Si en la vida hay cosas tristes. Superarlas requiere de duelo, dolor, perdón y hasta el olvido. Sin embargo, por mi experiencia les comento, que a veces enterramos en lo más profundo de nuestra mente momentos dolorosos. No queremos recordarlos más. Tal vez, al recordar, volvemos a vivir lo que pasó. ¿Quién quiere recordar la tristeza y el dolor que le ha producido un acto de envidia? Menos todavía a las personas responsables del daño. No obstante, resulta interesante, analizar los hechos, las situaciones, (así las llamó Sartre) para hacerse fuerte y aprender a manejar las emociones. Repentinamente, aparecen y de alguna manera asaltan nuestros recuerdos, para revolcarnos existencialmente. Las historias, los hechos están allí presentes, sirven para conformar la estructura de la personalidad que se tiene actualmente. Sufrir es desagradable, pero hay que tener en cuenta que el humano es dado a quedarse sin impulso, sin deseo de crecimiento, para eso, sirve el dolor. La tristeza es crecedora. Sin embargo, no podemos quedarnos en ella. Sentimos dolor, lloramos, suspiramos. Luego nos decidimos: hay que seguir adelante. Secarse las lágrimas, buscar la solución del problema, encarar lo que se debe y afrontar los hechos. En el camino se acaba la ingenuidad, la certeza y en muchos casos la confianza, sin embargo continuamos con la vida, ahora con ese triste aprendizaje.
Entendamos que, las emociones, tienen su corelato, para cada emoción hay una respuesta. En el caso de la tristeza, el llanto, el dolor, hay que superarlo.En efecto, los duelos, las pérdidas hay que llorarlas. No hacerlo resulta peligroso, de lo contrario es fácil deprimirse, enfermarse y no seguir adelante. En ese momento la inteligencia tiene que activarse para encontrar la solución y permitir que la vida continue, con posibilidades positivas, con acciones concretas. Lamentable, revivir anécdotas e historias pasadas llenas de envidia y rencor. Al perdonar quedan borradas, ubicadas en el pasado, reciente o lejano. Finalmente, crecer es un desafío. Alcanzar las metas propuestas, un reto. Saber que se encontrarán barreras en el camino, superarlas y seguir adelante. Algunas son muros, hay que brincarlos; otras, son resbalozas que nos impiden avanzar y hay que solidificar para superarlas; todavía hay otras que son gelatinosas: se puede una hundir en ellas y ya no te salvas, ni alcanzas lo que te has propuesto. ¡Ah la vida y el humano! ¡Que cantidad de dificultades, dudas, certezas, amores, odios, envidias e intrígas se deben atravesar! No obstante la vida y su camino azaroso es lo que tenemos que transitar.
¿Por qué y para qué, este largo preámbulo sobre la tristeza, la vida, sus luchas y demás? Fuí afortunada oradora de orden en el 79 aniversario de la muy querida Facultad de Humanidades y Educación, de la amada Universidad Central de Venezuela. Soy periodista-comunicóloga, lo que me hace muy felíz. No podía dejar de lado lo que han sido mis vivencias por más de 60 años. Sin embargo, al recordar la historia, también aparecieron “fantasmas del pasado”, del mio, obviamente y los de la escuela, básicamente. ¿Imaginan lo triste que resulta darse cuenta más de 50 años después: hay y hubo gente tan mala y envidiosa, en medio de la academia, que fueron capaces de inventar, lo que llamo “intrigas de telenovelas”?Así fue. Lo lamento,ocurrió en medio de gente inteligente, culta y preparada. Tuve que pelear y sobrevivir a esas maldades e intrigas inventadas para sacarme de la vida universitaria. Tengo que reconocer, hubo gente decente que se acercaron, reconocieron el inmenso error, la canallada y la estupidez que cometieron aquellas personas. El gran Decano que fue el Dr. Miguel Acosta Saygnes, me escuchó con atención, revisó todo el papeleo a consciencia y se dio cuenta de mi ingenuidad, inocencia y buena Fe, además de la falsedad de la acusación, hecha, esa si con maldad e intriga, en aquél momento, ¡Dios lo tenga en el CIELO!
Pretendieron inventar que yo había plagiado un texto. El que aparecia en el folleto era de mi padre, muerto 3 años antes. (QEPD) La ausencia del nombre de la profesora, una omisión involuntaria, en la que yo no tenia nada que ver. Un problema de impresión ocasionó la confusión. Los personajes, todos docentes (¿cómo fue posible?) nocivos en la vida universitaria, pretendieron utilizar el error en mí contra. Segui adelante. Logré perdonarlos. Había olvidado los hechos, había enterrado esos recuerdos. Al escribir las palabras para el aniversario de la Facultad, todo apareció como una película. Sentí piedad por aquella joven ingenua, llena de ilusiones, quien no podía creer: personas, a quienes consideraba, colegas, compañeros de trabajo y algunos amigos, habían tramado semejante intriga para descalificarla. Por fortuna, el odio y el resentimiento no se instalaron en mi corazón. No fui, ni soy una amargada. Me considero, estricta y rigurosa en el cumplimiento del trabajo, en las clases, en la ética personal y profesional, para cumplir con los postulados que desde el hogar me enseñaron. ¿Por qué y para qué lo narro? Pienso en los jóvenes, preparados, amantes del conocimiento y la ivestigación en la UCV que se esfuerzan diariamente por lograr la excelencia.Siguen existiendo ese tipo de gente. Estar atentos, ¡por favor! Con la experiencia de la ancianidad, la envidia, la descalificación y la intriga, no han desaparecido. ¡Por favor preparase para lo peor, esperándo lo mejor!
¡Dios nos ampare!

