Sumergida en acuerdos internos, se hizo visible a mis ojos una pequeña frase que cautivó la atención durante un par de días en la que me dispongo a rumiar para alcanzar sabiduría. El contexto de los versos se enmarca en una exhortación de valorar y atesorar la gracia recibida por medio de la salvación, visibilizando el amor en la forma de vivir; entre tanto sean los tiempos de bendición o de tribulación, hallando entendimiento en las aflicciones y mostrando un carácter de piedad y amor en medio de aquello que oprime, esforzándose cada día por aquello que ha sido entregado en nuestras manos. El autor confiesa tener el corazón ensanchado para con aquello que enseña y les insta a mirar sus propias vidas y que no estén siendo estrechos. Específicamente dice:
“Nuestra boca está abierta a vosotros, oh corintios, nuestro corazón es ensanchado. No estáis estrechos en nosotros, sino estáis estrechos en vuestras propias entrañas. Pues por la misma recompensa, ensanchaos también vosotros” 2 Corintios 6:11-13. Impacta mi corazón porque en lugar de nombrarles al palpitador directamente, refiere estrechez en las entrañas, lugar donde se llevan a cabo los procesos vitales que nos sostienen y depuran de sustancias no nutritivas para el organismo. Las entrañas son ese espacio donde se albergan diferentes órganos y procesos de forma continua y simultánea.
El apóstol no está mandando a ser de anchas medidas o de corazón gordito, por el contrario, promueve la anchura de espíritu y la gran extensión en los territorios del corazón; para posteriormente ejemplificar aquellos enlaces belial o sin provecho alguno conforme a la esencia y propósito, a los cuales hay que renunciar para lograrse entre los hallados como templo y morada del Espíritu Santo, y así, ser útiles en sus manos para fines honrosos.
Resulta útil meditar en lo que nos une a la gente que pueden ser recuerdos, aprecios, objetivos, historias o espacios compartidos, y cuáles de ellos se constituyen beliales conforme al propósito que se nos ha regalado; y podemos abrazar o no con libertad, pero las alianzas al respecto sumarán o restarán y algunas otras multiplicarán con soltura. Hoy, seré más osada que nunca y propondré imaginar un salón de baile rodeado de armas, recursos, espacios y momentos asociados a aquello para lo cual naciste, ¿lo tienes? ¿Puedes fabricar un lugar así? Ahora, proponte un baile con cada persona que te rodea y mira cuántos de ellos realmente dan un paso hacia la pista.
Así de forma práctica, poética y literal podemos ver sin dubitar quiénes son beliales, quiénes están de paso en el salón de tu vida, o quiénes poseen su propia sala de operaciones. De acuerdo con ello es natural que con ánimo pronto ahorremos recursos y energía solo con los ritmos y piezas que nos corresponden, y seamos espectadores de otros momentos y sones que no nos pertenecen.
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