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José Vival: Innovaciones tecnológicas, alienación y crisis espiritual I

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El concepto y teoría de la alienación del ser humano fue desarrollado y debatido en el siglo XX, propuesto por Karl Marx y se disemino a gran escala en el planeta. De acuerdo A Marcelo Mustos en su trabajo titulado Teoría de la Alienación, opina “En los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, con la categoría de Trabajo Enajenado, Marx no solo extendió el alcance del problema de la alienación de la esfera filosófica, religiosa y política a la esfera económica de la producción material, sino que también a la condición indispensable de la comprensión y superación de la primera” (pag.1).La alienación fue identificada como un malestar invisible de la sociedad y una división entre la individualidad y el mundo de la experiencia.

La alienación de la humanidad se define como aquella desconexión profunda de los seres humanos con su propia existencia, sus vecinos, y la realidad misma, en la cual, va perdiendo el sentido de sí mismo, su personalidad y la capacidad de la autorrealización personal y trae como consecuencia sentimientos de impotencia, aislamiento, falta de propósitos y alejamiento, tanto en los ambientes sociales, y económicos, de libertad como opresivos.

Si bien, los avances tecnológicos han traído grandes beneficios, aportes y satisfacciones a los seres humanos. Eso es indudable e innegable. Pero, también, viene aparejado un conjunto de males en todas las dimensiones humanas: sociales, económicas, políticas, religiosas, ambientales y colocan, hoy en día, a la humanidad y al planeta al borde de su destrucción. Podemos encontrar el origen de la alienación en los albores del siglo XVIII con el surgimiento de la revolución industrial en Inglaterra, aproximadamente en el periodo 1760-1840 que se extendió, transformando el mundo y marcando la transición de una economía agraria y artesanal a una industrializada.

El amor a las innovaciones tecnológicas y a la velocidad y apresuramiento que impera actualmente en la forma de vivir, hacer tareas y en todo lo que hacen los seres humanos ha producido una alienación constante y conduce a tensiones nerviosas y stress, en los cuales, unos seres se refugian en las drogas, el alcohol quedando deshechos.  Como comportamiento alienante está el desprecio disimulado hacia aquellas naciones donde no se producen cambios tecnológicos o la mecanización y digitalización se produce lentamente y se demora en llegar. Es menester reconocer que las innovaciones tecnológicas por su alta capacidad productiva nos dan los alimentos, vestidos y comodidades, privándonos de satisfacciones interiores y nos conduce a una crisis espiritual, la cual, no percibimos y la vivimos de forma inconsciente.

Las adoraciones tecnológicas plasmadas en el materialismo nos convierten en idolatras de las maquinarias, equipos, aparatos electrónicos y de telecomunicación que nos han invadidos y nos hemos dejado invadir con facilidad por la publicad y mercadeo alienante que nos anula el pensamiento crítico para no discernir del modo de vida azarosa que llevamos y de cuestionarnos nosotros mismos si en verdad este tipo de vivir es adecuado y satisfactorio. Si es verdad que la tecnología nos ha librado de trabajos penosos y rutinarios, pero no, nos libra de la angustia mental en que andamos a diario y a cada momento en nuestra existencia.

El espacio donde se instala la tecnología, la alienación y las crisis espirituales es la ciudad. Son los centros urbanos con sus construcciones de viviendas, edificios, carreteras, autopistas, tránsito vehicular, centros comerciales, zonas industriales, instituciones, música ruidosa, poblaciones de gran tamaño y aglomeradas en donde estas variables están presentes, se manifiestan y forman un entramado de relaciones perniciosas. La velocidad y el apresuramiento colectivo marca la dirección y la forma de vivir y relacionarse los unos con los otros en el campo de los negocios y trabajos, en la comunidad y el ambiente familiar. Es como un molino o torbellino que nos envuelve y arrastra en excesos de conductas y comportamientos apresurados impuesto por el tiempo y nos sitúa en una vida artificial de tipo materialista. Es cierto afirmar de como la alienación que se manifiesta en los centros comerciales e industriales nos han alejado de la naturaleza, de contemplar árboles, flores, montañas, bosques, ríos, playas y de contactarnos con las bellezas naturales del universo. Es la gente sencilla del campo y zonas rurales, donde no ha llegado la tecnología, quienes disfrutan de la contemplación de la naturaleza y su disfrute.

Como contradicción, aquéllos que viven en ciudades de feas callejuelas o en madriguera de calles angostas o montañas con ranchos de materiales reciclados; entramado de cables eléctricos y de mangueras de agua sin árboles; no ven el mismo futuro y horizonte como los habitantes que viven en calles con árboles, jardines de grandes condominios o urbanizaciones residenciales de dignas construcciones. Sin embargo, los marginales del desarrollo y crecimiento económico poseen un buen celular, tremendo equipo de sonido, motos y vestimenta para andar a la moda. Con esto quiero significar que la alienación, aunque tenga la misma característica; los separa y divide a estos dos (2) grupos de habitantes y viven el proceso alienante a su modo, como mejor les parezca.

El deseo y anhelo de ir a la playa, un rio, subir una montaña o excuersionar los fines de semana, disfrutar de un bosque, cascada, parque con grama natural o belleza natural, es fundamentalmente un deseo espiritual de contactarnos íntimamente con la naturaleza y nosotros mismos. Es, en esos momentos hermosos de compartir, de corto tiempo en donde no hace presencia la alienación, no se manifiesta y nos ayuda a estar   con nosotros mismos por un breve tiempo y. nuestra existencia esta en armonía espiritual.

Debemos reconocer que las invenciones, la organización de los conocimientos científicos tecnológicos abren grandes posibilidades y potencialidades al confort físico y liberándonos de tareas monótonas y rudimentarias y aquí, está su beneficio humanitario; dejan la gran apertura para tareas e ideales más elevados, siempre y hagamos un uso responsable de nuestra libertad y tomemos una aptitud crítica frente a la alienación. Cuando los seres humanos se comportan de manera altruista y solidaria, luchan y buscan eliminar la pobreza material y pensamientos degradantes a nivel individual y colectivo.

Cuando la humanidad, ya civilizada, tome conciencia de la alienación tecnológica; se   irán promoviendo cambios de no vivir una vida materialista y de dependencia dañosa de las innovaciones tecnológicas, de su opresión y control, pasando a una etapa superior de creatividad y desarrollo espiritual. Espero que ese futuro nos alcance y lo alcancemos.

En otro artículo, continuaremos con este complejo e interesante tema. La cosa, no acaba, aquí. Como dice el refrán: Hay Mucha Tela Que Cortar.

Loengrid José Vival – Economista y docente universitario.

 

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