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Edgar Silva: Venezuela en tensión extrema

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Entre la presión externa, el control interno y la resistencia del pueblo.

Venezuela atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente, porque el conflicto ha mutado de forma. Hoy se expresa principalmente en presiones externas contenidas, en incremento de la represión interna selectiva y una sociedad que se repliega para sobrevivir, sin posibilidades de realizar grandes movilizaciones o acciones públicas de protestas y de exigencias para salir de la tragedia en que nos encontramos.

Analizar este momento exige mirar el país en tres dimensiones simultáneas: el internacional, el del régimen y el de la sociedad.

I. El plano internacional: presión sin desenlace

Existe una percepción extendida, alimentada por las RESS y la narrativa de los voceros del gobierno de EEUU y de oposición política venezolana, de que las acciones de Estados Unidos en el Caribe, junto con las sanciones económicas, financieras y petroleras, tendrían como objetivo inmediato sacar del poder a Nicolás Maduro y a su entorno. Sin embargo, desde el 2019 eso no ha ocurrido.

Que quede claro: el único responsable responsable de las presiones externas y más aún, de la presencia militar estadounidense en el Caribe, es el régimen por violentar la soberanía popular, la democracia y sus acciones narcoterroristas!

El énfasis reciente en bloquear o restringir las operaciones petroleras del gobierno venezolano, este giro, no apunta a una salida política automática, sino a golpear el núcleo económico del poder. La experiencia demuestra que este tipo de medidas afectan primero a la población, mientras el régimen se atrinchera, endurece el control interno y recurre al discurso de la “guerra económica” para justificar más represión. Más bloqueo petrolero y más sanciones, no equivale necesariamente a más democracia.

Las señales que se vienen dando desde hace años, son de presión contra el régimen. Los ataques al narcotráfico y a las operaciones petroleras apuntan a asfixiar financieramente al régimen quien se nutre de los ilícitos negocios provenientes del polvo blanco y del oro negro. Alguien podría pensar que una vez lograda la asfixia financiera, el régimen cae. Podría ser, pero no necesariamente. Mientras se mantengan en el poder, tienen capacidad de juego, tiempo para maniobrar. ¡Ya los conocemos! ¡No se entregarán por las buenas! No hay señales reales de una operación militar externa (ni interna), dirigida a provocar un cambio de poder en Venezuela. Tampoco existe hoy una coalición internacional dispuesta a asumir los costos políticos, humanos y regionales de una intervención directa. Apostar todo a una solución externa a largo plazo o inminente para Venezuela, ha sido, y sigue siendo, una ilusión costosa. Esta ilusión que muchos abrigan ha contribuido a la desmovilización del pueblo, aparte de la brutal represión del régimen. ¡No hay que crear falsas expectativas que terminen en más desilusión y desesperanza!

II. El régimen: control sin fortaleza real

En el plano interno, el gobierno se mueve entre dos ejes: control militar y represión selectiva. Los recorridos de Maduro por cuarteles, los actos con la Fuerza Armada y la retórica de confrontación externa buscan proyectar una fortaleza que no existe en términos militares reales, pero que sí cumple una función política: cohesionar a la élite gobernante y disuadir fracturas internas.

El régimen no está preparado para una confrontación militar con una potencia como Estados Unidos, ni tecnológica, ni logística, ni estratégicamente. La Fuerza Armada cumple hoy un rol centralmente interno: control territorial, contención social y apoyo a los aparatos de seguridad. En ese contexto, detener a dirigentes sindicales, comunicadores o activistas envía un mensaje claro hacia dentro: organizarse tiene un costo. No se trata de improvisación, sino de una represión calculada, quirúrgica, orientada a evitar la articulación social, es terrorismo de Estado. Maduro puede mantenerse en el poder, no porque sea fuerte, sino porque el miedo está administrado, la élite se protege mutuamente y la comunidad internacional prioriza la estabilidad antes que un desenlace incierto.

III. La sociedad: del estallido al repliegue

El tercer nivel es el más malinterpretado. La disminución visible de protestas públicas no significa rendición ni apatía. Significa aprendizaje bajo represión. La sociedad venezolana, golpeada por años de castigo económico, persecución y criminalización de la protesta, ha entendido que salir masivamente a la calle sin protección organizativa, sin estrategias de seguridad, puede ser suicida. Por eso cambian las formas: menos asambleas abiertas, más ruedas de prensa; menos concentraciones, más comunicación; menos exposición, más cuidado. Cuando organizaciones de trabajadores suspenden actos públicos y optan por formatos menos visibles y mas ágiles, no están retrocediendo: están preservando a su gente. En contextos autoritarios, sobrevivir es ya una forma de resistencia.

Conclusión:

Aunque las protestas han disminuido, en un 48 %, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), con respecto al año pasado, Venezuela no está en calma. Vive una tensión contenida, marcada por un repliegue táctico consciente frente a la escalada represiva. Esto no significa renuncia a la lucha, sino una decisión colectiva de defender los derechos sin seguir pagando el costo de más presos y más vidas. El error sería confundir prudencia con debilidad o silencio con rendición. La historia demuestra que los pueblos no siempre avanzan marchando; ¡a veces resisten cuidándose, documentando y esperando las grietas que se abren en todo sistema que gobierna desde el miedo y desde el terror!

Este análisis no busca desanimar, sino poner los pies en la tierra, romper falsas expectativas y recordar que la solución no vendrá de ilusiones externas, sino de nuestros propios esfuerzos de organización, unidad y nuevas estrategias de lucha frente a la represión.

Hoy más que nunca, “no es tiempo de recular, ni de vivir de leyendas” (Alí Primera), sino de avanzar con inteligencia, cuidando a nuestra gente, porque en la Venezuela de hoy, cuidar la vida también es luchar.

Se trata de unificar todas las luchas, para crear un poderoso movimiento cívico-popular  ¡Que rescate la Democracia y la Libertad!

 

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