumbrada por un culto extraño; allí estaban los números “irreversibles” que arrasaron con la Constitución y el Estado de Derecho y de Justicia aquella noche de viveza criolla de “ni por las buenas ni por las malas”. Llamaba la atención que las paredes de la habitación se hallaban tapizadas con afiches de Chavez boca abajo y con los ojos y corazón atravesados con agujas. Hasta el techo estaba revestido con esas imágenes, según el asombrado reporte que Mr. Ratcliffe dio a Marcos Rubio y a Donald Trump. Es difícil imaginar que función cumplía el saxofón de Elvis en aquel macabro repertorio engendro de la culpa y el miedo.”

