Domingo Kultural.
Hay semanas en que el presente se encarga de desempolvar la historia. Esta fue una de ellas. Mientras el país celebraba una nueva hazaña deportiva, inevitablemente vino a mi memoria don Abelardo Raidi: periodista, promotor incansable y, sobre todo un valenciano universal polifacético; su leída columna *La pantalla de los jueves* fue lo menos importante que hizo en su vida. Su trayectoria da material para un libro de 1000 páginas.
Compartimos en los Panamericanos de la Habana (1991), conversador incansable, era recurrente su nostalgia por un episodio deportivo fundamental. Consigno aquí en su memoria unas pinceladas que desde el cielo el hombre de los “pantallazos” aprobaría.
En 1941, cuando Venezuela se coronó campeona mundial amateur en La Habana, no todo fue gloria en el terreno. Antes hubo una epopeya menos visible: conseguir el dinero para viajar. Ante la negativa oficial, Raidi -un apoyo decisivo- lanzó su cruzada desde la prensa: “un bolívar por el amor de Dios”. Y funcionó. El país entero puso su granito (o su bolívar), y el equipo llegó… y ganó.
Aquel 3 a 1 contra Cuba, con el “Chino” Canónico dominando desde la lomita, no solo fue una victoria deportiva: fue una lección de identidad nacional. Una que, curiosamente, se repite. Esta semana, otra generación nos hizo vibrar igual, con un estadio (y unas redes sociales) convertidos en coro: poncheee… poncheee.
Cambian los tiempos, cambian las tecnologías, pero no cambia lo esencial: el béisbol como excusa perfecta para sentirnos país. Antes los seguimos por radio en la voz de “Pancho Pepe” Croquer; hoy lo vemos en vivo y lo gritamos en video. Antes se reunían bolívares; hoy se multiplican los likes. Pero la emoción… esa sigue intacta.
En 1941 “El chino” Canónico dominó con su famosa bola lenta o cambio de velocidad; ahora en 2026 el cerrador Palencia con su recta de humo invisible.
Como siempre: esfuerzo, disciplina y constancia.
El padre de Canónico, buen compositor y muy famoso su *Totumo de Guarenas*…enseñó a su hijo a jugar béisbol y tocar batería. Por otra lado y otros tiempos, Daniel Palencia en medio de grandes incertidumbres vitales vió Rocki lll con su padre y no olvidó un diálogo fundamental: “No importa lo fuerte que golpeas, sino lo fuerte que puedan golpearte y seguir avanzando”. ¡Resiliencia!
Los cubanos nunca olvidaron aquel juego, y en los EE.UU. tampoco nos olvidarán -eso dicen- les impacto la alegría y empatía de nuestras barras: *ponche, ponche*.
Ellos tienen cañones, nosotros picheo y jonrones. Mientras tanto, hay uno que no pudo ver el juego, le dieron “Papita, maní… tostón.
Nos vemos por ahí.

