Según el reciente informe publicado por Comité por la Libertad de los Luchadores Sociales, señala que: “El concepto de terrorismo judicial indica el uso del sistema legal para sembrar miedo, castigar disidencias y consolidar el poder político. Según el análisis desarrollado por la organización Acceso a la Justicia, esto incluye:
. Aplicación arbitraria de las leyes penales.
. Detenciones sin debido proceso.
. Procesos judiciales sin garantías mínimas.
. Uso del aparato judicial para perseguir opositores , activistas o periodistas.
” Habría que agregar, de manera explícita a esta lista, las desapariciones forzadas, tiempo durante el cual el riesgo para las víctimas es extremo, por el uso de la tortura física y psicológica que aplican, documentadas por diversas Ong de Derechos Humanos. 59 personas víctimas, tienen paradero desconocido hasta esta fecha, según el mismo informe.
Un Paralelismo Siniestro entre el Nazismo y el Madurismo
La historia, a menudo implacable en sus lecciones, traza líneas inquietantes entre regímenes que, separados por el tiempo y la geografía, comparten un mismo núcleo del mal: la instrumentalización del Estado de derecho para el terror y la consolidación autocrática.
Así como la obra “Los tribunales del terror” desvela la perversión del sistema judicial nazi —con su Volksgerichtshof (Tribunal del Pueblo) amañando expedientes y aniquilando a la disidencia—, hoy observamos un espejo deformado de esa maquinaria en la Venezuela que lucha contra un modelo que ha sumido a la nación en una crisis sin precedentes.
La Ley Convertida en Látigo
En la Alemania de Hitler, la justicia fue despojada de su venda para ser convertida en una sirvienta ideológica. Los jueces y fiscales se alinearon para aplicar la doctrina del “amigo-enemigo”, donde ser opositor o simplemente “no-nacionalsocialista” era considerado un crimen castigable.
En el Madurismo, el patrón se repite con escalofriante precisión.
*El TSJ como Brazo Político:El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) venezolano ha funcionado, según múltiples denuncias, como un órgano de control político, erosionando la autonomía del poder legislativo y validando sistemáticamente las decisiones del Ejecutivo. Este control político sobre el Poder Judicial, evidenciado por la provisionalidad de gran parte de los jueces y las presiones directas, transforma al TSJ en el moderno “tribunal del terror” venezolano.
*Fabricación de Expedientes:El papel de la Fiscalía General, y el sistema judicial bajo su control, recuerdan al aparato de persecución nazi. Se utiliza la figura del “terrorismo” o la “traición a la patria” o “incitación al odio”, para crear expedientes falsos y judicializar a líderes políticos, activistas y ciudadanos que claman por un cambio. La detención arbitraria, la tortura y los juicios injustos se convierten en herramientas estándar para encarcelar a la disidencia política y social, buscando sofocar cualquier chispa de resistencia.
La Represión como Forma de Gobierno
Tanto el nazismo como el madurismo entienden que el terror es el cemento de la autocracia. El objetivo no es solo eliminar a los oponentes, sino dominar y paralizar a masas perfectamente obedientes mediante un miedo omnipresente.
*La SIPPENHAFT criolla: Concepto jurídico de la Alemania Nazi, que consiste en que la o las acusaciones impuestas a la víctima, considerados como delitos de Estado, se extienden automáticamente a los familiares, quienes también son perseguidos, encarcelados y De esta práctica da cuenta el último informe de la Misión Internacional Independiente de Determinación de Hechos de la ONU sobre Venezuela. La más reciente víctima de esta oprobiosa práctica nazi, es la joven de 16 años Samantha Hernández, ‘hija de un preso político y hermana de un perseguido que padece el exilio. Su delito: Parentesco”.
*Violencia y Persecución Sistemática:La represión en Venezuela va más allá de los tribunales. El uso de fuerzas militares y policiales (como las FAES, señaladas por la ONU por crímenes de lesa humanidad) y la acción de los “colectivos armados” (grupos no estatales que actúan con protección del Estado) contra manifestantes, configuran un sistema de coerción que actúa en la calle y en los centros de detención. Esto es la justicia sumaria, la violencia para-estatal que refuerza el mensaje de que la disidencia no tiene cabida.
*Crisis y Colapso:Este afán de permanencia en el poder, utilizando el terror judicial y la represión violenta, ha sido el motor de una crisis sin precedentes que es simultáneamente institucional, social, cultural y política. Al igual que el nazismo buscaba un orden a través de la exclusión y la destrucción, el madurismo ha conducido a Venezuela a un atraso que ha destruido la economía y el tejido social, manteniendo a la población acorralada por la pobreza y la desesperanza, mientras el poder se concentra en una élite.
La dolorosa y larga lucha del pueblo y de la disidencia venezolana, que “se desangra para salir de la opresión criminal”, es el eco de todas las batallas contra regímenes que han pervertido los pilares de la justicia. En ambos casos, el poder judicial dejó de ser un guardián de la ley para convertirse en el ejecutor más frío y burocrático del terror autocrático, buscando cimentar un modelo de opresión donde la verdad y la libertad son los primeros exterminados.

