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Los Riberas y las Burelli Briceño

 

Empezamos a preparar los 70 años de la única novela de Mario Briceño-Iragorry, escrita durante su exilio en Madrid, intitulada Los Riberas.

Empezamos a preparar los 70 años de la única novela de Mario Briceño-Iragorry, escrita durante su exilio en Madrid, intitulada Los Riberas. Esos meses de trabajo en el piso de Castelló 86, estuvieron iluminados por la presencia de las diminutas Ma. Guadalupe y Ma. Adela que fueron la fuerza para su corazón ya enfermo. María Briceño y Miguel Ángel Burelli habían tenido que exilarse de Venezuela y con ellos llegó Guadalupe, la niña Bububupe de su abuelo y muy pronto se unió Adela, que había hecho el viaje en el vientre de su mamá.

El ensayista, historiador y biógrafo, tomó de la novelística el sendero que le llevaría a construir un retablo de historia de Venezuela que ha sido reconocido por su pertinencia y su valor   testimonial. Con apenas el archivo de su memoria y el apoyo afectivo de su yerno, que hasta su muerte fue su amigo e interlocutor, se dio a la tarea de pensar y escribir la Venezuela de 1920 en adelante. Apasionado de la palabra, la historia y la filosofía, nos dejó un texto muy rico, que el año próximo, que celebraremos sus 70 años, dejará una luz espléndida para la nueva Venezuela que se vislumbra necesitada.

El pasado 2025, celebramos el 9 de abril, los 70 de vida de Guadalupe y ahora daremos gracias por los 70 de Adela el próximo 6 de mayo. Guadalupe Burelli de Arráiz Lucca y Adela Burelli de Kinski, han sido un binomio muy especial para toda la familia, empezando por el abuelo Mario.  Guadalupe, a pesar nuestro, se nos escapó a la eternidad el último 29 de setiembre, llevando en su mochila una trayectoria muy rica de hermana, esposa, mamá, ahijada, amiga, escritora, gerente cultural, mujer universal, viajera incansable, preocupada siempre por los problemas socio- económicos, políticos y culturales.

Aquí la vemos hoy como una de las nietas diminutas que llevaron alegría y esperanza al corazón cansado de su abuelo materno.  Unas “maraquitas” para activar la memoria dolorida de Mario Briceño-Iragorry, después del atentado criminal que sufrió en Madrid, antes de llegar ellas a España.

En el Vol. 1 de las Obras Completas, editadas por el Congreso de la República de Venezuela, está recogido un texto de MBI de 1956, que fue publicado en España en un folleto que lleva por título Primera lección para mis nietas desterradas. Son cinco páginas deliciosas. El primer párrafo empieza así: Tu hermana de cortos meses, ¡Oh, diminuta María Adela! fue arrancada del suelo patrio por los odios desatados contra tu padre. Se tomó como hostilidad al gobernante el hecho de que hubiera solicitado garantía para sus alumnos universitarios, perseguidos arbitrariamente por la policía política de la región, y fue obligado a transponer las fronteras nacionales. Con tus padres, vino María Guadalupe, tu linda hermanita, de cortos meses, a compartir nuestro ya largo destierro. Si aumentó nuestro viejo dolor al ver que los hijos, como nosotros perdían la Patria, en cambio hubo dulce risa con qué suavizar la aspereza de los días tristes del proscrito.

En el octavo párrafo del texto escribió el abuelo: …Aún no es tiempo, en realidad, para que les sea explicado a ti y tu hermanita las causas del destierro que ella sufrió en sus meses iniciales y que a ti te fue impuesto aún antes de que abrieses los ojos a la luz de la existencia. Patria dura y cruel, podrían pensar, si tuvieran lumbre de razón. Aquí estoy veraz para decirles lo contrario. Dulce, noble, generosa, espléndida es la Patria que nos da el derecho, hoy lleno de angustias, de ser venezolanos. La maldad, el terror, la indiferencia y la crueldad vienen de un grupo de hombres que asaltaron el Poder y que trataron a la Patria no ya como a la antigua y generosa madre, sino como a tierra de ocupación y de conquista.

Nunca como ahora, Los Riberas, puede iluminar la historia reciente de Venezuela. Porque allí encontramos la perspectiva de un tiempo en que se fue fraguando nuestro presente. La saga de las tres generaciones de la familia Riberas nos descubre y acompaña en un tiempo histórico, donde la aparición y explotación del oro negro, trastocó los hilos de nuestro devenir de pueblo con una misión aún no cumplida.

Este año dedicaremos nuestro esfuerzo a reunir los diversos trabajos de historiadores, filósofos, docentes, escritores y profesores que han visto en esta obra final del abuelo desterrado que encontró en sus nietas, también desterradas, esa chispa necesaria para pensar Venezuela desde la inocencia y con el mayor amor universal.

Diana Rengifo termina su ponencia sobre “Lo histórico y lo historiográfico en Los Riberas”, en el 1er Simposio de Literatura Trujillana MBI, con estas palabras: “Escrita en España y en pleno destierro esta obra recibe y asimila las influencias de Unamuno y de Machado, pero es la narración de un trozo de historia venezolana narrada con la pasión telúrica que se siente en todas sus obras. Por ello se puede catalogar como historiador para la transformación, porque para él, parafraseando a Marc Bloch, la historia no puede ser completa si no nos ayuda a vivir mejor.

El compromiso de este año 70 es divulgarla, comprenderla y trabajarla. Hasta el cine podría intentar acercarla a ese pueblo en crisis al que Briceño-Iragorry aludió en su Mensaje sin destino.-

Beatriz Briceño Picón – Humanista y Periodista.

 

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