Para quienes se deleitan discutiendo el nombre de un acto agresivo, ilegal y brutal, de un Estado contra otro, pues de esa manera buscan minimizar el grave delito ocurrido y pasar a justificar lo sucedido, les informo que invasión militar es “el ingreso ilegal de fuerzas armadas de una nación a un territorio ajeno, sin permiso ninguno, con el propósito de ocupar territorio o lograr el control del invadido o derrocar al gobierno existente o producir destrucción material”. Es claro entonces que lo ocurrido en Venezuela, el 3 de enero pasado, fue una invasión militar, independientemente de que no haya sido seguida de ocupación inmediata del territorio. Derrocaron al gobierno existente, mediante el secuestro de su presidente; tomaron el control del país y de sus riquezas mineras y destruyeron infraestructura eléctrica, de comunicaciones, portuarias, militares y habitacionales, aparte de causar muerte de combatientes y de civiles indefensos.
El secretario de Estado gringo, Marco Rubio, no pudo ante el senado defender la tesis de que no había habido ninguna invasión militar, sino que simplemente se trató de la detención de un reo de la justicia estadounidense, que tenía orden de captura de un tribunal y no se había presentado en respuesta a su citación. Solo gente discapacitada cerebralmente o ignorante puede pensar que de eso se trató, pues ningún gobierno moviliza unas fuerzas navales y militares de esa magnitud, simplemente para cumplir la requisitoria de un tribunal. Fuimos invadidos y derrotados militarmente por el ejército más poderoso del mundo. El gobierno fue descabezado y estamos intervenidos, pues no somos libres de decidir internamente las cuestiones importantes. Las leyes que generemos estarán mediatizadas, en distinto grado, según los intereses y presiones externas.
Para quienes, por distintas razones, incluso desconocidas por los propios afectados, la soberanía nacional no es importante, el problema parece reducirse a mejorar su situación económica o poder ejercer con mayor libertad sus derechos políticos. Para unos, el empleo, el salario, la inflación, la devaluación monetaria, la escasez, la producción, el comercio, la ganancia, son los elementos fundamentales de sus vidas. Otros se preocuparán por la política, la democracia, las elecciones, es decir por la toma y control del poder, actualmente debilitado y subyugado ante fuerzas externas muy poderosas. Estos intereses no son en sí mismos criticables, se los entiende perfectamente, pues forman parte concreta y evidente de la vida diaria. Ni siquiera la indiferencia que manifiestan ante la violación de la soberanía es criticable, pues realmente son víctimas y no responsables de la situación en que se encuentran; su inconciencia es similar a la de quien no sabe leer ni escribir.
El gobierno provisional chavecista persiste, pues conserva suficiente fuerza interna para garantizar la estabilidad social de la república y ésa es su carta de negociación con el imperialismo gringo, que ha dejado muy claro que, si no se cumplen los acuerdos alcanzados, utilizaría una fuerza mucho mayor para someternos. Se podría pensar entonces en mayor destrucción, mayor número de víctimas fatales y de heridos y de discapacitados luego; de hambre, miseria y emigraciones masivas. La agresión en ese caso sería seguida de una ocupación militar, un escenario mucho peor al existente y muy costoso para Venezuela. Ante esa posibilidad, la presidente encargada ha dejado claro que el rescate de la soberanía será enfrentado pacíficamente, por la vía diplomática y negociaciones con el agresor. No tienen otra forma de enfrentar la penosa situación existente, y es lo mejor en este momento para la nación, por lo que no he dudado en apoyarla en este sentido.
No bastan, sin embargo, las declaraciones para garantizar el logro de los objetivos. Se requieren acciones que garanticen una unidad creciente de los venezolanos alrededor de su patria, y esas acciones deben ser ejecutadas principalmente por quienes tienen el control interno del poder. Para ello deben recuperar el respaldo, respeto y cariño de la población, que perdieron en la medida en que tomaron la ruta excluyente represiva en lugar de la plural participativa. Es a la nación venezolana a la que hay que unir, para que defienda sus derechos ante el extranjero invasor, con el cual hay que construir nexos de buena vecindad, pese al rechazo que se pueda sentir por su acción violenta, ilegal y descarada. Lo tenemos en nuestro mismo continente y no hemos debido desafiarlo irresponsablemente de la manera en que se hizo, pues no teníamos con qué sustentar esa posición.
El peor peligro actual es la caotización de la sociedad, lo cual están claramente buscando quienes auparon la invasión gringa y fueron dejados fuera en esta fase de la intervención. Bienvenidas las excarcelaciones y la Ley de Amnistía.

