Gran dolor me produjo ayer la noticia sobre la muerte del gran amigo Pedro Martín Coronado, conocido popularmente como «Pedrito». Hombre afable, peninsular de pura cepa y de una vasta formación que supo combinar con humildad.

Pedro Martín Coronado (Pedrito) en el centro.
Gran dolor me produjo ayer la noticia sobre la muerte del gran amigo Pedro Martín Coronado, conocido popularmente como «Pedrito». Hombre afable, peninsular de pura cepa y de una vasta formación que supo combinar con humildad.
Lo recuerdo con aquel ímpetu de reportero gráfico, siempre detrás del hecho noticioso y mostrando sagacidad para hurgar la fuente y mostrar con brillante redacción cada palabra al ávido lector. Era tiempos cuando el periodismo se concebía como el Cuarto Poder y sus heraldos pasaban largas horas dedicados a la lectura y llenaban de creatividad metafórica los impresos matutinos.
«Pedrito» fue una gran escuela de ese diarismo refrescante que se abrió con fuerza en la Cumaná preñada de esperanzas e infortunios. Aunque no pudo culminar sus estudios de periodismo en la UCV, fue un impecable reportero que hacía vibrar cada letra de sus escritos en su amplia sala de redacción del periódico «Siglo 21», hoy desaparecido por la vorágine del espacio digital.
Su muerte me ha impactado mucho, al igual que al resto de nuestros paisanos sucrenses. ¡Cómo no afectarme, si de él aprendí a valorar la amistad y el profesionalismo en lo que uno hace! En su habitual oficio se sumergía en una antigua máquina de escribir, su fiel compañera de oficina, y pulsando sus dedos sobre el teclado le daba forma y sentido a su producto periodístico.
Mi mente se regresa a finales de los 80, cuando era un joven irreverente, aprovechaba las vacaciones de mis estudios en la UCV y regresaba a mi natal Cumaná a dar declaraciones en «Siglo 21» sobre la problemática universitaria. En esa época era Secretario General de la FCU de dicha Alma Mater. Pedrito se mostraba amable y con la deferencia por delante. Siempre me decía: «¡No te preocupes por la declaración Jesús, yo le pongo la música!»
Hoy cuando ha partido a su encuentro con Dios, nos embarga un fuerte dolor. No solo era un verdadero amigo, ni un reportero excelso. Era hermano del maestro Martín Coronado, tambien fallecido y que me instruyó en el campo de la raíz cuadrada y regla de tres en quinto grado de la Escuela «Fe y Alegría-San Luis Gonzaga» de Cumaná. A ambos le he guardado admiración y respeto. ¡Descansa en paz, apreciado Pedrito!
Lo recuerdo con aquel ímpetu de reportero gráfico, siempre detrás del hecho noticioso y mostrando sagacidad para hurgar la fuente y mostrar con brillante redacción cada palabra al ávido lector. Era tiempos cuando el periodismo se concebía como el Cuarto Poder y sus heraldos pasaban largas horas dedicados a la lectura y llenaban de creatividad metafórica los impresos matutinos.
«Pedrito» fue una gran escuela de ese diarismo refrescante que se abrió con fuerza en la Cumaná preñada de esperanzas e infortunios. Aunque no pudo culminar sus estudios de periodismo en la UCV, fue un impecable reportero que hacía vibrar cada letra de sus escritos en su amplia sala de redacción del periódico «Siglo 21», hoy desaparecido por la vorágine del espacio digital.
Su muerte me ha impactado mucho, al igual que al resto de nuestros paisanos sucrenses. ¡Cómo no afectarme, si de él aprendí a valorar la amistad y el profesionalismo en lo que uno hace! En su habitual oficio se sumergía en una antigua máquina de escribir, su fiel compañera de oficina, y pulsando sus dedos sobre el teclado le daba forma y sentido a su producto periodístico.
Mi mente se regresa a finales de los 80, cuando era un joven irreverente, aprovechaba las vacaciones de mis estudios en la UCV y regresaba a mi natal Cumaná a dar declaraciones en «Siglo 21» sobre la problemática universitaria. En esa época era Secretario General de la FCU de dicha Alma Mater. Pedrito se mostraba amable y con la deferencia por delante. Siempre me decía: «¡No te preocupes por la declaración Jesús, yo le pongo la música!»
Hoy cuando ha partido a su encuentro con Dios, nos embarga un fuerte dolor. No solo era un verdadero amigo, ni un reportero excelso. Era hermano del maestro Martín Coronado, tambien fallecido y que me instruyó en el campo de la raíz cuadrada y regla de tres en quinto grado de la Escuela «Fe y Alegría-San Luis Gonzaga» de Cumaná. A ambos le he guardado admiración y respeto.
¡Descansa en paz, apreciado Pedrito!

