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Gerson Revanales: Ética y política exterior

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Hace dos semanas nos referimos a “La ética y la eficiencia” como un reto en el ejercicio de un gobierno; en esta oportunidad dedicaremos estas líneas a la relación entre la ética y la política exterior. Uno de los padres del derecho natural racionalista, Hugo Grocio, sostenía que existe un conjunto de normas de conducta, un “dictado de la recta razón”, que es válido incluso si Dios no existiera. Para Grocio, este derecho natural no solo rige la conducta de los individuos, sino que también prescribe normas para la gestión de las naciones y las relaciones internacionales, sirviendo como la fuente primaria de la ética en la política exterior.

Grocio distinguió entre el Derecho Natural y el Derecho de Gentes (antecedente del Derecho Internacional). El Derecho de Gentes es un derecho “voluntario”, de creación humana, que surge del consenso y la práctica de las naciones. Este derecho moldea la conducta aceptada por los Estados y es el marco legal y ético de la política exterior. Grocio buscó establecer un sistema que permitiera a los gobiernos negociar y relacionarse bajo un marco jurídico y moral, sentando las bases de que las acciones de los Estados, incluida su política exterior, no están exentas de la ética y deben ajustarse a la razón y el derecho.

La tensión entre ambos postulados, reside entre la búsqueda del interés nacional (a menudo ligado a la realpolitik y el pragmatismo de filósofos como Charles Sanders Peirce, William James y John Dewe; frente al compromiso con valores universales (la justicia, los derechos humanos, la igualdad y la paz).

El dilema histórico entre la política exterior, tratado en el artículo anterior, ha estado dominado por la corriente del Realismo, el cual sostiene que el Estado debe priorizar su seguridad y sus intereses por encima de cualquier consideración moral. Sin embargo, en el mundo globalizado, ha surgido una presión creciente para incorporar un referente ético a las acciones internacionales.

La realpolitik (pragmatismo) sostiene que el interés nacional (seguridad, poder económico y supervivencia) debe guiar la política exterior. Las acciones se evalúan por sus resultados (ética de la eficiencia); en cambio, la ética de la moralidad defiende que la política exterior debe basarse en valores universales y principios inmutables, buscando el bien común global (ética de la convicción).

Los Estados enfrentan constantemente dilemas éticos al tomar decisiones que afectan a otros países o a la comunidad internacional, es el caso de la intervención vs soberanía, preguntándose: ¿Es ético que un Estado o una coalición intervenga militarmente en los asuntos internos de otro país para detener atrocidades masivas como genocidio o violaciones graves de derechos humanos, como es caso del Sr. Netanyahu en Palestina, incluso si viola el principio de soberanía?

En consecuencia, surge una segunda pregunta: ¿Cuál es la responsabilidad moral de los países ricos hacia los países en desarrollo, especialmente en temas como el cambio climático; la brecha entre ricos y pobres y la provisión de ayuda humanitaria?, replanteándose nuevos dilemas. Derechos humanos vs Intereses económicos: ¿Debe un Estado privilegiar un acuerdo comercial lucrativo con un país, aun cuando este viole sistemáticamente los derechos humanos de su población? ¿Qué límites éticos existen en el desarrollo, venta y uso de armamento de alta tecnología (como la inteligencia artificial militar) y armas de destrucción masiva?

En la actualidad, ante conflictos como el de Rusia-Ucrania; Israel-Gaza-Palestina-Cisjordania; Myanmar en Asia y Sudán en África, requieren de una necesidad urgente de una “Ética Global” responsable que rija las acciones de las naciones envueltas en los conflictos y sus gobernantes. Esto implica: defensa de la dignidad. El principio de la dignidad humana debe ser un fin y las personas no deben ser utilizadas como meros instrumentos para obtener otros fines políticos o económicos, pero ello existe solo si hay “transparencia y responsabilidad”, al actuar con claridad en las decisiones y asumir las consecuencias de las acciones u omisiones internacionales.

La ética en la política exterior busca construir una barrera contra el abuso del poder político de las grandes potencias y garantizar que la política, tanto interna como externa, cumpla su función de servicio público y búsqueda del bien común. La vinculación entre ética y política exterior oscila entre dos grandes polos de pensamiento: El Idealismo o Principismo y el Realismo (o Pragmatismo; el primero, el Principismo sostiene que la política exterior debe estar guiada por principios éticos y morales, como la justicia, los derechos humanos, la promoción de la democracia, y el derecho internacional. Busca aplicar una moralidad universal a la acción de los Estados. Una política exterior puramente idealista, sin embargo, puede ser vista como ingenua o confusa si no considera las complejidades del poder y la seguridad.

Con respecto a la “ética global”, Thomas Pogge es una figura central, con un enfoque significativo en la justicia y los derechos humanos a escala global. Su trabajo propone una interpretación novedosa sobre el rol de los derechos humanos, entendiéndolos primariamente como restricciones impuestas al sistema internacional en su conjunto, más allá de las obligaciones individuales de los Estados. Por su parte, Martha Nussbaum también ha hecho contribuciones esenciales a la ética y justicia global. Ha explorado los derechos humanos a través de su influyente “enfoque de las capacidades”. Su enfoque busca complementar las restricciones externas de derechos humanos en la política exterior, centrándose en lo que las personas son realmente capaces de hacer y ser. Finalmente, Joseph S. Nye, Jr., asociado a las corrientes del Neoliberalismo y la Ética Aplicada, se centra en la relación intrínseca entre la moralidad y la política. Aboga por encontrar un balance entre ambas, planteando una serie de preguntas éticas que evalúan si los actos políticos son morales en su intención, medios y consecuencias. Nye es conocido por su obra Do Morals Matter? 

El Realismo (o Pragmatismo) argumenta que la política exterior se rige principalmente por la lógica del poder y la búsqueda del interés nacional (la Realpolitik), Hans J. Morgenthau exponente del Realismo Clásico, defensor de la Realpolitik, plantea que la política internacional es una lucha por el poder, y que los principios morales a menudo deben adaptarse a las realidades políticas, donde consideraciones éticas son secundarias o simplemente herramientas para justificar acciones. Desde esta perspectiva, la ética es vista como un lujo o una distracción en un sistema internacional anárquico. Una postura puramente pragmática puede ser vista como presuntuosa y opaca desde el punto de vista ético. Henry Kissinger, como Secretario de Estado, y estratega político, estuvo influenciado por el Realismo, cuya política exterior se caracterizó por la primacía del interés nacional y el equilibrio de poder.

En conclusión, una política exterior sólida y sostenible éticamente suele buscar un punto medio entre estos extremos, Realismo e Idealismo, conjugando el interés nacional con el respeto a ciertos valores universales y el escrutinio interno.

 

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