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Antonio Alaminos: Premio Filfa de la paz

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Trump ha recibido el premio FILFA de la paz. Y es totalmente merecido al unirse a otros premios Nobel de la Paz que eran tan filfa como el FIFA oficial. Cuestión de peloteo. Genocidas dedicados a la limpieza étnica, como Aung San Suu Kyi, junto a otros muchos promotores de violencias, todos fueron premiados por facilitar a tantos descansar en paz eterna. Barack Obama hasta lo preguntó: “¿Y esto de qué?”; y le dijeron “a la noche lo veremos”. Y digo que muchos vieron la noche. La última ha sido María Corina Machado que se estrenó pidiendo guerra y la invasión de Venezuela. Ya lo escribió Tolstoi, que guerra y paz forman parte del mismo título, por eso es fácil subirse por el final y bajarse por el principio. En esas Trump ya es novel de la guerra, luego atendiendo a la experiencia está a un paso de la b de la paz.

No son los jueces dados a ser juzgados. Como que les molesta. Y, sin embargo, medio mundo anda entretenido opinando a la espera de juzgar la sentencia suprema. Paradojas de hoy en día. Hay mucha probabilidad de una sentencia poco acertada tras el primer fallo. El hilo musical en la Plaza de la París reproduce en bucle “cómo me la maravillaría yo”. Lo de hacer ya lo han hecho, pero resulta que toca razonar la razón de la sinrazón. Por ello en un juicio sobre filtraciones algún miembro del Tribunal, para demostrar que saben lo que están juzgando, van y lo filtran. La experiencia es un grado que ayuda a ejercer la justicia con degrado. Por ello, me solidarizo con aquellos miembros de la judicatura que pasan tanta vergüenza ajena. Ya la paso yo a espuertas escuchando algunos colegas de título y profesión, pero no de ocupación.

Una pregunta recurrente en el caso de algunos políticos del Partido Popular es: ¿De dónde los sacan? ¿Nacen o se hacen a si mismos? Son preguntas tenebrosas que dan para una de Lovecraft. Sin embargo, si no sabemos de dónde los sacan sí es meridiano dónde los meten. Efectivamente: en el Senado. Tarde o temprano, la cámara alta es el lugar idóneo, ya sea para dar de baja o enviar en época de rebajas. Félix Bolaños recomendaba a un senador del PP que, de estar aburrido, se sentara frente a la lavadora a mirar cómo gira el tambor o ir al parque a dar de comer a las palomas. La segunda recomendación iba con ídem. Todo el mundo sabe que en Madrid está prohibido dar de comer a los pobres y a las palomas. Y es que sostiene el ínclito paráclito Almeida que ensucian los parques. Lo que nos lleva a la lavadora y al tambor del senador. Y es que cuando el diablo se aburre, mata moscas con el rabo, monta comisiones en el Senado o le escribe declaraciones a Tellado.

Tanto ecologismo de pacotilla y boquilla va ahora y se queja de que en un hospital madrileño reutilicen el material quirúrgico. Vamos a ver. Si en la botella presumen de haber sido reciclada diez veces, ¿cómo avergonzarse que un catéter se reutilice veinte? ¡Vamos hombre! Si llegado el caso se van a morir igual. Cojonudo digamos. Amen dirán otros. Feijoo sorprende y hace como que se enfrenta a Ayuso, claro que en plan no sé si me explico o se me ha entendido mal. A nada que se descuide, en Madrid la cosa termina en prohibido dar de comer a los pobres, a las palomas y a Feijóo.

No vamos a Eurovisión. Lo cierto es que no es aceptable la visión de Europa haciendo coros con un gobierno dedicado a la limpieza étnica. Ya en amplio espectro, se confirma que la democracia no es el sistema de legitimación preferido por el capitalismo en fase carroñera. China tiene un capi-comunismo, Rusia un capi-zarismo y USA un capi-magismo. A los europeos nos toca un capi-fascismo.

Todos los autoritarismos encuentran en la ultraderecha (sea Vox o su primo hermano) una quinta columna que derruye la democracia desde dentro. Por eso Abascal se alimenta indistintamente a los pies de Trump o Putin: los dos son el Rómulo y Remo de la misma bestia devoradora de la libertad y los derechos humanos. Para despistados, los derechos humanos existieron y fue bonito mientras duró. Por último, una perplejidad. Cuando la extrema derecha nazi crece abrumadoramente en Alemania, especialmente entre los jóvenes, ¿es una buena idea, junto a un rearme prebélico, establecer un servicio militar que enseñe a los más motivados cómo pegar tiros y matar? Será cosa mía el que no me fío.

 

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