pancarta sol scaled

Simón García: II. Sanz, ideas en transición

Compartir

 

En la Instalación de la Academia de Derecho Público y Español en 1790, Sanz abre su discurso con elogios, más allá de la rutina protocolar, a los monarcas del lejano imperio: En esta augusta Asamblea, bajo el amparo de nuestro invicto Monarca Carlos III, de gloriosa memoria, y la protección de su digno sucesor…

Había elegido la fidelidad al Rey porque la legitimidad de éste era expresión de la voluntad de Dios.

Esta creencia convertida impunemente, durante tres siglos, en condicionamiento mental, impedía que Sanz viera que aquel “monarca invencible”, al mismo tiempo que autoriza la modernización de la Universidad, le quita los recursos para hacerlo.

Apenas dos años antes del discurso de Sanz, mediante Real Cédula emitida el mes de mayo, reduce drásticamente los ingresos asignados a la Universidad provenientes de la confiscación de bienes a los jesuitas.  La medida queda como la primera, nada gloriosa asfixia económica a la Universidad, centro de aprendizaje y saberes.

Sans inaugura en su casa el primer establecimiento privado de carácter universitario para perfeccionar la formación teórico práctica en Derecho Público y en dos ramas del Derecho español, el de Castilla y el de Indias.

En esa ocasión Sanz expone sus ideas sobre la función social del Derecho y el papel de los abogados. Una disertación que anticipa, con algunos destellos conceptuales, el proceso de transición de la idea del Derecho como estructura jurídica colonial a la visión independentista.

La obediencia a la Ley comienza su mudanza de la misión de sustentar el dominio de la monarquía a ser un factor de impulso a una nueva forma de entender y sentir a la patria desde lo territorial.

El nuevo Mundo de Hispanoamérica comienza a dejar de ser la extensión del dominio español y reflejo apocado de un modelo externo en declinación.

Las ideas que comienzan a forjarse en los finales del ochocientos, emprenden un recorrido inverso que redescubre ante Europa rutas políticas novedosas hacia otro orden político.

Emerge una generación, de la cual forma parte Sanz, que tiene frente a sí desafíos, temas y problemas, prácticos, intelectuales y morales contenidos en una transición que exige, también desde la realidad social y económica, pasar de colonia a nación.

Persistencia del pasado en la revolución del presente

No todo es tumulto, verbo encendido, ruptura y extremismo en la lucha por vencer al despotismo.

Sans es el emblema de una posición racional, aúncuando acompañe a una postura radical, que siempre se apega al objetivo cívico de conquistar la libertad con solidez más que con rapidez.

Sanz sostenía que “era desigual la lucha porque la luz no podía, sino despacio y con mucho trabajo, romper y disipar la espesa niebla de las habitudes, preocupaciones y falsas ideas…”.

En consecuencia, Sanz prefiere apelar, hasta donde pueda, a la moderación como la mejor actitud para desarmar la violencia y la opresión de los tiranos.

Es un hombre formado en una cultura y unos valores que vienen del pasado y que él revierte en bases para construir, convenientemente, los caminos hacia el futuro.

Miguel José Sanz asume la aspiración republicana como innovación, construcción, aporte y demostración de que consolidar la República proporcionará una mejor situación en todos los órdenes de la vida.

En Derecho Sanz preservó formas, procedimientos y garantías; pero llenó de nuevos significados a ideas como soberanía, legitimidad, justicia o patriotismo.

Miguel José Sanz desata la servidumbre del Derecho a las pautas teológicas y lo define como “…una Ciencia, alma de las naciones y freno de los vicios humanos.”.

Subraya la consecuencia de objetividad e igualdad al desplazar la función de legitimación y control del imperio español por la misión de producir ideas y doctrinas jurídicas que contribuyan a hacer útiles, productivas y libres tanto a las personas como a la sociedad.

¿Contradicciones o rectificaciones?

Las reglas orientadas al mérito llevan a Sanz a premiar en la Academia el talento de Roscio. Pero las reglas orientadas a las costumbres del pasado lo llevan a oponerse activamente al ingreso de Roscio al Colegio de abogados de Caracas.

Sanz forma parte de la Comisión que investiga a Roscio por carecer de pureza de sangre y se aferra a probar el delito de ocultamiento de esta situación por parte de Roscio. Pero en el fondo, lo que se castiga es el atrevimiento de Roscío de pensar contra la caja de ideas de los mantuanos.

Hay una segunda oportunidad en la cual el severo Sanz muestra labilidad. Entre 1810 y 1811 predica el principio de separación de poderes, defiende un sistema de contrapesos entre ellos, así como la existencia de una autónoma y vigilante opinión pública.

Pero en 1813 se suma a los partidarios de vulnerar esos principios republicanos con el argumento que no se podían aplicar mientras el establecimiento de la República estuviera impedido por una guerra contra ella.

Sanz es partidario de concederle a Bolívar poderes dictatoriales como reposición de los que se le dieron a Miranda en la primera República. Los peligros y amenaza reales eran similares. Y el orden interrumpido por Monteverde debía ser restablecido, incluyendo la continuación del Congreso. Pero no fue así.

El pensador republicano retrocede ante el argumento autoritario de una suspensión temporal frente a la “…absoluta necesidad de que el Estado se gobernase dictatorialmente mientras durase la guerra…”.

Esa justificación  siempre será indicada por los dictadores para suspender derechos y retornar a la concentración despótica del poder.

La opinión de Miguel José Sanz se hace pública el 28 de octubre de 1813 en la Gaceta de Caracas.

En carta a Antonio Muñoz Tébar del 26 de septiembre del mismo año, ante la evidente contradicción en sus posiciones, reconoce que es una rectificación en sus ideas.

Exclusiones y rivalidades

Pragmatismo ataja principios ante un fin superior que se aleja cada vez que está muy cerca. Pero se repite la misma promesa porque mantiene encendido el entusiasmo.

Sanz escribe “Antes de pensar en el restablecimiento del gobierno representativo, deben expelerse los enemigos exteriores, deben aniquilarse los interiores; deben liquidarse las falsas ideas y resabios que introdujo el terremoto y protegió cuidadosamente Monteverde por medio de sus satélites…”. Una posición de enfrentamiento excluyente al que invitaban los hechos del momento.

Rodeados de precipicios, Sanz y los próceres civiles empeñados en hacer realidad la dorada utopía de la República, se interrogaban sobre cómo llegar a la cima.

Frente a la perspectiva de una segunda derrota en la creación de la república, esta vez en manos del Libertador, muchos comienzan a encontrar en la ausencia de un fuerte poder Ejecutivo,  en la demora de las consultas y en convocar elecciones  la principal causa de la perdida de la Primera República. No quieren volver a fracasar por ignorancia de esos errores.

Y se acepta la paradoja: la ausencia de libertad es temporalmente necesaria para lograr la independencia.

 

Traducción »