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Luis Carlos Díaz: El poder en Venezuela

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El poder en Venezuela es una coalición de familias y “tribus” que se han repartido cuotas por años.

Cuando traicionan o depuran a uno de sus miembros, también purgan a la familia y la tribu, que incluye testaferros, empresarios enchufados, boliburgueses, pero también fiscales, jueces, magistrados, jefes de cuerpos de seguridad… e incluso se han dado casos de toma forzosa de empresas, viviendas, grupos comerciales y más. Los que suelen quedar olvidados son los presos políticos. Se van los que eran sus captores y los que quedan recalculan cuánto pueden ganar por ese rehén.

Esto es como la mafia: se tumban los negocios, se apropian de los recursos del nuevo apestado, expulsan a los que sean muy leales con los derrotados, a los que parezcan futuros traidores, y generan incentivos para que otros se reacomoden y sirvan a los intereses del nuevo grupo en el poder. Al mismo tiempo, abren cargos en ministerios, institutos, escaños legislativos, nuevas nóminas y contratos, para sus propios leales que ahora pasarán a ser los nuevos enchufados. Es lo que en el chavismo llaman: “ponerse en la buena”.

Esto es lo que explica la barrida que hicieron cuando cayó en desgracia Tareck el Aissami, que no fue por “corrupto” porque este es un sistema que tiende a la corrupción y además la premia, sino que fue por desleal. Con él se llevaron a jueces, fiscales, empresarios y la parte de su entorno que no negoció con el resto de la cúpula.

Esto mismo explica toda la purga que hay con magistrados del TSJ que respondían a Cilia Flores, la arquitecta del poder judicial durante los últimos años. También explica la remoción del fiscal de confianza de los Maduro-Flores, junto con sus fiscalitos. Así mismo se han ido deshaciendo de ministros, directivos del BCV, prestanombres, facilitadores, directores de institutos y hasta jefes de prisiones.

Es la misma dictadura, el mismo sistema, pero repartido entre los que se quedaron con la piñata tras convertir en pasado a Nicolás Maduro y Cilia Flores.

Como vieja-nueva casta en el poder, estas han sido las semanas para ver desfilar a los nuevos leales a los hermanos Rodríguez: Sus empresarios, su gente de confianza para ministerios, su fiscalía, su defensoría, sus comisionados para la paz, su nuevo Tribunal Supremo de Justicia, sus nuevos carceleros y aparatos de inteligencia para perseguir, sus diputados en el parlamento que se hacen llamar chavistas y también los que desean pasar como opositores.

Es toda una reconfiguración del poder y ocurre bajo la apuesta de que la dictadura puede ser normalizada, estabilizada, relegitimada y reinsertada ante multilaterales y sistemas financieros internacionales.

Los venezolanos corremos un riesgo gigantesco de que el plan se ejecute para condenar al país a más años de autoritarismo.

Se necesita entonces más presión internacional y más presión interna, más coordinación entre actores y sobre todo contrapesos al avance de las viejas-nuevas formas de represión que sostienen a los hermanos Rodríguez y sus aliados en el mundo económico, político, diplomático, social y hasta humanitario.

La purga ocurre ante nuestros ojos y no siempre representa avances ni mejoras, porque siguen siendo muy opaca. Por ahí empieza este asunto: se necesita más acceso a información de calidad y un nuevo mapa de actores, porque hasta el menos pensado puede estar viendo cómo hacer negocios y sacar tajada del chavismo 3.0 en su era más cínica y pro FMI, Chevron, Estados Unidos, la era magachavista.

De esto depende la libertad de millones de personas.

 

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