A la memoria de Raúl, Gladys y Ángela Cuenca y con mucho sentimiento para Gisela, Rosa y Rebeca Cuenca.
Nunca pensé que me tocaría estar en el lugar de hermana mayor. En mi hogar, mi adorado hermano Raúl, era el mayor. Yo disfrutaba un excelente puesto, la segunda hija del matrimonio, la primera del mismo, con relación a las hijas, que fueron dos: Ángela, 5 años menos que yo y Gisela 11 años menor.
Papá, tuvo una hija antes del matrimonio, Gladys. Repentinamente, de segunda pasé a tercera, en la posición en la familia. Mi adorado hermano Raúl, (QEPD) era muy inteligente. Cada vez, que nuestros padres, le querían endilgar tareas de hermano mayor, con diplomacia o con sinceridad, cómo fuera el caso, eludía la situación. “Hay que cuidar a la más pequeña”, decía mamá. De inmediato nos mirábamos: no lo queríamos hacer. Mamá que tuvo 8 hermanos menores y era hermana mayor, estaba acostumbrada a: “Los mayores cuidan a los menores. Punto”. Raúl, cuando se sentía muy presionado, decía “Tarea de mujeres, lo debe hacer Gloria.” No me gustaba, pero no me podía negar a cuidar a mi hermana más pequeña, a la que le llevaba 5 años. ¿Cómo lo hacía? Imitando a papá: regañando, obligando y hasta me atrevía a decir: “Se lo voy a decir a papá”. Mi hermana, debe estar con su amado esposo, riéndose de los cuentos en el Paraíso; frente a papá y mamá, era dócil, tranquila, obediente. Al ellos desaparecer, hacia literalmente, lo que le daba la gana. No me hacía caso en nada, eso desde que, aprendió a caminar. Con inteligencia superior, como lo demostró con sus enjundiosos y difíciles estudios de química orgánica, adoptó la idea: “Sí no se trata de papá o, mamá: no hago caso”. No importa lo que yo dijera, siempre, hacía lo que quería. Ella no respondía. Yo la regañaba. Raúl, sabio al fin, me decía: “No la regañes Gloria, déja que haga lo que quiera. Te vas a meter en un lío.” Yo cumplía, o pretendía hacerlo, instrucciones de papá y mamá. Ella, apenas ellos llegaban, se encontraba: tranquila, contenta y sin comer; no le gustaba nada. Al saberlo, papá se angustiaba, la llevaba a dormir, le llevaba un vaso de leche tibia y hasta que no se lo tomaba no salía del cuarto. Conmigo el problema era otro, gorda y comelona; papá no quería que comiera de más. (Le desesperaban los gordos) Peor, comer de noche. Él atento, ¡qué yo no comiera! Una amiga querida, quien comió en casa; vio cómo papá me quitaba comida del plato: “menos arroz, sin plátanos, solo vegetales y carne”, Con los ojos aguados, casi llorando me dijo: “Gloria, en tu casa no te quieren, Te quitan la comida del plato.” Ella, también de mal comer, le obsequiaban de todo para ver qué se comía. No pudo entender: mi caso era lo contrario. Siempre con hambre. ¿Cómo hacer? Mamá decía: “Nació hambrienta”
Nace otra hermana. Soy pre adolescente, me dicen que Raúl y yo seremos sus padrinos. Aceptamos encantados. La rezamos bien, influyó y resultó más tranquila que Ángela (QEPD) mucho más obediente. Podía hablar con mi amiga, bajo las frondosas matas de mango, mientras Gisela jugaba con las flores y las hojas que le dábamos. Una pasión desde siempre y para siempre. Lógicamente, escogió la biología, es famosa, por sus investigaciones sobre unas prodigiosas raíces: las micorrizas. Esas son su especialidad. Siempre afirma: “prefiere las matas a los humanos”, la excepción: el hijo y el marido. En su amado bosque nublado logró la libertad y se olvidó de los cuidados qué prodigué por años. Curiosa e investigadora desde siempre, “¿Si una niñita está escribiendo y se chupa la goma del lápiz se puede morir?” Pregunta constante y repetitiva. Cuando me había preguntado de 5 o 6 cosas más. Fastidiada le contestaba: “Si, seguro se va a morir”. Aterrada me contestaba: “La niñita soy yo”. Lloraba, la consolaba, “No, no es verdad, no te vas a morir, no preguntes más”.
Los recuerdos, sobre la infancia, la adolescencia y juventud vienen a la memoria en estos días de dolor intenso y profundo pesar; solo mi profunda Fe en Dios y en la existencia en otra vida, me ayudan a seguir adelante. No es justo. Soy mayor que Ángela, 5 años. ¿Por qué parte primero? Tuvo una enfermedad terrible. La ocultó con celo. Creyó que la podían inhabilitar en su trabajo si se sabía lo que tenía: esclerosis múltiple. La medicación, que le daba el estado, por lo costoso de la misma hace unos 9 o 10 años, la “maravilla del régimen” en Venezuela se la quitó. En ningún país del mundo ¿civilizado? ¿decente? ¿democrático? el medicamento puede ser costeado por el sector privado, tampoco ningún seguro, lo puede proveer. Son los estados los únicos que pueden ayudar a estos enfermos con su costosísima y eficaz medicación. Más resignación y paciencia.
Vuelvo, al tema de la “hermana mayor”. Una vez el historiador Manuel Caballero, profesor de Historia de Venezuela en la Escuela de Periodismo, dijo: “por tu carácter, pareces hija única”. Se sorprendió cuando le dije que tenía 3 hermanos del mismo padre y la misma madre; y 3 medias hermanas de otros matrimonios de papá. He dicho mis 2 hermanos mayores murieron, hace ya tiempo. Sin darme cuenta pasé a ser hermana mayor. Además, con anterioridad por profundo amor, gran admiración y solidaridad con mi madre; cuando mi padre se divorció de ella, asumí varias tareas para ayudarla. Ella era joven, (se casó de 15 años, a los 15 años de casada, papá se divorció de ella) Con agradecimiento por su conducción de nuestra vida en los años siguientes, hice casi siempre lo que me pedía. No la complací: cuando no me casé por la Iglesia; tampoco quise ser abogada. Fueron aspectos personales de mí vida. Insisto, hice lo que me pedía, sin estar de acuerdo. Con Ángela la cuidé desde siempre y hasta siempre. No fue fácil. Las dos Cuenca, de fuerte carácter; con destino programado. Decidió por voluntad propia, cuando pudo hacerlo. Se cumplió hasta el último día con sus deseos. Descansa en Paz querida y brillante hermana. Por fin me doy el lujo de decir: no soy hermana mayor. Tercera por el lado de papá, segunda por el de mi madre. Soy la feliz y orgullosa madre de Maya y Adolfo, con orgullo y felicidad, también sentimientos de amor y orgullo, la abuela de Gustavo, Enrique, César, Carolina, Santiago y Eva Lucia.
¡Alabado sea Dios!

