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Omar González Moreno: Nicolás Maduro ya no confía en nadie

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Mar de Fondo.

El deterioro del régimen ha llegado a un punto tan profundo que Nicolás Maduro ya no confía ni en los oficiales, ni en los soldados ni en los policías venezolanos.

Sabe que la mayoría de ellos —mal pagados, humillados, vigilados y conscientes del colapso nacional— no moverían un dedo para salvarlo en un momento decisivo.

Por eso, Maduro ha construido un muro de “protección” basado no en la lealtad venezolana, sino en la importación de operadores cubanos del aparato castrista, expertos en represión, control interno y espionaje político.

Desde hace años, pero hoy más que nunca, Maduro se rodea de anillos de seguridad dominados por agentes cubanos, mientras relega a los militares venezolanos a roles secundarios o de simple decoración.

No confía en ellos porque sabe que muchos podrían traicionarlo, desertar o, en el mejor de los casos, no intervenir a su favor.

Es la consecuencia inevitable de un liderazgo que destruyó instituciones, persiguió a oficiales honestos y convirtió a la Fuerza Armada en un aparato corrupto y fracturado.

La presencia masiva de inteligencia cubana en Miraflores, en Fuerte Tiuna y en los organismos de seguridad revela una verdad indiscutible, que Maduro teme tanto a un quiebre interno como a una amenaza externa.

Cree que uno de los mayores peligros está dentro de sus propios cuarteles.

Y cuando un gobernante depende de extranjeros para protegerse de su propio país, ese gobernante ya no tiene poder, solo tiene miedo. Y ese miedo, tarde o temprano, termina abriendo la puerta a su caída.

 

 

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