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Sergio Monsalve: El mensaje más poderoso de Michael Jackson

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Michael es una película mesiánica y edípica, donde tras sufrir el calvario de un padre castrador, se convierte en un equivalente al Jesucristo Super Estrella, de la versión musical.

A su alrededor merodean Judas, pero también sus apóstoles que son sus hermanos.

La película bebe de la psicología profunda, para construir su personaje redentor, cuyo principal motor es enfrentar al diablo de su progenitor tóxico, un arquetipo muy clásico en el género.

De hecho, es el mismo problema que se ha presentado desde musicales como Fantasma del Paraíso y Tommy, al mostrar las tensas relaciones entre un genio de la música y unos padres fáusticos que lo quieren controlar como marioneta, para explotarlo mejor.

Lo interesante de Michael es que desarrolla el trauma del abuso sufrido por el cantante, anunciando su posterior transformación en victimario, lo cual puede que se toque en la secuela, pues en la primera se elude y se blanquea.

No es de lo que habla la película al final del día.

De lo que sí trata el filme es del viaje del héroe del pop, en su genuina cruzada por ennoblecer a la música urbana y del gueto, que fue tan resistida por los dueños del negocio, por la MTV y por un racismo que fue propio del ascenso conservador de la era Reagan y que ha regresado por sus fueros en la época actual, por desgracia.

Por tanto, la película es un genuino canto por reivindicar el legado de un artista que también fue atacado por los flancos del progresismo cultural.

No hay que olvidar que sociólogos como Jean Buadrilllard le dedicaron ensayos que lo satanizaron e invalidaron para una generación de intelectuales del llamado marxismo cultural, que antes y hoy nunca aceptaron los dones y virtudes de Michael, al considerarlo un vehículo del mal del consumismo, un efecto viral de una conspiración que buscaba alienar a los jóvenes y domesticarlos.

Por eso, muchos hijos de los 80 sufrieron el mismo trauma que se ve en la película de Michael, siendo castrados por padres de la casa y de la academia, que les negaron la posibilidad de desinhibirse como Michael.

En tal sentido, la película recuerda los mejores pasajes del reciente musical de Elvis, cuando era manipulado y encerrado por el Coronel en una caja de cristal.

A Michael su papá lo quiere confinar en la burbuja de los Jackson, a modo de un secuestro mafioso.

Entonces, el chico de Bad apenas susurra, tiene miedo, pero se emancipa, encontrando su voz y su estilo inigualable para bailar, que es propio de él y de su cultura, no sigan creyendo en la teoría que indica que Michael copió a otros, porque no es cierto.

Sí se inspiró en los ídolos del musical y del terror de serie B, con el fin de metabolizar y crear una identidad que marcaría un hito, rompiendo barreras.

Así, Michael encuentra su salida del régimen despótico de su padre, descubriendo su independencia.

Este es el mensaje más poderoso de la película, el más necesario para nuestro tiempo de dictaduras y fascismos, la moraleja con la que me quedo de la película, que no es perfecta, pero sí oportuna y válida.

La parte positiva es que refrenda el talento y la fuerza de la naturaleza de Michael.

La parte negativa es que Michael se convertiría en lo que criticó de su padre, erigiéndose en el villano de una pesadilla que todavía persigue a su historia.

En cualquier caso, tenemos una primera película, una versión parcial, que, como tal, propone una lectura sobre una persona como nosotros que reclama su derecho a ser reconocido por su talento y su arte.

 

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