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Ricardo Combellas: Nuestros teólogos políticos

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La fe es el bastión inexpugnable de la política. Carl Schmitt.

La teología política es una rama de la teología que estudia las relaciones entre el mundo religioso regido predominantemente por una visión escatológica y la política, que en su versión radical sostiene la sobredeterminación de una concepción espiritualista del obrar humano sobre los valores y acciones que rigen la vida política. Si bien esta concepción  de la teología política ha sido fuente de controversia en la historia de la teología cristiana, ya desde la obra señera de san Agustín en el siglo V había quedado clara la distinción entre la Ciudad de Dios y la Ciudad Terrenal (“los dioses que honra la teología política no pueden proporcionar la vida eterna”). En este sentido el teólogo Ratzinger (el posterior papa Benedicto XVI) tiene el  mérito de haber separado la teología política de la escatología, incorporándola más bien dentro del ámbito de la teología moral como ética política, es decir referida a los valores que deben guiar a los cristianos en la vida política. Como diría el pensador francés Marcel Gauchet, “estamos en trance de aprender la política del hombre sin el cielo -ni con el cielo, ni en lugar del cielo, ni contra el cielo-”.

La historia de Occidente, a diferencia del fundamentalismo islámico, donde los dogmas religiosos prevalecen y guían la política, revela la paulatina desacralización de la política, dada la progresiva primacía de la secularización, consistente en el despliegue de la dimensión temporal de la humanidad  desprendida de sus fundamentos religiosos frente al triunfo de la razón, con lo cual por lo menos desde Maquiavelo, y con su época dorada en la Ilustración del siglo XVIII, la política intenta separarse de la religión y construye sus específicas leyes positivas.

El aserto anterior no ha significado en nuestro tiempo, como cabría suponer, la desaparición de la concepción radical y extremista de la teología política, pues ha sido revivida por un polémico y muy influyente autor contemporáneo, Carl Schmitt, gracias a la publicación de una serie de monografías atinentes al tema donde destaca su obra Teología Política, publicada por primera vez el año 1922.  Sin entrar en consideraciones teóricas que desbordan las pretensiones de estas líneas, la concepción de la política de Schmitt se sustenta en la radical oposición amigo-enemigo, conceptos teológicos secularizados que corresponden a la radical oposición entre el cielo y el infierno, fundamento de una “ética de la convicción radical” en contraposición a la “ética de la responsabilidad“ formulada por Max Weber, por lo cual la política debe guiarse por la destrucción incluso física del “enemigo” donde no cabe ni el diálogo, menos la negociación ni tampoco la reconciliación.

Algunos líderes de la Venezuela actual, que yo colocaría en la nueva derecha, seguramente sin conocer la fuente schmittiana de sus pretensiones políticas, expresión por lo demás de una teología política radical, sostienen y recalcan sin ningún pudor que su lucha es “espiritual”, una batalla entre el bien y el mal, por lo cual gustan de citar a los profetas bíblicos, donde no cabe ninguna pretensión de posibilidad de encuentro provechoso con el adversario, que podría realizarse perfectamente dentro de los valores y principios de nuestra Constitución (que aceptan por lo demás a regañadientes); en suma se trata de  líderes que terminan planteando peligrosos dilemas ante la hoy todavía lejana transición. A ellos, expresiones humanas de la ética de la convicción, me refiero como nuestros teólogos políticos.

 

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