Recientemente se efectuó, con buen término, hay que manifestarlo, porque ahora en Venezuela las elecciones no son sinónimo de triunfo reconocido y entrega del poder a quien gana; se efectuó, indicaba, la elección en la Federación de Centros Universitarios de La Universidad de Los Andes. Con resultados provechosos, ejemplares. Dignos del mayor reconocimiento universitario.
Pero no solo ocurrió ese magnífico hecho, sino que también en el Consejo Universitario presentaron y avanzaron hacia la consolidación del reglamento electoral, ajustado y vuelto a ajustar, después de la parálisis por impugnación de ya sabemos quiénes, con un solo propósito: elecciones rectorales. En palabras del rector Mario Bonuci, quien, me consta, no ha parado de insistir con acciones concretas sobre el tema: “En 15 días tendremos nuevo reglamento transitorio. Vamos rumbo, de nuevo, a hacer elecciones”. Extraordinario.
Porque parte sustancial del acabamiento universitario impuesto desde el poder ha sido, lo sabemos, evitar la renovación de autoridades, evitar dinamizar más las universidades, en procura de matarlas políticamente, de quitarles parte sustancial de su elemento de rebeldía y cambio. Ahí lo vemos en la Universidad Simón Bolívar: impuestos tozudos, paralizantes, acabadores, con una gestión mediocre a más no poder. Tanto así que desde la Asociación de Profesores les hemos solicitado la renuncia, clamor de toda la comunidad, para que se facilite así el llamado a un proceso electoral. Esto sin respuesta, claro.
Y así faltan en las demás universidades, distintas a la UCV y la UNET, sus procesos de renovación. Por no hablar de las intervenidas directamente, donde no solo no han llamado a procesos electorales, sino que luce como que se las apropiaron definitivamente. Inaceptable. Situación que debe acabar de inmediato. Universidades como la Francisco de Miranda, la Rómulo Gallegos o la Simón Rodríguez deben volver al ruedo electoral, al ruedo autonómico cuanto antes.
Ni hablar del descalabro que ocurre en estos momentos en la Universidad de Carabobo. Todo un escándalo público permanente, una continua lesión institucional indeseada, provocada, precisamente por el tan largo retraso en las debidas elecciones que hubieran evitado hace años estos daños a la imagen y al funcionamiento adecuado de tan reconocida y querida universidad.
En fin, si no queremos ver la destrucción definitiva de nuestras instituciones, es cada día más urgente que todos nos enfoquemos, como la ULA, en la realización de las elecciones. No más anquilosamiento nocivo es lo que se impone como resistencia al poder acabador. Estudiantes, autoridades y gremios y sindicatos, debemos alentar ese enfoque en nuestras propias organizaciones, como la Fapuv, que pasa de veinte años de su última ” renovación”, pero también en los rectorados. No queremos universidades muertas, cuanto se requieren más vivas que nunca. Gloria a la ULA.

