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Julio César Hernández: Conflictos que le dieron lumbre a la federación

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A 167 años

El 20 de febrero de 1859, desembarca en la Vela de Coro Ezequiel Zamora, quien había sido expulsado del país, por el entonces Presidente de la República Julián Castro, líder del movimiento llamado la “Revolución de Marzo”. Una de las tantas, que ha tenido el país. El Dr. Lisandro Alvarado, historiador de la Guerra Federal y silenciado en su obra, por el actual sistema político, para darlo a conocer a las nuevas generaciones de venezolanos, consideró a Zamora el “alma del movimiento federal venezolano”, quien anduvo insurrecto en la provincia de Aragua, hecho prisionero, y condenado a muerte en 1847, la pena le fue conmutada.

Programa político

Zamora venía desde Curazao, acompañado de Antonio Leocadio Guzmán y otros personajes más, que se definieron políticamente de tendencia ideológica liberal. Guzmán coadyuvó a la construcción de la Junta Patriótica de Venezuela, que redactó el primer programa de la Federación, que constará de 26 artículos en donde se enumeran derechos y garantías que van a ser plasmados en la segunda Constitución de Valencia de 1858, destacándose la implantación del sistema federal, como forma de organización político-territorial. Otra de las principales razones que los llevó a dictar esta proclama, era el de considerarse la mayoría, ergo, a ellos les correspondía el derecho de sancionar las leyes.

Primer Estado Federal

Una de las primeras medidas adoptadas, fue la de proclamar a Coro, como el primer estado federal de Venezuela, desde donde impulsó su proyecto federativo, rompiendo con el gobierno de centralista que actuaba desde Caracas, a cuyo modelo de gestión, opusieron el de la administración autónoma de aquel estado que, aspiraban implantarlo en el resto del país. El país dejó de ser una república de provincias, para convertirse en los Estados Unidos de Venezuela, según la Constitución de 1864.  Otro hecho importante, fue que, en aquella ciudad del nor-occidente venezolano, se firmaron los primeros decretos que abolían la pena de muerte por causas políticas.

Manipulación del modelo

Recordar el modelo de administración autónoma de los estados, tiene bastante relevancia en los tiempos actuales, por el uso que se ha dado a un modelo de organización político territorial, eficiente, pero que en su aplicación no ha dado los resultados esperados, tal vez, porque el término federación, solo ha sido utilizado para atraer adherentes y luego de conquistada una meta o metas de poder, se le da la espalda, prevaleciendo entonces un marcado individualismo, que rompen en buena medida las reglas de la sana convivencia democrática, generándose así la anarquía en donde cada líder, líderes o grupos regionales, se convirtieron en caudillos, en una inadecuada interpretación y aplicación del término federalismo.

Para no olvidar

La abolición de la pena de muerte por motivos políticos, fue uno de los puntos claves contenidos en el mencionado primer programa de la federación, lo cual debe ser recordado en cualquier tiempo histórico, sobre todo, cuando en la política operen los criterios de que el adversario es enemigo, o cuando se le pretende deshumanizar, con calificativos degradantes a su dignidad humana, ergo, el respeto a la vida, a la integridad de las personas, y al honor, siempre debieran ser garantías a ofrecerse en los sistemas políticos que se precien de ello, pues en definitiva, la política no se creó, para que el hombre se destruyera.

El valor de la vida

Por las anteriores razones, aquella Constitución dispuso expresamente que, la vida era un derecho inviolable, por tanto, el Estado no tenía derecho a quitársela a ningún ciudadano, bajo ninguna circunstancia. A partir de aquel entonces, todas las Constituciones venezolanas han mantenido la prohibición de la pena de muerte o formas simuladas de ocasionarla a los adversarios políticos del poder, con lo cual se pretendió “civilizar” la dura lucha política de aquellos años, aunque estuviese en curso la “guerra federal” en donde los rivales políticos dirimieron sus diferencias políticas a través de las armas.

Zamora

Al frente de ese movimiento político-militar, contra los conservadores de Castro y los Monagas, se encontraba el implacable Zamora, quien incrementó su tropas, relegándose a la política, como medio de resolución de conflictos, armó una goleta a la que le colocó el nombre de federación y procedió a nombrar un gobierno general de la federación, “elegido por el gobierno de los estados” con lo que se les daba peso político en detrimento del centralismo que campeaba y que no permitía según los federalistas, mayores entendimientos. Por eso, sus lemas fueron: “tierras y hombres libres” y, “elecciones populares y horror a la oligarquía”.

En este último aspecto se destaca que, el descontento social era inocultable, por la tenencia de las tierras. Zamora se aprovechó de tal circunstancia y colocó esos eslogans en el centro de su pensamiento, que despertaba confianza entre la población, pues se percibía como una promesa de justicia social, frente a la oligarquía militar y civil, a la que había que destruir, tras la conclusión del período de independencia, por mantener el control de la tierra y del poder político en detrimento del bienestar y la prosperidad del pueblo. Fue así, como por breve tiempo logró que el campesinado se sintiera parte de su proyecto político.

Falcón

Zamora es asesinado en enero de 1860 en San Carlos, y la federación queda en manos de Juan Crisóstomo Falcón enemigo de la guerra, no logra conectar con las masas que habían seguido al militar asesinado, dado que Falcón perteneció a una clase social considerada elitista, que en lugar de proseguir la cruel guerra o enfrentamientos estaba más dispuesta a entenderse políticamente con los conservadores y fue así como a través del Tratado de Coche, se firmó la paz entre los participantes de aquel conflicto, sin que en buena medida el problema de la tenencia de la tierra (latifundios), hubiese sido resuelto.

Auge y declive

La federación entonces vivió momentos de auge y de declive, primero con sus propuestas políticas seguidas por las clases sociales más desprotegidas, la Constitución de 1864, que fue el texto jurídico que consolidó el triunfo de los liberales en la guerra federal, su mayor logro, en donde los estados tenían derecho a tener sus propias leyes, recaudar de manera originaria ciertos impuestos y administrar justicia, en tanto y en cuanto, no colidiera con la Constitución federal y la batalla de Santa Inés, todo lo cual va a fenecer con la llegada al poder en 1870 de Antonio Guzmán Blanco, que vuelve al modelo gubernativo centralista.

La Federación como idea política

Si ha habido algo en la historia contemporánea venezolana es el “gusto por el poder”, pero precedido algunas veces, de un vacío de ideas que sustentaran o le dieran forma a las actuaciones o hechos llevados a cabo por los actores de la política nacional y regional. Fue así como, quien vociferaba “federación o muerte”, años más tarde (1870) a la promulgación de la Constitución de 1864, puso freno al federalismo en curso, que había desembocado en anarquía y fragmentación, dada la escasa preparación de los gobernantes de los estados, poco conocedores de esta idea proveniente de los Estados Unidos a partir de 1811.

El anterior argumento se sostiene en un hecho ocurrido en el año de 1869, en donde Antonio Leocadio Guzmán ante la cámara del senado expresara: “no sé de dónde han sacado que el pueblo de Venezuela le tenga amor a la federación, cuando no sabe ni lo que esta palabra significa…, si los contrarios hubiesen dicho federación, nosotros hubiésemos dicho centralismo”, frase que es, en buena medida tragicómica, pues fue la denominación dada, para enmarcar un corto proceso histórico, al cual no se le estudió, ni mucho menos practicó en su real esencia, pero cuyo latido vuelve a sentirse, ojalá esta vez, sea con más conocimiento, profundidad y con apego a los principios que la rigen.

 

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