pancarta sol scaled

Julio César Hernández: Un orden político justo

Compartir

 

Aproximación

No existe consenso absoluto sobre lo que es un orden político justo, sin embargo, en las Democracias apegadas a sus Constituciones, es común observar cómo se procura buscar un equilibrio entre libertades individuales, igualdad sustantiva y participación libre y abierta para los ciudadanos, lo cual implica el respeto institucional y ciudadano a los valores que le dan vitalidad a este sistema político, tales como alternabilidad, pluralismo, respeto a la soberanía popular, cualquiera sea su decisión y por último, respeto, tolerancia y entendimiento entre gobernantes-gobernados y entre los mismos ciudadanos.

¿Cómo lograrlo?

El intento de conquistar un orden político justo, pasa porque distintos sectores de nuestra sociedad, logren entender que el mismo se logrará, no solo dando sus respectivos aportes de manera adecuada a los valores que la sociedad decidió darse, sino también comprendiendo que, en algunas ocasiones, el interés público prelará por sobre los objetivos o metas que se tracen en lo particular. Ese orden político justo al que como seres humanos tenemos derecho de aspirar, deberá enunciar cuáles serán los valores superiores democráticos a cumplir mediante códigos deontológicos, para evitar así, improvisaciones en ese sentido.

Nos surge entonces, una interrogante con base a todo lo escrito hasta ahora. ¿cómo armonizar las indiscutibles diferencias sociales, que existen y existirán en cualquier sociedad democrática? ¿cómo materializar en el corto plazo, el respeto, la tolerancia y el entendimiento entre gobernantes-gobernados y entre los mismos ciudadanos? lo primero que se debe decir al respecto es que, un orden político justo, debe aprender a convivir con ellas y tratarlas siempre con el propósito de aminorarlas, pues de lo contrario se van a agredir valores como el pluralismo y la tolerancia.

Papel de la justicia

Otro valor superior de un orden político más justo, será el de la aplicación de la justicia, por tribunales independientes e imparciales, conformados por personas que tengan trayectoria, estudios y probada probidad en relación a la dignidad humana, a la libertad y  a la integridad de las personas; que se diseminen en la sociedad los principios de la certidumbre y de la igualdad material en el trato a los ciudadanos, sin discriminaciones de ningún tipo, que en verdad, los procesos judiciales constituyan auténticos instrumentos en la búsqueda de la justicia, y sin que existan grandes polémicas respecto de su aplicación.

Un orden político justo, debe ser promovido desde la idea de que, “sin justicia, no hay ética social posible”. Que se entienda que hay las responsabilidades compartidas, como la protección a la familia; la protección a la niñez, al medio ambiente, aspecto tan relegado en los últimos años, sueldos dignos y suficientes, que se revalorice el aforismo de a “igual trabajo, igual salario”, que haya entendimiento entre transportistas y usuarios, que no se vean como enemigos, para lo cual será indispensable que, se promueva y difunda un orden social más equitativo, lo que se lograría también con un orden económico más eficiente.

Pensamiento de bolívar

Sobre un orden político justo, escribió Simón Bolívar, influenciado por el pensamiento liberal, en los siguientes términos, “en vano las armas destruirán a los tiranos, sino se establece un orden político capaz de reparar los estragos de una revolución”. En una meritoria autocritica dejó para la posteridad. “Un orden político que se apoye en un sistema militar, que es por su naturaleza de fuerza, no constituye Gobierno”. Se hace necesario entonces, frente a esa cruel alternativa, construir gobiernos civiles, que logren convencer a la ciudadanía para que acompañen planes o programas de gobierno, factibles y eficaces.

Ideal de platón

Sobre una forma de alcanzarlo, desde los tiempos de Platón, se planteó que, un Estado gobernado por “sabios” sería lo ideal; pero en estos tiempos, tal aspiración resulta más que imposible, dado que, el acceso a la función pública, en cualquiera de sus ramas, es un derecho civil fundamental, que no puede ser coartado, pero si regulado de distinta manera a la actual, para lo cual se debe dejar atrás, la dañina tradición, “de que todo el poder es el botín del partido político o alianza electoral que se hace con el poder”, dado que a la larga estas reprochables prácticas, terminan en autoritarismos o totalitarismos.

Orden democrático

Un orden político justo, tendría que contemplar aspectos propios de una Democracia funcional y efectiva, como el de los consensos generales, la atención y consulta a las comunidades de todas las tendencias ideológicas, que esos mecanismos de comunicación no sean intervenidos  de manera artificiosa y velada por el Poder central nacional, como se ha planteado con el tema del cuestionado Estado comunal, que se materialicen y midan   principios como los de eficacia, eficiencia y rendición de cuentas, que son indispensables para hacer de calidad una gestión, lo que implica satisfacción ciudadana.

Orden en derecho

En ese orden de ideas, puede decirse que existe un mejor orden político, cuando existe un verdadero Estado de Derecho, es decir cuando el Poder Público ajusta su actuación a la ley y a los principios del Derecho, manifestando respeto a la dignidad de las personas; cuando se hacen transparentes e imparciales los distintos procesos y procedimientos que se llevan a cabo frente a los ciudadanos, los cuales en el actual régimen político dominante, mayoritariamente son favorables a la Administración Pública, produciendo con estas decisiones desencanto y hasta desmotivación para enfrentar sus decisiones.

Concertaciones

A nuestro parecer, para crear un orden político más justo, resulta conveniente que los partidos políticos complementándose con la Sociedad Civil, puedan lograr acuerdos y entendimientos serios y formales, medibles en todo caso, sobre la manera de aplicar  métodos políticos que permitan la incorporación progresiva de distintos sectores de aquella, en la promoción de conceptos inherentes a la actividad política, tales como el de Estado eficaz, eficiente y honesto, respeto al cumplimiento de la Constitución, partidos políticos y representación popular entre los más destacados.

Resultados

Es innegable que, un orden político justo, posibilitará una convivencia social más armónica, haría que de verdad, se diera preeminencia a los derechos humanos, en donde los organismos de seguridad policial y militar queden subordinados a la autoridad civil; para alcanzar tan importante fin, es primordial no imponer el poder, sino consensuarlo, como se señaló al comienzo, dado que un mejor y nuevo orden político surgirá de un equilibrio entre el mando y la obediencia, en razón de que mandar no es sólo convencer, ni menos obligar, sino alcanzar una apreciada mixtura de ambas condiciones.

Fórmula a restaurar

Por último, validar de nuevo el sistema de contrapesos, sería una buena alternativa, frente a las pasiones desbordadas de los hombres, una manera cierta de contener arbitrariedades y excesos, desde ya, se advierte que sujetarse a las leyes, convencionalismos y costumbres no es tarea sencilla. Las leyes y las sentencias judiciales, como herramientas útiles, para lograr un orden político más justo, deberán producirse con la mira puesta en alcanzar este objetivo, para tener una Nación cohesionada, justa y prospera, que permita a sus hijos y a sus generaciones, desarrollarse en los distintos campos de su existencia, en sana paz.

 

Traducción »