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Adolfo P. Salgueiro: Giorgia Meloni, adalid de los valores de Occidente

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En 1993  la revista especializada Foreign Affairs  publicó  un importante artículo  del profesor norteamericano  Samuel Huntington de la Universidad de Harvard, que fue posteriormente desarrollado por el mismo autor en el famoso libro de 1996  Clash of Civilizations and Remaking of World Order, en el cual expone -con gran clarividencia- la tesis de que el próximo gran conflicto mundial vendría dado no tanto por las ideologías sino por la lucha de civilizaciones cuyos actores serían la civilización occidental judeocristiana por un lado y la china o  islámica por el otro. Parece que no le faltó razón en la medida que en el mundo de hoy son esos los ejes de la confrontación, aún pacífica, aunque en lo más inmediato pareciera que es el islam el que ofrece los mayores retos frente a Occidente en términos civilizatorios.

En aquel momento, muchos de quienes integramos el mundo académico -me incluyo- acogimos aquella tesis, que además venía validada por la historia de la humanidad, que repetidamente había protagonizado importantes cambios de paradigmas -violentos o no- como resultado de la confrontación entre culturas como el habido entre la greco-romana y la irrupción de la  judeo-cristiana,  o la árabe en Iberia, o las Cruzadas, etc.

Algo parecido ocurrió con el encuentro entre las culturas  europeo/española e indígena que resultó en la casi completa extinción de esta última y la imposición, voluntaria o no,  de los valores del conquistador. Igual en África y Oceanía, donde los cambios ocurrieron con considerable derramamiento de sangre.

Hoy existen visiones y contradicciones internas y externas de suficiente complejidad que no dejan de exhibirse cada vez con mayor fuerza y dan pie para las tensiones existentes.

Lo anterior no contradice ni invalida en forma alguna el derecho que cada sociedad tiene de defender el mantenimiento de sus valores con el mismo grado de resistencia que otras culturas utilizaron para defender  los suyos, a veces con éxito y otras no.

Es en esta parte donde la reflexión que precede conecta con el título de este artículo. Los valores de Occidente  hoy están siendo puestos a prueba y por ello nosotros, occidentales, tenemos el derecho a resistir el cambio que, como resultado de las nuevas realidades, nos acecha todos los días, cada vz con mayor velocidad y no siempre con violencia  visible sino con otros ardides.

Es por ello que resulta de alta conveniencia tener en cuenta el discurso pronunciado, en perfecto español, por la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, en un multitudinario acto convocado por el partido político español Vox. Dura  apenas 17 minutos. Las razones que ella encuentra -y millones suscribimos-  para defender los valores de nuestra cultura occidental ante los avances, no siempre pacíficos, del islam que -quiérase o no- está avanzando velozmente en Europa y extendiéndose en nuestro propio continente americano, teniendo a Venezuela como punto clave de lanzamiento.

Meloni, en encendido discurso, proclamó su identidad en estos términos: “Yo soy Giorgia, mujer, cristiana, occidental europea, madre… y esto no me lo puede quitar nadie”. En términos personales, este articulista proclama con igual convicción la identidad: “Yo soy Adolfo, varón, cristiano, occidental, padre, latinoamericano, enamorado de la libertad y esto no me lo puede quitar nadie.”

Con genuina humildad reconocemos que hasta no hace mucho fuimos entusiastas militantes de la idea de que los valores podrían variar con el tiempo, pero la dinámica actual nos ha convencido de que  hoy, a la hora de las chiquitas, los principios fundacionales que moldean nuestra cultura (libertad, dignidad del hombre, derechos humanos, etc.) merecen ser defendidos de manera no violenta, de ser posible, aunque a veces puedan resultar “políticamente incorrectos” sin caer en las gríngolas de  nacionalismos enfermizos ni de interpretaciones extremas como la que aprueba destruir las estatuas de Colón, o exigir disculpas a España por la colonización y sus excesos,  ni a la Iglesia Católica por la evangelización que en decisiva proporción moldea nuestra identidad latinoamericana

Hoy día la  libertad religiosa, de pensamiento y de expresión, derechos humanos, igualdad y respeto a  la mujer, etc. merecen ser defendidos, con confrontación si fuere necesario, sabiendo  que abdicar de los mismos es rendirnos a interpretaciones que no son compatibles con nuestros valores fundamentales.

Nota: el discurso de Giorgia Meloni , en perfecto español, merece ser oído más que leído para poder absorber con mayor  sabor  los sentimientos expresados con el énfasis, seguridad y convicción de una nueva gran estadista convertida en custodia de valores e identidades irrenunciables que merecen ser defendidos.

 

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