En artículos anteriores me he referido al fantasma atemorizante, que recorre el país, la camisa de fuerza invisible, agazapada en sindicatos, universidades, comunidades, gremios, creada, azuzada por el Destructivismo del Siglo XXI, renuente a evaporarse, el cual ralentiza el proceso de transición hacia la Democracia, solo manifiesta en enroques con los mismos nombres que crearon nuestra tragedia, que en nada remedian la miserable, ruinosa, situación de la sociedad venezolana.
Más que un fantasma, se trata de un comportamiento acendrado, rasgos reales de una cultura controladora, represiva, asordinada, que el gobierno por encargo no puede dejar de irradiar. La actitud policial, represiva le resulta incontrolable, el modo inteligencia de Estado permanente, tardanza del cálculo en las decisiones, se corresponde con un modo de ser, sustrato perverso hecho crónico, aún luego de desprenderse de lo más grotesco, repugnante, del modelo destructivista del siglo XXI.
Es esta primera conclusión la que nos permite afirmar que el modelo del Rodrigato no es más que una versión de lo mismo, valiéndose de un gobierno por encargo, con capacidad supuesta de control del aparato administrativo y militar, pero sin legitimidad ni sostén social alguno.
Nuestra segunda conclusión nos lleva a afirmar que un gobierno democrático, de elección soberana, directa, mediante un proceso electoral inmediato, puede operar con legitimidad, respaldo social, eficiencia, diligencia, con los mejores recursos humanos, visión estratégica, sin tener que mirar por el retrovisor, empañado de crímenes de lesa humanidad, saqueo, corrupción, violencia, represión, destrucción.
Vamos a elecciones, un gobierno presidido por María Corina Machado está listo para hacer de Venezuela un país grande, próspero, de oportunidades para todos.

