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Sergio Monsalve: 5 propuestas para reconciliar al cine venezolano con su público

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1) Así como se decreta el cierre del Helicoide, debe declararse la reapertura del CNAC y del Festival de cine venezolano. Su reactivación como entes orgánicos al servicio de todos, sin distinción.

2) Del mismo modo que se liberan a los presos políticos, deben liberarse las películas a las que no han querido concederles su certificado de obra nacional. Esta y otras formas de censura se tienen que terminar.

3) Hay que hacerles un documental, una miniserie, a las madres que siguen en todos los centros de detención, hasta ver a sus hijos en libertad. Ellas son como nuestras Madres de la Plaza de Mayo, y merecen un monumento cinematográfico, para que el calvario que sufrieron no se repita.

4) Debe permitirse el regreso de todos los cineastas de la diáspora que tuvieron que salir del país, por motivos políticos. Esperemos que con la vuelta de los vuelos internacionales, el cine venezolano de afuera se pueda reencontrar con el de adentro. Solo así seremos más fuertes en el cine venezolano y lograremos volver a Cannes. Hasta soñar con el Oscar como Brasil que lleva dos años siendo nominado, al elaborar su duelo y trauma por la dictadura.

5) El cine venezolano debe perder el miedo y ser testigo de su tiempo. Para ello es indispensable que también vuelva la democracia por completo. Por lo pronto, se respira un aire de transición, que es positivo, de cambio y de esperanza.

Confío en que el cine venezolano hará causa común, convocará a jornadas de diálogo para repensarse de cara al futuro, para permitir que todos seamos incluidos en su plataforma.

Ojalá se ruede un final feliz para la película violenta que empezó con golpes y que desde 1999 se impuso por la fuerza de las armas, causando divisiones, estragos y 8 millones de desplazados.

Si 2025 fue el año con menos espectadores en la historia del cine venezolano, en 2026 debe ser al revés, un año de éxitos de taquilla y de crítica.

No hay que ser muy experto para descubrir una correlación entre la buena salud del cine y la realidad de un país solvente en todos sus ámbitos culturales.

Es imposible que ocurra un milagro en el cine venezolano, bajo un estado de sitio.

Que se ejecute la reapertura del cine venezolano.

Ya vimos que, con propaganda e intoxicación partidista, el cine venezolano involucionó, retrocedió, hasta volverse intrascendente, minúsculo, de exiguo valor para la audiencia.

Siempre echarle la culpa al exhibidor de turno, tampoco es inteligente y del todo justo.

Porque se ha crecido con una mentalidad de víctima en el cine venezolano, una que es parte del problema, porque se cree que el cine venezolano merece todos los subsidios y privilegios, independientemente de su calidad.

Pensar en lo contrario puede ser una salida, como con la nueva ley de hidrocarburos, que abre el juego del mercado.

En tal sentido, la Ley del Cine Venezolano tendrá que ser revisada, aunque no parezca una idea sexy.

De cualquier manera, vamos entendiendo que los problemas del cine venezolano son los del país y viceversa.

Para empezar de cero, otra vez, tenemos que ponernos de acuerdo, porque con imposiciones y decretos, con un sectarismo que excluye y discrimina, ya vimos que quedamos a la intemperie, en medio de un deslave audiovisual. Apostar a la diversidad, el pensamiento crítico, la libre expresión y la creatividad de ruptura, que fueron pilares del cine venezolano.

Lo dicho: propongamos y soñemos.

Por algún lado hay que comenzar.

Ustedes qué opinan.

 

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