En el año 2012 la editorial Herder de Barcelona, España, publica una de las obras más memorables de los últimos tiempos. Se trata de la “La sociedad del cansancio”, cuyo autor es el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, residenciado en Alemania. La obra, sin temor a equivocarnos, representa un toque distintivo sobre el estado emocional del sujeto en la sociedad tecnologizada del presente siglo.
El contenido de “La sociedad del cansancio” coloca en el debate público el aparato psíquico del sujeto de rendimiento contemporáneo, quien se encuentra encadenado permanentemente, aunque de manera ilusa piense que es libre. A decir verdad, el individuo se violenta así mismo, está en guerra consigo mismo y se haya atado como Prometeo.
Se trata de un personaje mitológico en constante crecimiento de su alter ego, cuyo hígado es devorado por un águila. Esa relación de Prometeo con el ave, en una permanente guerra, simboliza la autoexplotacion del individuo y, en consecuencia, el cansancio de la sociedad. Prometeo se traduce en esa figura que se vuelve presa de un cansancio infinito que termina abrazando al resto del tejido social.
Para Byung-Chul Han, la sociedad de hoy se caracteriza por una constelación de redes que aisla al sujeto del complejo mundo organizacional que le rodea y de su propia vida cotidiana. Es un clima basado en el individualismo y la desaparición de la otredad y la extrañeza, principios que reinaban en épocas anteriores. Estamos en presencia de una positivización del mundo que facilita la formación de nuevos esquemas de violencia en el sujeto y lo lleva a un estado de insensibilidad y escasez reflexiva en su estructura mental. Las redes sociales aniquilan su capacidad de leer y escribir para convertirlo en un ser autómata.
De acuerdo al autor, la sociedad disciplinaria (hospitales, fábricas, escuelas, cárceles, entre otras instituciones), estudiada por Michel Foucault en el siglo pasado, ha dado paso a otro tipo de sociedad, la de rendimientos. Hoy es una sociedad de gimnasios, spas, walmarts, agencias bancarias sofisticadas, aviones, laboratorios genéticos y salas situacionales, donde se producen relaciones complejas que minan la esencia humana del individuo.
Ese sujeto del rendimiento es más productivo y rápido que el de la sociedad disciplinaria, basado más en la obediencia. Sin embargo, el poder no desaparece y el sujeto del rendimiento sigue disciplinado para rendir más. Se le exige tanto que termina exhausto, sin capacidad de reponer sus energías y pierde su esencia humana. No tiene tiempo para relacionarse con su entorno familiar y solo responde a cumplir con sus papeles como “homo faber”, el ser dedicado a producir.
Es alli donde entra en una etapa de depresión que es la expresión patológica del fracaso del hombre y su falta de vínculos familiares. Es el nuevo sujeto que emerge, indefenso, enfermo y explotado así mismo. Un ser no soberano que es, al mismo tiempo, verdugo y víctima. Aún estamos a tiempo de liberar a ese Prometeo de la sociedad del cansancio para que contribuya a la otredad y a un mundo más humanista.
Politólogo, periodista y profesor titular de la UDO.

