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Gerson Revanales: La diplomacia y las contradicciones en el Consejo de Seguridad de la ONU

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El hecho de que Venezuela el pasado martes lograra convocar una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y alinear a sus aliados, demuestra la habilidad diplomática de resistencia; una solidaridad concomitante y el hábil uso de los organismos internacionales. Sin embargo, la sesión del pasado martes 23, va más allá del resultado esperado (del tres a dos) y las posiciones asumidas dentro de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, el órgano universal para el mantenimiento y sostenimiento de la paz global, con el supremo poder del veto para bloquear cualquier resolución o propuesta que amenace o ponga en peligro los intereses de las cinco potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial.

Como adelantamos en nuestro artículo de la semana pasada: Muerto el Multilateralismo, Viva el Bilateralismo, la reunión del Consejo de seguridad, se convirtió una vez más en el escenario de una paradoja global, al ver a las tres potencias occidentales versus Rusia y China, acompañados por voces como las de Somalia, Corea del Norte (RPDC), Sierra Leona y Pakistán , hablando sobre democracia y derechos humanos. Basta solo recordar la famosa novela de Aleksander Solzhenitsyn autor del reconocido título Archipiélago Gulag, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1970, por su “fuerza ética” y defensa de la literatura rusa.

Volviendo al tema de esta semana, la reunión del Consejo de Seguridad y la posición adoptada por dos de los permanentes, para el observador casual, podría parecer un avance en el consenso internacional. Sin embargo, para los conocedores de la diplomacia multilateral y expertos en política exterior, la reunión subrayó una brecha profunda entre la retórica diplomática y la realidad interna de estos Estados, al hacer uso el bloque oriental en su discurso, de la soberanía, como escudo de derechos humanos.

La principal contradicción reside en la definición de los conceptos. En el foro de la ONU, el bloque oriental suele argumentar que la autodeterminación es el derecho humano supremo. Sostienen que ninguna potencia externa debe interferir en los asuntos internos de otro país, independientemente de las denuncias de abusos. El otro punto clave en los discursos e intervenciones es la Democracia “con características propias”: países como China, Rusia y sus aliados defienden modelos donde la soberanía, la estabilidad estatal y el control central prevalecen sobre el pluralismo político liberal.

A finales de 2025, la situación de los derechos humanos y la estabilidad democrática, bajo la influencia de China y Rusia, presenta un panorama de represión interna sistemática y una estrategia coordinada para debilitar las normas internacionales, en cuanto a violaciones a los derechos humanos y libertades. Ambos países han consolidado modelos de control social profundo, utilizando la tecnología y el sistema legal para silenciar cualquier disidencia.

El apoyo de estos países a Venezuela no es necesariamente una validación de su sistema político o electoral, sino una respuesta defensiva ante las sanciones y la presión de Estados Unidos, Canadá o la Unión Europea; es el caso de Rusia que defiende la soberanía en el Consejo, mientras mantiene un conflicto activo en Ucrania. Por su parte, China habla de derechos humanos mientras enfrenta un escrutinio global por la situación en Xinjiang y Hong Kong. Corea del Norte participa en un debate sobre democracia siendo uno de los estados más cerrados y autoritarios del mundo, mientras que Pakistán y Somalia son países con desafíos masivos en libertades civiles y seguridad interna, que abogan por estándares internacionales de justicia.

En China, la represión en Regiones Autónomas: continúa la persecución cultural y religiosa en Tíbet y Xinjiang. Informes de 2025 de organismos como Human Rights Watch y la ONU confirman que cientos de miles de uigures siguen detenidos en lo que se consideran crímenes de lesa humanidad.

En Rusia, la persecución política, es parte del sistema. Tras la consolidación del poder de Putin, cualquier oposición interna es clasificada como “extremismo” o “traición”, incrementándose las detenciones arbitrarias y el uso de tortura en centros de detención y utilizándose la invasión a Ucrania como pretexto para eliminar las últimas libertades de prensa y asociación dentro de Rusia y militarizando y amenazando la vida civil (Anna Politkóvskaya, 2006; Stanislav Markélov y Anastasia Babúrova, 2009 y Alexéi Navalni, 2024).

La contradicción final que da vida a nuestro título anterior haciendo una paradoja de la célebre frase de la monarquía europea, “Muerto el Rey, Viva el Rey”; “Muerto el Multilateralismo, Viva el Bilateralismo”, es que el Consejo de Seguridad, diseñado para mantener la paz y proteger los derechos fundamentales, utiliza este foro como un escudo institucional. En este teatro político, típico de la picaresca española, los términos “democracia” y “derechos humanos” no se usan como metas a alcanzar, sino como armas retóricas para deslegitimar las críticas externas.

La estrategia clave que se ha observado durante 2025 es la campaña coordinada para reformar el orden internacional de derechos humanos desde adentro, con la desfinanciación de mecanismos de derechos humanos. Informes recientes revelan que China (como “obstruccionista silencioso”) y Rusia (como “saboteador ruidoso”) han intentado bloquear presupuestos destinados a investigar crímenes en países como Bielorrusia y Siria; y la Redefinición de Conceptos al promover la idea de que la “soberanía estatal” y el “desarrollo económico” están por encima de los derechos civiles individuales, intentando que la ONU deje de intervenir en asuntos internos de los Estados.

La reflexión final a este anatema, es que cuando naciones con historiales tan cuestionados se unen para hablar de libertad, el mensaje real no es sobre la protección del individuo, sino sobre la protección del Estado frente al orden internacional. Es una lucha por el control del diccionario político global.

 

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