Barbie y el Ken de Euphoria protagonizan el taquillazo del Día de San Valentín. Hablemos de Cumbres Borrascosas entre comillas. Esta es una adaptación libre y posmoderna que parece más cruce entre la novela original y los amores imposibles de Romeo y Julieta.
Las maneras del teatro isabelino dominan la puesta en escena, bajo el canon de una dirección con actores influidos por el método.
Margot Robbie y Jacob Elordi hacen buena química, logrando que la audiencia llore y ría con sus amores de tragedia. Una virtud de ellos es que capturan con su cuerpo la esencia del relato clásico. Un defecto es que blanquean la fuente de origen.
Cabe la pregunta de si es un producto perfilado para la audiencia woke, o es un trabajo más permeado por la derecha cultural, amén de sus códigos de pureza racial e integrismo.
El filme parece bascular entre ambos ejes y perfiles geopolíticos, buscando mayor impacto en el público.
De cualquier modo, las dos tendencias instrumentalizan el contenido en sus foros de conversación digital.
La cinta sabe sacar partido de ello en redes sociales. Es parte de su acabado de ingeniería de data y emoción.
Dirige Emereld Feneld, entre su estética videoclipera de Promising Young Woman y su diseño de set pieces que hacen las delicias de la generación TikTok.
Las mejores secuencias de la película recuerdan la fuerza de Sofía Coppola en María Antonieta con sus canciones contemporáneas y anacronismos de galería fashion de revista chic.
Las series de época encuentran un paralelismo en la estética camp y de soap opera de la autoconsciente producción de la realizadora.
Hay un tono surrealista y oscuro que es propio de la autora, pero que parece inspirado en las adaptaciones más desatadas de la novela, como las de Buñuel y William Wyler.
El terror gótico y ahora elevado también consiguen una recuperación en el armado conceptual de la película.
Tengo la sospecha de que esta Cumbres Borrascosas le gustará a los fanáticos de Pedro Almodóvar, porque recrea sus atmósferas de melodrama intenso y desmesurado.
Pero atención, la película es más reprimida de lo que aparenta en su explotación del erotismo. De modo que se atempera la dureza de la narración de base.
Considero que es un aporte en una época donde se reprimen los sentimientos, cuando el drama atraviesa por una crisis, lo mismo que la gente para expresar sus afectos.
Por igual, me gusta su lectura subtextual sobre la locura del amor que se convierte en cura, adicción y una forma de muerte lenta, ante un mundo gris de desigualdades y abusos.
El corazón roto se enferma, a consecuencia de la incapacidad de consumar el deseo y de la toxicidad de una era de mucho tormento. La mujer sufre y cumple un calvario, en medio de un ambiente hostil de pornotortura.
Por eso, no es nada casual el papel secundario del chico de Adolescencia, como un Heathcliff traumado por la violencia de su contexto. La manosfera se cuestiona, desde la visión feminista de la directora.
Cumbres Borrascosas dividirá la opinión por todo lo dicho, pero será un éxito como forma de hacer catarsis, recordando a Titanic y sus mares de lágrimas. Amo y respeto el desparpajo de su directora para llevarla a cabo.
Noto que el guion cae en una meseta de redundancias hacia el segundo acto, hasta salir del bache en el final.
Vayan a verla, saquen su propia opinión y no dejen pincharse el globo por los algoritmos incels que la odian por mero prejuicio.
Es una película para disfrutar en el cine y celebrar que la productora Warner está de racha.

