Lo que más me acojona; sí, “acojona” del verbo acojonar en sus acepciones de “asustar”, “intimidar”, “amedrentar”, psicológicamente se entiende, es la profunda reificación de la tan socorrida y manoseada Inteligencia Artificial. La mayoría de quienes se acercan a la IA en procura de constatar y verificar si un texto o contenido es primigeniamente elaborado por Inteligencia Artificial, los más de ellos, se llevan tremendo chasco al comprobar que el texto de marras ha sido construido con la ayuda de Inteligencia Artificial. Sin dudas, homo sapiens-sapiens al día de hoy está vocacionalmente direccionado de modo volitivo hacia la búsqueda y procura del santo grial de la originalidad. Los seres humanos, de esta y aquella acera del planeta, se agolpan diariamente, con más frecuencia de la imaginada, en muchedumbres y multitudinarias concentraciones en librerías, bibliotecas, tiendas de libros físicos y digitales en busca de contenidos “originales” para, una vez constatado la “Eureka” (heurískéin) terminar literalmente decepcionado del “plagio” que creíamos innovación original. Versos, fragmentos de poemas, aforismos, miniensayos, reflexiones sueltas sobre esto y aquello en torno a cualesquiera temáticas por muy abstrusas que parezcan. Nunca la vulgata latina fue tan verídica: “nihil novum sub solem”. Con razón, quiero decir con sobrada razón, la decepción jamás como hoy estuvo tan cerca y a la vuelta de la esquina. Las ilusiones envejecen demasiado pronto y eso que homo sapiens está genómicamente programado para vivir encadenado a las promesas de lo nuevo, la innovación, la originalidad. Pero, ojo; preparaos ilusos hambrientos y sedientos de la imposible originalidad, la verdad nunca os hará libres, pero la afanosa e incansable búsqueda de la misma sí.

