Después de recorrer la mundialización de la bossa nova —esa música que convirtió la intimidad en lenguaje universal—, es casi natural detenerse en una figura que, décadas antes, había logrado algo similar desde otro territorio: Transformar el sonido en atmósfera, en insinuación, en luz.
Claude Debussy no compone para afirmar, sino para sugerir.
En su música no hay discursos, hay presencias. No hay estructuras que se imponen, sino formas que se desvanecen.
Escuchar a Debussy es, en cierta forma, aprender a oír de otra manera.
Clair de lune (Suite bergamasque). Walter Gieseking
La fille aux cheveux de lin. Water Gieseking.
La cathédrale engloutie . Arturo Benedetti Michelangelli.
Reflets dans l’eau . Krystian Jean-Yves Thibaudet
Jardins sous la pluie.Martha Argerich.
Pagodes. Samson François
Prélude à l’Après-Midi d’un Faune. Claudio Abbado.
Nocturnes, Nuages. Pierre Boulez.
Nocturnes, Fêtes. Claudio Abbado.
La mer. Herbert von Karajan.
Syrinx. Jean Pierre Rampal.
Reverie.Jean-Yves Thibaudet.
Arabesque. Alicia de Larrocha.


